Daniel Estulin es el enemigo número uno del gobierno mundial secreto, de David Gistau en El Mundo
EL PLANETA DE LOS SIMIOS
Daniel Estulin jamás entra en un ascensor sin calibrar primero la dureza del suelo: «Los ciegos siempre lo hacen. Pero nosotros no. Damos por hecho que el suelo estará ahí y entramos sin comprobar.Muchas de las muertes aparentemente accidentales de personas que cayeron por el hueco del ascensor fueron en realidad ejecuciones de la Mafia o de algún servicio secreto».
Daniel no siempre tuvo miedo de los ascensores. Empezó a temerlos en 1996. En Toronto. Cuando, disponiéndose a descender desde la planta alta de un edificio inteligente, de uno de esos termiteros de oficinistas en los que de nada cabría asustarse salvo del café de máquina, alguien le sujetó del hombro cuando iba a entrar en el ascensor sin comprobar. No había suelo. Está convencido de que ése fue el primero de los tres intentos de asesinato que ha sufrido por parte de la CIA para silenciar su obsesiva investigación de 13 años sobre el Club Bilderberg.
Investigación ya sintetizada en La verdadera historia del Club Bilderberg, un libro encaramado a las listas de ventas de 25 países que desnuda la naturaleza conspirativa de esa suerte de gobierno mundial en la sombra que mediante reuniones anuales, siempre ignoradas por el periodismo y siempre colindantes con la del G-8, decide los acontecimientos y los movimientos de mercado que forjarán el porvenir de la aldea global. Guerras incluidas.Sobre todo guerras:
«Les encantan las guerras. Ganan mucho dinero con ellas». Impulsado por Rockefeller y fundado en 1954, el Club Bilderberg sería el corazón de una confluencia de sociedades secretas entre las cuales estaría la Skulls & Bones a la que pertenecen George Bush, John Kerry, Bill Clinton y buena parte de la casta patricia de los Estados Unidos: «Ni republicanos ni demócratas -dice Daniel-.Las elecciones americanas siempre las ganan los Skulls», que captan e inician a sus miembros en las universidades de prestigio donde se fabrica a los líderes del futuro.
La aspiración de Bilderberg sería la de ejercer un dominio global en lo empresarial, lo financiero y lo político, convirtiendo las diferentes elecciones democráticas en meras anécdotas que no afectarían jamás a una forma de poder definitiva. También controlaría lo mediático: de ahí, según Daniel, que jamás se hable del Club, y que pasen desapercibidas reuniones en las que se juntan jefes de Estado, miembros de familias reales, presidentes de las grandes corporaciones y primeros ministros que, prácticamente, acudirían a recibir órdenes o a escuchar cómo ha sido decidido su relevo.
En ese sentido, a la reunión del pasado año, que tuvo lugar en el Sofitel de Röttach-Egern (Baviera), con custodia extraordinaria de fuerzas especiales de cinco naciones diferentes, habrían asistido tanto Angela Merkel como Gerard Schröder para enterarse ahí de cuál de los dos iba a gobernar.
El Club tendría un núcleo duro de unos 75 miembros estables, más otros 50 esporádicos que cada año recibirían una invitación para la reunión en función de las estrategias programadas o de quién ocupe un poder cíclico. Según Estulin, en la última reunión habrían estado Joaquín Almunia y Miguel Sebastián, el asesor económico del presidente español. Todos los cargos de influencia universal, desde el FMI hasta el Banco Mundial pasando por la ONU, serían aprobados o decididos por los bilderbergers.
La imperfección ¿casual? del ascensor de Toronto coincidió con una información obtenida en exclusiva por Estulin que provocó en Canadá manifestaciones multitudinarias del estilo queremos saber. Los bilderbergers, reunidos aquel año en King City, ciudad limítrofe con Toronto, habrían decidido impulsar, según Daniel, el Proyecto Gran Canal: un intento de fusionar los Estados Unidos y la Canadá anglófona en un país y un solo mercado energético, favoreciendo primero la secesión de Quebec para purgar los elementos francófonos mediante pactos de gobierno con los nacionalistas semejantes a los que se cocinan en Cataluña.
