La culpa la tiene Rafa Reig. En su último libro, Manual de literatura para caníbales, predice que la literatura española terminará en una contienda entre escritores («la guerra de las dos Marías»), divididos en dos bandos: los de Javier y los de Fernando Marías.Después de esa catástrofe, las novelas en vez de escribirse, se producen. Según Reig, yo seré el encargado de descripciones del extrarradio. Quizá por eso mismo, la librería que me había tocado en suerte en La Noche de los Libros estaba en Aluche.
Mientras bajaba del metro, pensé en que a esas horas Rafa Reig y el escritor venezolano Juan Carlos Méndez Guédez debían de estar iniciando su charla en el Café Central. Menudo chollo: hablar de la literatura como juego en medio de un ecosistema de whiskies y nubes de tabaco. A mí, en cambio, me tocaría bregar con una librería de barrio, Gomber, no podría fumar y tendría que conformarme con una copa de cava.
Al menos encontré una buena señal: la estatua de una niña lectora que se levanta a la salida del metro de Aluche. Cuando llegué, en Gomber había una pareja tocando música barroca. Le estreché la mano a Pedro, un librero de raza, y a un colega que también estaría firmando libros y que me duplicaba ampliamente en edad.«Francisco Azorín», leí en la portada de uno de sus libros, dedicado a leyendas y anécdotas del viejo Madrid. «Sí, me llamo Azorín.El otro Azorín es falso. Yo soy el Azorín verdadero. Y viceversa».Era un anciano afable que no aparentaba sus 90 años. Le pregunté cuál era el secreto para alcanzar esa edad con tanta energía.«No hacer ningún caso a los médicos». Luego echó un vistazo a mi último libro, La sangre y el ámbar, que narra un viaje por Polonia, y dijo que debería visitar la iglesia del barrio. «Todos los domingos, a las diez, hacen una misa en polaco. Vienen polacos de todo Madrid. Es el lugar ideal para vender su libro». Pero no vino ningún polaco. A cambio vinieron cuatro señoras. Va a ser verdad eso de que sólo las mujeres leen. Una de ellas, Teresita, le dio la razón a Reig: «Es que Polonia también es el extrarradio».

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