El chisme reina en las principales cadenas de televisión, y para que el mundo del cotilleo aguante tiene que contar con unos cuantos personajes de colmillo retorcido y algo de cara dura. Los asuntos más exprimidos de la temporada son: la enfermedad de Rocío Jurado, la muerte de Rocío Dúrcal, las historias de Encarna Sánchez, la entrevista de Paquirrín y los flecos de La cocina del infierno con el desnudo de Bárbara Rey y los avatares de Bienvenida Pérez y su madre.
Estos temas intrascendentes, pero bastante enrevesados, superan con mucho la audiencia de las entrevistas con Felipe González en TVE o la de Teresa Fernández de la Vega a cargo de Iñaki Gabilondo en la Cuatro, que resultaron soporíferas. Si alguna ventaja tienen los programas del corazón es que cuentan con la participación de periodistas intrigantes y hasta rabiosos que animan el cotarro.En Antena 3 interviene María Patiño, que no admite descripción sobre sus gestos, y Lydia Lozano que lo hace gritando en Telecinco, donde se dedica especialmente a enfrentarse con Bienvenida Pérez.Antiguas deudas pendientes y un poco de teatro hacen que se estire la disputa para rellenar horas sin cuento.

Dejando a un lado a Jorge Javier Vázquez, que no da puntada sin hilo en su Tomate, se ha destapado en estos días Diego Arrabal en A tu lado de Telecinco a propósito de la exhumación de historias relacionadas con Encarna Sánchez. Este malagueño, que tiene cara de malo, aporta munición a cualquier tema que trate de Encarna Sánchez, lo que permite a la cadena poner una y otra vez cuatro fotos de la famosa locutora. Una con un micrófono en el que se lee claramente Cope, otra con Aznar, y un par con José María García y Juan Pardo. Todas en contexto negativo, como si estuvieran fabricando mensajes subliminales de peseta en contra de la cadena de radio donde trabajó Encarna Sánchez o del presidente del Partido Popular.

Una de las cualidades estrambóticas de estos programas amarillos y rosas es que las malvadillas de turno reprochan, ora a Isabel Pantoja, ora a Bienvenida Pérez que no son buenas madres o hijas, arrogándose el papel de justicieras de una moral de la que suelen carecer los programas en los que trabajan, dedicados a sacar jugo de las vidas que se ponen a tiro.

Tampoco se privan los defensores del mundo gay de meterse con el posible lesbianismo de cantantes o de acudir a los novios de Juan Gabriel o Camilo Sexto para introducir algo de morbo en la sobremesa o las noches del fin de semana. Si en las series de ficción el spin off es la manera en la que se denominan las derivaciones dramáticas a partir de un personaje, en el mundo del corazón no paran de crecer ramas que riegan un batallón de malvadas de pequeño calado que no cesan de dar lecciones a voces en nombre del derecho a la libertad de expresión. Que no nos falte este derecho fundamental, aunque sea para comprobar toda la impostura y, a veces, la mala intención de supuestos informadores.