Ha dicho Zaplana en su larga despedida de la política —un diario valenciano aseguraba en las pasadas vacaciones de Semana Santa que iba a dejar la cosa pública para poder dedicarse a los negocios, o al revés, porque no me he enterado bien— que hay en ciernes una conspiración de moderados desleales del PP contra Rajoy, que dicho sea de paso es un moderado. Y Marcello se pregunta: ¿se puede ser moderado y conspirador desleal al mismo tiempo? Algunos personajes de los que ocupan la actualidad confunden lo suyo con lo de los demás.
Adivina, adivinanza: ¿quién le dio al pocero de Seseña la medalla de plata al trabajo, en vez del ladrillo de oro al pelotazo, y por qué? Cada vez que Marcello pasa por la R-4, que bordea Seseña, con la moto del alcalde y ve la sombra del monstruo de casi 30.000 cabezas o viviendas que entran en cuña en el costado de Madrid se pregunta confundido: ¿Quién consintió este engendro, esta isla de cemento al estilo marbellí? ¿Quién tiene el yate más grande de Baleares?
Ahora que Rubalcaba —que tiene nombre de caballo de carreras— se ha instalado en el Ministerio de las cloacas del poder (que se prepare Miguel Barroso) y nos tiene a todos en un ay, cambiando los números de los móviles cada cuatro días por si las “flies”, es el momento oportuno para que el PP cambie de portavoz en el Congreso de los Diputados. Porque no hay mayor deslealtad que presentarse en la Convención del PP, que organizó Rajoy para mirar al futuro, disfrazado de la mujer de Lot, como hizo Zaplana, para mirar hacia el pasado portando en su mochila el misterio del 11M que unos investigan nadie sabe bien por qué y otros no porque lo hace el juez.
Y la coincidencia de las caravanas de la muerte, como repiten hasta la saciedad los otros camorristas de la comunicación, promotores de la conspiración? ¿Acaso no era más llamativa coincidencia gráfica de los almendros en flor que publicó aquel periódico mediterráneo cuando El Alcázar anunciaba sus almendros en flor, como la señal del golpe de Estado del 23F? Pues sí, señor, ésa fue la señal para que Tejero luciera el tricornio en el Congreso y para que Jaime Miláns del Bosch sacara los tanques de paseo por Valencia, a ver qué tal.
O sea, que los moderados quieren apuñalar a Rajoy, y los exaltados como Zaplana —a quien le han llamado gigoló en El Mundo y camorrista en ABC— son los guardianes de la espalda del Poulidor de Pontevedra, que siempre llega en segundo lugar en todas las elecciones que ha tenido a su alcance para disfrutar de la dulce derrota de aquí hasta la eternidad. Fumándose alegremente, en la popa de su temido bajel, un Cohiba de Fidel, a la espera de la llamada azul pupila de Zapatero por el teléfono rojo de la negociación con ETA. A ver si le cuentan a Rajoy de una vez qué pasa con el control de la tregua de ETA que el pérfido Rubalcaba maneja con el codo y Pumpido de tacón.
Los camorristas del PP quieren que Rajoy le retire su apoyo a Zapatero en el proceso de negociación con ETA por dos motivos: porque así ellos tendrán la oportunidad de armar la bronca y de practicar su ruidosa oposición; y porque en ese caso Zapatero no tendrá más remedio que convocar elecciones anticipadas y así se cosechará otra derrota sonada de Rajoy y se abrirá el melón sucesorio en el PP, que es lo que busca y cuanto antes el club de los camorristas de la coqueta colonia de Altea del PP, que no son, precisamente, los moderados del PP.

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