Las declaraciones de Zapatero al diario El Mundo no dejan de sorprendernos, y no sólo por las mentiras, atajos, arabescos, excusas y escapadas que hace para no decir la verdad, sino porque sus palabras ponen al descubierto su escasa convicción democrática. Se le ve el plumero cuando, ante la disyuntiva entre República o Monarquía, dice que prefiere la monarquía constitucional española a la V República francesa. Pues moi non. Ya quisiera el gato español lamer ese plato francés aunque sólo fuera en sus manjares o sus niveles democráticos y de libertades, sin olvidar la apología que sus ciudadanos hacen del prestigio y la unidad de la nación gala, mientras que aquí el PSOE y el Gobierno de Zapatero están dinamitando la nación española y reinventando la monarquía confederal española, algo que sólo se lleva en Gran Bretaña, pero únicamente en referencia a sus colonias de la Commonwealth.
Zapatero le hace la pelota al Rey, como a Otegi, Ibarretxe, Carod, Mas, Maragall, y a todo el que le baile el agua, le preste diputados y le otorgue medallas. Incluso a Pedro J. también le hace la pelota —aunque en privado presume ante los de Prisa de que lo mata a besos— y en la entrevista río del domingo de Resurrección se nos declara juancarlista, a la vez que este demócrata de medio pelo declara que no reconoce ninguna superioridad de la República sobre la Monarquía. Es decir, que prefiere que el jefe del Estado de un país democrático no sea elegido por sus ciudadanos, sino que sea el hijo o heredero de un rey.
Para colmo de su disparate, Zapatero justifica su posición con el siguiente razonamiento de orden filosófico: “Yo creo que hay que tener una ética práctica”, añade que él es un “observador privilegiado” de los últimos 25 años de Historia de España y se deshace en elogios de la monarquía como portador de valores nacionales —le faltó decir “valores eternos”— y concluye diciendo que “la Monarquía constitucional de 1978 funciona de maravilla”. Más adelante le dice a la infanta Leonor que no se preocupe por la reforma de la Constitución, porque no hay problema, ya está él sobre el asunto, y ya se sabe que lo constitucional a Zapatero le importa un bledo, por eso no quiere recurso previo, ni la menor consulta al Tribunal Constitucional, sobre el Estatuto catalán, por ejemplo.
O sea, que Zapatero también quiere matar a besos al Rey como a Pedro J., porque luego nos imaginamos que se irá a la bodeguiya con la pandilla de Moraleda, Javier de Paz, Rubalcaba, el picoleto y otros amigos a brindar con cava por la III República, tras haber hecho en el Senado el elogio de la II República, mientras les dice chuleándose: “¿os ha gustado?, a los del PP los tengo locos”.
En realidad locos tiene a los españoles, al PP, al PSOE, al Papa, a Estados Unidos, a los europeos y a todo el que se le acerca a menos de dos metros, porque tiene respuesta para todo y sin el menor pudor. Aunque lo que más me ha llamado la atención es su afirmación de que “hay que tener una ética práctica” es decir: inmoral. Porque la ética no puede tener calificación alguna. Sencillamente es ética o no es, como la Democracia cuando se dice eso de que la democracia española es joven porque sólo tiene 30 años. No es verdad, la Democracia no tiene edad, y en España lo que hay es una partitocracia en un sistema de monarquía parlamentaria, sin representatividad ni separación o control de los poderes públicos. O dicho de otra manera, el poder como la soberanía no reside en el pueblo, sino en los aparatos de los partidos políticos que lo gobiernan, solos o en coalición.
Una ética práctica también supone una ética para cada ocasión. Por ejemplo, para medir a Otegi con el mismo rasero o incluso mejor que a Rajoy, porque Otegi le facilitará la medalla de la paz etarra y Rajoy es su adversario. Hay que ser prácticos, ¿no? Pues eso es la ética, y lo mismo se puede aplicar a la democracia, a la monarquía o a las libertades. Como la de expresión y el derecho a la crítica. A ver, presidente, ¿cómo debería ser la crítica?
Zapatero: “Como no podía ser de otra manera, la crítica siempre debe ser constructiva”.
Pues en este caso no. La crítica, como su propio nombre indica —ocurre igual con la ética— es destructiva por obligación. Lo contrario sería “asesoramiento al poder”, o un simple consejo. Y ya puestos a criticar, digamos que si los dos años pasados sobre esa cuerda floja del poder producen miedo escénico, los dos que nos quedan por delante se nos antojan “de infarto”, como dicen los cursis. ¡Qué le vamos a hacer!.

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