Hace pocas semanas escuchaba en una tertulia matinal la extrañeza por la inopinada ausencia de Zapatero a la cena oficial que la víspera habían ofrecido los Reyes a Kofi Annan. También especulaban, ligándolo a lo anterior, sobre la anunciada rueda de prensa que el presidente tenía anunciada para las diez de la mañana, poco rato después. La mayoría aventuraba que podría tratarse de una importante declaración sobre el alto el fuego de ETA; sólo uno dijo que podría ser una declaración sobre una remodelación de su Gabinete. Y así fue: una declaración breve, concisa, incontestada.

El pasado miércoles por la noche escucho por radio que Maragall anunciará en las próximas horas un cambio en el Gobierno de la Generalitat. Muestro un cierto escepticismo sobre que Maragall pueda imponer su criterio y mi mujer, persona sensata, me dice que esta vez no puede repetir el ridículo de hace unos meses y lo tendrá todo bien atado. A la mañana siguiente, sólo se conocen los cambios de la cuota socialista. Al mediodía, tras unas agitadas horas, se anuncia el cambio con una espectacular sorpresa: Vendrell sustituye a Carretero en la Conselleria de Governació. No quieres caldo, dos tazas.

Carretero era un seguro candidato a ser cesado por muchas razones, pero últimamente había añadido una más. Hace poco, en declaraciones a este periódico, se refirió al nuevo Estatut como "ese inmenso desastre". Si la intención de Maragall era mostrar mayor cohesión en el Gobierno cara al referéndum del Estatut, era evidente que Carretero sobraba. Pero Xavier Vendrell, el sustituto de Carretero, no sólo es la persona que en la dirección de Esquerra se ha mostrado más partidaria del no al Estatut, sino que es el responsable del envío de cartas a funcionarios y otro personal al servicio de la Generalitat, conminándoles a que ingresaran la cuota correspondiente a sus sueldos en las arcas de su partido, del que es responsable de organización y finanzas.

Es decir, a una persona que se le debía cesar cuando se tuvo conocimiento de esas cartas, ERC lo impone como conseller de Governació, el conseller de los funcionarios a los que él ha amenazado. Una persona, además, que durante días estuvo mostrando en la prensa, la radio y la televisión, que ignoraba totalmente cuál era el papel de la Administración pública en un Estado democrático de derecho. Pero ERC manda en este Gobierno.

Peor imposible. Lo dijo ayer Artur Mas. Quizás también Piqué. Seguro que, a la vez, lo pensaron y tal vez lo dijeron muchos catalanes, entre ellos la mayoría de consellers de Maragall y los dirigentes de todos los partidos. Pero así se hacen hoy en Catalunya las crisis de gobierno, así gobierna el tripartito y así se ha elaborado el nuevo Estatut, "ese inmenso desastre". Esos inmensos desastres.