Pasqual Maragall intenta cada noche llegar a casa de sus nietos para contarles un cuento. Que un presidente tenga esa misión como prioridad al anochecer le honra y le hace más humano. Todos queremos un president de cabello cano que sepa contar cuentos.Es bueno. Sano. Pero esa imagen tan idílica que impone normalmente Maragall la supera y la convierte en un esperpento.
¿Tú crees que a Maragall le interesa a estas alturas la política?, me preguntaba un pequeño empresario hotelero, además de buen amigo esta Semana Santa. Creo que Maragall es un hombre muy interesado por la política. También un hombre sabio, pero que, llegado al punto en el que ha llegado su carrera política, prefiere leerles un cuento a sus nietos que aguantar en un despacho del Palau de la Generalitat los aguaceros políticos.
Así, este lunes de Pascua, entre huevos de mona y nietos, decidió que había llegado el momento para dar una vuelta al Gobierno.Es posible que hasta un nieto le dijera: «Avi, si no t'agradant, fora». Entiendo perfectamente que un abuelo le haga caso a su nieto en aspectos de alta política. No hay nada como la sencillez para resolver grandes problemas. Y lo escribo absolutamente en serio. Pero puede que el nieto de Maragall acertara en la conclusión, aunque no en el momento. Ya se sabe: los adultos acostumbran a dejar para después aquello que desagrada. Pero hasta en eso a veces se acierta.
Maragall consideró oportuno abrir la crisis de gobierno el lunes de Pascua. Pero su tiempo de duración debía ser reducido. Durante la noche fatídica hablé con uno de sus colaboradores más cercanos.Me aseguró que en una hora los consellers iban a estar nombrados.Eran las doce de la noche y aquello se dirimió el día después, a las dos del mediodía, en una comparecencia sin preguntas.
La estrategia que había diseñado Maragall era buena para sus intereses. El y su entorno pasan un mal momento en su relación con Zapatero, y de rebote con las fuerza vivas del PSC y Montilla.La jugada era la siguiente. Eliminar a los consellers socialistas cercanos a José Montilla, eliminar a Joan Carretero, cabeza que no pudo cortar antes de Semana Santa y de la que se había quedado con ganas, y buscar sustituto a Salvador Milà, del que recibía demasiadas protestas del sector empresarial. Por otro lado, dejar claro, de acuerdo con Esquerra, que el tripartito tenía una gran vida, tanta como esta legislatura. Ahuyentada la gente de Montilla de la plaza Sant Jaume y pactada la marcha de Carretero que había provocado una desestabilización antes de las fiestas, la carretera del futuro Gobierno sería ancha y segura.
Su primer error fue de cálculo. ERC quería tomarse un tiempo para mostrar el peso importante que tiene gobernando. La sorpresa apareció la tarde del miércoles cuando el president llamó a Josep Bargalló para avisarle de que había comenzado el cambio de fichas y lo único que tenía que hacer ERC era dar los nombres de las dos personas que iban a sustituir a Joan Carretero y Carles Solà.Lo mismo hizo con Joan Saura, para el cargo de Milà. Las dos fuerzas políticas optaron por enrocarse.
Lo que tenía que durar unas horas, duró un día, y todavía hoy, Diada de Sant Jordi, crujen las paredes del Saló Sant Jordi, espacio donde salen a hablar en la intimidad Bargalló y Saura, cuando la silla no da para más.
La moneda caliente todavía no la tenía sobre la mesa Maragall.Su nombre iba a ser Xavier Vendrell. No hay peor dardo envenenado.La decisión de ERC de situarlo en la conselleria de Carretero vuelve a colocar a Maragall en una situación débil. Básicamente porque ha colocado en el departamento de los funcionarios al mismo hombre que ha sido el recaudador de una de las mejores fuentes de ingresos de los últimos tiempos de ERC. Además, investigado por ello por la Fiscalía. Todo ha vuelto a situar a Maragall en una presumible cuerda floja. Y digo presumible, porque Maragall no es o no quiere ser consciente de los peligros que supone.
Las consignas del tripartito muestran a un Gobierno más fuerte que nunca. Pero algo no encaja. No es normal que el día de la toma de posesión el conseller de Governació anuncie ya su decisión de tomar medidas judiciales en contra de los que le acusan de recaudar dinero para su partido a través de los contratados por la Generalitat. Tampoco es normal que el primer secretario del partido más importante de este Gobierno, José Montilla, asegure que si fuera por el PSC, Vendrell no sería conseller.
La realidad vuelve a superar los cuentos que Maragall debe contar a sus nietos. Dice la canción infantil que «el lleó no em fa por, pam i pipa». Pero esa misma canción acaba con un mordisco.Maragall parece no temer sus decisiones. Como si las consecuencias no fueran con él. Como si todo se tratara de un cuento contado a sus nietos, donde al final siempre aparece el bueno solucionando los problemas. Los pilares de Estatut, débiles de nacimiento, no soportarán mucho más la presión que imprime un gobierno que siempre nace con la torpeza de los que entran en una cristalería con esquís.
alex.salmon@elmundo.es

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