El ex presidente del Govern no descarta la 'gran coalición' ni que CiU tenga ministros en Madrid.
Jordi Pujol está últimamente de actualidad constante.Después de pasar casi dos años totalmente alejado, por voluntad propia, del primer plano informativo, el ex presidente de la Generalitat no se resigna a su papel de jubilado y reaparece por la puerta grande.
Primero fue su conferencia bendiciendo el Estatuto; hace dos días, la revelación de que Josep Pla abandonó la revista Destino después de que el propio Pujol y Baltasar Porcel le censuraran un artículo. Ayer, el president fue un vendaval de opiniones políticas pronunciadas entre las risas de la concurrencia, con la calculada parsimonia de quien está encantado de que le tiren de la lengua.
La excusa era la presentación de su último libro, Idees i records, que reúne algunos de los textos más emblemáticos de su ideario político y de su visión de Cataluña, y el escenario un desayuno de trabajo en la sede barcelonesa del Círculo de Lectores. Pero a Pujol le dio tiempo a ocuparse de todos los temas que marcan la agenda política de los últimos días: definió la hipótesis de una gran coalición entre el PSC y CiU como «una variante a tener en cuenta», dijo que el momento actual es más favorable que ningún otro anterior para que la federación nacionalista pueda participar con ministros en el Gobierno central y, de regalo, criticó el «pensamiento dominante» de la izquierda, que juzgó «fuera de lugar» hoy en día.
Todo ello con matices. Subrayó, por ejemplo, que «sería muy complicado» que CiU estuviera «en un Gobierno socialista en Madrid y en Cataluña en la oposición de un gobierno socialista». Aun así, Pujol afirmó que «son cosas de las que no se podrá hablar definitivamente y con todas las cartas sobre la mesa hasta después de que haya acabado todo el ciclo electoral que ahora viene». «CiU no es, por principio, contraria a participar en un Gobierno español», añadió.
El presidente fundador de CiU también tuvo tiempo para repasar su largo historia de encuentros políticos, y no descartó, aunque tampoco confirmó, que vaya a escribir sus memorias. Evocó su último largo encuentro con el ex presidente José María Aznar, en una finca del Gobierno en los Montes de Toledo. Aznar le planteó entrar en el Ejecutivo central, a lo que Pujol se negó. El ex presidente explicó que había que dejar «materializarse» el nuevo sistema de financiación de 2001.
«Con una sinceridad que desarma, el presidente me dice que el Gobierno actuará en el sentido opuesto al que reclamamos» dijo Pujol, porque Aznar defendía que «el Estado debe recuperar competencias».el ex presidente que lo contextualiza, porque «hay que situar las cosas en su momento».
A Pujol le quedó tiempo para lamentarse de no haber reivindicado lo suficiente su obra de Gobierno, de critira el pensamiento político dominante, que considera «caduco y agotado», de colocar la inmigración como el mayor reto de las sociedades actuales, e incluso de definirse políticamente: «Soy un poco de todo: liberal, socialista, demócrata, nacionalista... Lo que no soy es comunista».Y tampoco un jubilado con ganas de retirarse definitivamente.
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La difícil relación con Tarradellas
BARCELONA.- A Pujol se le preguntó, durante el desayuno de trabajo, por las fotografías que incluye el libro 'Idees i records'. Hay un caso curioso: el de una imagen del ex presidente con Josep Tarradellas, su antecesor en el cargo. En cada ilustración, Jordi Pujol ha incluido un pie de foto, pero en el caso de Tarradellas esa es la única referencia que se le hace en todo el libro.
«En parte nuestros astros no coincidieron. Pero yo he sido más tarradellista de lo que se suele decir, y más de lo que el presidente Tarradellas creía. Y muy reconocedor de lo que hizo», reza el texto que acompaña la foto del libro.
Jordi Pujol añadió ayer: «Yo hablé muy poco siempre del tema Tarradellas porque no era cómodo y había interés en interpretar cosas de otra manera». Pero más tarde se reafirmó en lo que asegura en el libro. «Fui más tarradellista de lo que se dijo o de lo que se quería hacer creer. Pero, al final de su vida, no sé qué pensaba de esto el presidente Tarradellas», aseguró el presidente fundador de CiU.
Fue quizás el único momento de la comparecencia de Pujol en el que el buen humor reinante se empañó en parte con una tensión quizás aún no del todo superada.

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