El pasado domingo LA NUEVA ESPAÑA publicó un interesante editorial pidiendo protagonismo para la sociedad civil asturiana. Me parece muy saludable que, de vez en cuando, se recurra a la sociedad civil, entendida como sociedad o como individuos que comparten determinadas inquietudes, y no como un simple concepto estadístico. Preferiría referirme a ciudadanos en lugar de a individuos, pero creo que ése es el problema, pues cada vez somos menos ciudadanos, y más individuos. Incluso se podría barruntar que, menos aún que individuos, solamente tengamos la consideración de meros consumidores, que, en el ámbito político, se traduciría en potencial clientela en tanto votantes de esas maquinarias electorales que son los partidos.
No estoy de acuerdo con la teoría de la «espiral del silencio», es decir, con que lo que se estila es callar para eludir el peligro del aislamiento social, ya que cada vez se publican más cartas al director, cada vez hay más «blogs» en internet y cada vez hay más autores de artículos de opinión que incluyen su dirección de correo electrónico para recibir comentarios a sus columnas. El problema está en los cauces de participación.
Puede que las cosas estén empezando a cambiar, muy a pesar de los partidos políticos, que no hacen nada para que se cumpla la manifiestamente mejorable Constitución española, por ejemplo en los siguientes tres artículos:
Artículo 6. «Los partidos políticos expresan el pluralismo político, concurren a la formación y manifestación de la voluntad popular y son instrumento fundamental para la participación política. Su creación y el ejercicio de su actividad son libres dentro del respeto a la Constitución y a la ley. Su estructura interna y funcionamiento deberán ser democráticos».
Artículo 9. «Corresponde a los poderes públicos promover las condiciones para que la libertad y la igualdad del individuo y de los grupos en que se integra sean reales y efectivas; remover los obstáculos que impidan o dificulten su plenitud y facilitar la participación de todos los ciudadanos en la vida política, económica, cultural y social».
Artículo 23. «Los ciudadanos tiene el derecho a participar en los asuntos públicos, directamente o por medio de representantes, libremente elegidos en elecciones periódicas por sufragio universal».
En Asturias tenemos tres nuevas instituciones: Sindicatura de Cuentas (24 de marzo 2003), Consejo Consultivo (21 de octubre 2004) y Procurador General (16 de diciembre de 2005). De momento, la Junta General ha dejado inoperante la Sindicatura de Cuentas, del Consejo Consultivo no sé nada, y el Procurador General empieza muy mal.
Nadie me ha preguntado mi opinión sobre el nombramiento de Procurador General, y acaso por eso la doy. Como he sido y soy peticionario en amparo ante la institución, anterior al Procurador General, Comisión de Peticiones de la JGPA, y también he recurrido en petición de amparo ante el Defensor del Pueblo de España y ante la Comisión de Peticiones del Parlamento europeo, aunque solamente sea como mero usuario, tengo una idea del perfil tanto de capacitación en cuanto a conocimientos y categoría humana que creo que debería reunir la persona elegida.
Presento de antemano disculpas a las personas que nombraré a continuación, ya que no les pedí permiso para citarlas. Se trata de profesionales de distintas ideologías, pero que creo que cualquiera de ellas haría un buen papel ante los ciudadanos de Asturias, que es ante quienes debería responder.
El nombramiento del que hablamos no es el de un nuevo consejero del actual Gobierno. Aunque por ley su nombramiento corresponda a la Junta General del Principado de Asturias.
Las personas que me parecen más idóneas para el cargo de Procurador General son las siguientes:
Bernardo Fernández Pérez, hoy al frente del Consejo Consultivo
Leopoldo Tolivar Alas
José María Alonso-Vega Suárez
Luis Vega y Escandón
Alfredo Prieto Valiente
José Manuel Buján Álvarez
Luis Cayetano Fernández Ardavín
Con esta relación de nombres solamente trato de abrir un debate, no descalificando a nadie, sino en positivo, proponiendo alternativas a los nombres que se están barajando en la actualidad.
Y hago esta propuesta convencido de que con el cariz que están tomando las cosas, con los criterios con que se opera para los nombramientos, según se puede colegir fácilmente, la ruptura entre representantes y representados cada vez es más evidente. Y esta fisura no se resuelve con días de puertas abiertas en el Parlamento asturiano.
Si esto no funciona, si la ciudadanía considera que los nombramientos de personas para cargos que defiendan sus derechos se hacen desde planteamientos partidistas, o, lo que es aún peor, de nepotismo y de triquiñuela, la alternativa más clara es la propuesta por Saramago en su novela «Ensayo sobre la lucidez», un voto en blanco masivo en mayo del 2007.

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