Benedicto XVI tuvo sus razones al arremeter contra Judas en el vía crucis celebrado en el Coliseo romano, tan regado por la sangre de mártires cristianos. Un ejemplo para las autoridades de hoy, que debieran efectuar repetidos rituales en las trágicas carreteras, pues la fe que suscita el automóvil representa otro movimiento popular que puede semejarse al del cristianismo en Roma, Dios es un coche y la ciudadanía muere por él.
La Iglesia tuerce el gesto ante ese papiro sobre el apóstol que fue traidor y que de pronto, debido a ello, sería un instrumento de la voluntad divina y por tanto el discípulo más importante de Jesús. Pero el documento no conlleva ningún dato histórico -el primero que existe sobre el Maestro es tardío y somero, de Flavio Josefo el año 93 del siglo I- ni responde a la teología cristiana que lo considera Dios, según los apologéticos y también tardíos Evangelios, que pudieron ser escritos hacia los años 60 y cuyo valor es sólo teológico. El evangelio de Judas sería de un siglo más tarde y respondería a la prédica gnóstica, en la que el ser humano se reduce a una bestezuela material e ignorante y Dios se alza en ente invisible, sabio y abstracto: "No es nada de lo que existe; siendo más allá del ser, es un No-Existente", dice un especialista en el tema, J. Montserrat Torrents, en su ficción El barquer dels déus (Universitat Autònoma de Barcelona). Todo lo cual niega la Iglesia esgrimiendo la Revelación, la Trinidad, la Encarnación. Además, surge una contradicción en el texto gnóstico de Judas: ¿cómo presentar a un tal omni-Dios conchabado con un pendejo mortal para burlarse de todos?
Aunque igualmente pueda expresarse cierta duda sobre la versión fijada por la Santa Sede. De una parte, si Jesús trata siempre muy mal a Judas y lo incita a la felonía, es que conoce lo que ocurrirá e incluso, según Juan en su evangelio, le moteja de "diablo", lo que puede significar un enemigo, un calumniador, pero ¡ojo!: según los gnósticos, el mundo fue creado por un malvado, el Demonio, vamos... Jesús, luego, espeta a Judas: "Lo que vas a hacer, hazlo". O sea, que habría un plan previo, cósmico, divino por necesidad. Lo que Pedro, nunca demasiado listo, corroborará en los Hechos de los Apóstoles, donde, pese a arremeter contra Judas sin compasión, lo haga insistiendo en la enigmática premisa mencionada: "Tenía que cumplirse lo que el Espíritu Santo había predicho en la Escritura". El Pontífice, pues, debe de estar inquieto con esas grietas del misterio. La ciencia hoy está más cerca del gnosticismo que de la Iglesia y los códigos Da Vinci gozan de más pasión popular que los Evangelios.

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