El presidente del Gobierno ha contactado con los dirigentes de CiU para que se incorpore al Ejecutivo central pero no puede garantizar que Maragall disuelva el Parlament cuando se lo pida el PSOE
La remodelación del Govern que ayer ejecutó el presidente de la Generalitat, Pasqual Maragall, ha sorprendido a propios y extraños, y amenaza con frustrar un eventual acuerdo entre el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zaparero, con la dirección de CiU para que la federación nacionalista sustituya a Esquerra en el Congreso como socio parlamentario de referencia del PSOE.
Hace unas semanas, Zapatero abría y cerraba su propia crisis de Gobierno en apenas seis horas. El presidente del Gobierno forzó la salida del ya ex ministro de Defensa, José Bono, para sustituirle por José Antonio Alonso. La baja de Alonso en Interior fue cubierta por Alfredo Pérez Rubalcaba, una vez concluida su misión de que la reforma del Estatut fuera aprobada por el Congreso con el máximo acuerdo.
La decisión de Zapatero, de nombrar ministro del Interior a Rubalcaba fue especialmente bien recibida por los nacionalistas catalanes de CiU. Rubalcaba fue el principal interlocutor del presidente de la federación catalana, Artur Mas, y de sus hombres en la negociación entre el PSOE y Convergència de la reforma del Estatut en el Congreso. En el último tramo de las negociaciones, y por encargo de Zapatero, el hoy ministro del Interior ofreció a CiU que se integrara en el Gobierno central.
Mas y los principales dirigentes de la federación se mostraron receptivos. Pero el núcleo duro de la ejecutiva nacionalista exige, antes de designar un ministro, que se celebren elecciones autonómicas en Cataluña. Los hombres de Mas manejan encuestas que les otorga la victoria electoral en el caso de elecciones en un horizonte cercano. Un pacto con Zapatero les garantizaría el apoyo parlamentario del PSC, lo que dejaría fuera del Govern tanto a Pasqual Maragall como a Esquerra Republicana. Aseguran que, a pesar de que Zapatero y el PSOE estarían encantados con una gran coalición de CiU con el PSC gobernara en Cataluña para no depender de ERC en pleno proceso de paz vasco, el presidente del Gobierno no puede garantizarles que Maragall disuelva el Parlament para satisfacer las necesidades del PSOE.
La dirección del PSC parece dividida ante la actitud presidencialista de Maragall, que ha dirigido en solitario las conversaciones que desembocaron en la remodelación del Govern de ayer. Todos los partidos catalanes sabían que la crisis abierta en marzo por el conseller de Governació saliente, el republicano Joan Carretero con sus críticas al Estatut y a Zapatero, Maragall había retomado el plan para reformar el Govern que el president tuvo que abandonar en octubre ante el plante de Esquerra y del propio PSC.
En realidad, fue el hombre de Montilla en Barcelona, el viceprimer secretario del PSC, Miquel Iceta, quien espoleó al president para que forzara a Carretero a rectificar. La intención de Montilla e Iceta era que Maragall obligara a rectificar a Carretero o le destituyera. Se trataba de que Esquerra recibiera un claro mensaje: si no iba a pedir el «sí» en el referéndum del Estatut, los republicanos saldrían del Govern.
Pero Maragall se salió del guión y aprovechó. Hace seis meses, el president consideraba que, concluida la fase parlamentaria catalana del Estatut, que finalizó el 30 de septiembre, había que dar un nuevo impulso al Ejecutivo para transmitir a la ciudadanía que había llegado el momento de gobernar. Pero los socialistas catalanes y los republicanos consideraban que el debate en el Congreso requería congelar el proyecto de Maragall. Cuando, el 30 de enero, Zapatero y Mas sellaron su pacto sobre el Estatut, Maragall se sintió traicionado.
Un alto dirigente de CiU asegura que la remodelación del Gobierno que ayer ejecutó Maragall responde a su necesidad de agotar la legislatura como única posibilidad de perpetuarse en el cargo gracias a la continuidad del propio tripartito y que el PSC «le deja hacer». Su empecinamiento en acabar la legislatura con el tripartito intacto haga lo que haga Esquerra irrita a más de un inquilino de la sede de la calle Nicaragua de Barcelona. Esa actitud le puede pasar factura. La dirección del PSC no ha manifestado precisamente entusiasmo ante la remodelación del Govern. Entre otras cosas porque no ha participado en el proceso. Los tres nuevos consellers socialistas, Ferran Mascarell, Jordi William Carnes y Jordi Valls, son hombres de la más absoluta confianza de Maragall.
La respuesta del PSC no podía ser más fría. Aunque Iceta acudió la noche del miércoles a Palau, fue el portavoz adjunto, Joan Ferran, quien valoró ayer la remodelación. Ni Montilla ni Iceta, ni ningún otro dirigente socialista ha salido a la palestra para defender a Maragall o al tripartito y mantienen un sonoro silencio sobre las posibilidades del president de presentarse a la reelección.La misión de salvar la continuidad del tripartito parece recaer exclusivamente sobre los hombros del propio Maragall.
Las conversaciones que Maragall mantuvo durante las vacaciones con algunos de los que hoy jurarán su cargo como conseller llegaron a oídos de Convergència, que recibió la noticia con cierta inquietud, por si podían frustrar los contactos que ellos mantenían en ese momento con Zapatero. De hecho, confiesan que les preocupaba la designación de los nuevos consellers socialistas porque son manifiestamente más competentes que sus predecesores. Sin embargo, aseguran que, al aceptar nombrar a Xavier Vendrell conseller de Governació i Administracions Públiques ha dinamitado su propia maniobra política.
Aunque Rubalcaba es ahora ministro del Interior, ayer recibió varias llamadas de sus interlocutores habituales en CiU. Quieren saber qué piensa Zapatero de la reforma del Gobierno catalán antes de ahondar más en sus negociaciones con él.

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