La exclusiva revelada por Estulin, que le convirtió en uno de los periodistas de investigación más entrevistados y valorados en los Estados Unidos, habría aplazado, que no cancelado, el proyecto. Y además habría ubicado su nombre en un lugar principal de varias listas de la muerte. Ante esto, como ante todas las demás informaciones más o menos asombrosas que maneja, Estulin dice que sólo hay dos opciones: «Creerme. O creer a los medios de comunicación, vinculados a Bilderberg, que intentan hacerme pasar por una especie de chiflado que inventa delirantes teorías de la conspiración».
Daniel Estulin es ruso y nieto de un coronel del KGB cuya reputación perdura entre los veteranos del servicio secreto soviético: «Por eso vivo en España. Porque aquí se instalaron después de la caída del Muro muchísimos veteranos que de alguna forma me protegen.A la CIA le resulta mucho más difícil alcanzarme aquí que cuando vivía en los Estados Unidos. Eso no impide que tenga todos los teléfonos pinchados y que alguna vez hayan entrado en mi casa buscando documentos. Lo que es inútil, porque los documentos que probarían en cualquier juicio que lo que digo es verdad están guardados en una cuenta secreta en Suiza».
Acude al encuentro muy maqueado con camisa vistosa, coleta y algún brillo de Dolce&Gabanna. Acaba de recibir en un courrier urgente de UPS documentación sensible sacada de Estados Unidos por algún miembro del servicio secreto: «Dependo absolutamente de mis fuentes de información. Me las he trabajado durante 13 años, y son excelentes. Has de saber que en todos los servicios secretos, incluso los más turbios, hay siempre patriotas que se sienten obligados a informar de los excesos de su gobierno a quien tenga valor de publicarlos».
Uno de los fajos tiene incluida en el título una palabra de rabiosa actualidad: Irán. «Esa guerra ya está decidida. De hecho, ya tendría que haber empezado. Pero los bilderbergers decidieron aplazarla para hacer frente al Katrina y a los problemas de guerra encallada en Irak. Pero empezará este mismo año o a principios del próximo. Antes, el precio del petróleo subirá hasta 150 dólares el barril».
Otra guerra que sufrió un aplazamiento fue la de Irak, que, por cierto, impuso no pocas disensiones en el seno de Bilderberg por culpa de la contestación popular: «Son unos obsesos de la discreción. Lo que más temen es que los pueblos hagan una causa común de protesta y se planteen preguntas, como ocurrió con Irak».Por eso, en la reunión de 2002, en el estado de Virginia, Donald Rumsfeld habría sido conminado a postergar hasta marzo de 2003 una invasión que estaba decidida para octubre de 2002. Según Daniel, las guerras de Afganistán y de Irak, como la próxima de Irán, estarían vinculadas a una estrategia global urdida por Bilderberg para hacerse con las fuentes de energía justo cuando las previsiones advierten de que «queda petróleo para 20 o 30 años. Esto preocupa a Bilderberg. Y si ellos están preocupados, nosotros deberíamos estar acojonados. Para poder llevar a cabo esta campaña militar que aún no ha acabado, ellos necesitaban un motivo, un Pearl Harbour. Fue el 11-S, en cuya trama participó Dick Cheney. Puedes creerme o no. Y pensar que estoy loco por decirlo. Pero esta teoría ya fue contada por Michael Ruppert en un libro, Cruzando el Rubicón, que Cheney se apresuró en secuestrar».
Que el lector decida cuál de las dos opciones elige para digerir la visión del mundo que tiene Daniel Estulin. Creerle o no. Pero él, también este año, seguirá rastreando cada reunión del Club Bilderberg para quebrantar sus códigos secretos. Tal es su insistencia, que asegura haber conseguido que en todos los aeropuertos la palabra terrorista ilustre su fotografía. Después de recibir la información, el año pasado, de que Alemania albergaría la reunión, intentó volar desde Madrid a Múnich. Tardó 14 horas en llegar. Primero, el avión fue desviado a Milán, donde le esperaban para esposarle y someterle a un interrogatorio de cuatro horas.Sin cargo alguno.
Cuando por fin llegó a Alemania, la policía local repitió el interrogatorio y le dejó marchar con una advertencia: «Estarás vigilado en todo momento. Como se te ocurra tan sólo cruzar una calle con el semáforo en verde, acabarás en la cárcel». El mes que viene toca reunión del Club Bilderberg. Más que en cualquier otra época del año, Daniel Estulin comprueba los suelos de los ascensores antes de entrar.
