La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

20 Abril 2006

La pesadilla española, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Bajo el título de “La pesadilla debería acabar”, el diario El País (18-IV-06) reproduce un lúcido artículo del filósofo italiano Paolo Flores D’Arcais en el que analiza la crisis política y democrática de su país, centrando su disertación en la persona de Berlusconi, al que califica como la pesadilla de Italia, por el inmenso poder mediático y económico que atesora y le permite no admitir la derrota electoral que sufrió hace pocos días. Sin embargo, lo llamativo de su exposición y lo que seguramente no imaginaba el filósofo italiano al hacer su certero diagnóstico de Italia es que, de manera simultánea, dibujó con asombrosa perfección el alma enferma de la nación española, la pesadilla española, que nada tiene que envidiar a Italia en sus dolencias, sino más bien al contrario, por causa de los serios problemas de unidad nacional, terrorismo —dicen que en vías de solución— y reforma constitucional encubierta que sufre España.

Escribe Flores D’Arcais: “En una democracia liberal prima la división de poderes. La autonomía recíproca y el recíproco equilibrio de poderes entre las diversas esferas. La democracia liberal es un sistema de autonomías que impide a los poderes hacer bloque, hacer establishment, y que supone un riesgo y sería la antesala del autoritarismo. Y no se trata sólo de los tres poderes de Montesquieu, obviamente. En una democracia liberal moderna son y deben ser autónomos (con control recíproco incluso hasta el conflicto) el poder político, el económico, el sindical, el mediático, el cultural (y además, como es obvio, el judicial; en cuanto al poder de la Iglesia, no debe existir ninguno). Y dentro de cada poder, no se admite el monopolio, sino que es taxativo el respeto al pluralismo”.

Y añade: “Son cosas obvias. Pero son cosas que en Italia, desde hace años, han sido abolidas. Y hasta que no sean restauradas no se podrá hablar de democracia”.

Estamos de acuerdo porque en España ocurre otro tanto, aunque en nuestro país tenemos una situación distinta a la italiana en las apariencias pero no en el fondo. Aquí no existe un Berlusconi que aúna en sus manos todos los poderes, pero existe una alianza de hierro entre el PSOE, sus editores mediáticos y su círculo empresarial, que copan los poderes del Estado y los fácticos de su entorno de una manera implacable. Y desde la llegada al Gobierno de José Luis Rodríguez Zapatero con mayor motivo porque, en sólo dos años, se ha reforzado de una manera escandalosa el control del Ejecutivo sobre la totalidad de los canales de televisión de difusión nacional, tanto estatales como los privados (TVE 1, TVE 2, Antena 3, La Cuatro, Telecinco, La Sexta, Canal Plus y Canal Satélite Digital).

Incluso la televisión de Berlusconi en España —Telecinco, bajo control de Mediaset— está a las órdenes del Gobierno, y emite programas informativos próximos al PSOE y marcados más por los sucesos y escándalos que por la información general, un modelo exportado de Italia que los dueños de Antena 3 TV —Planeta y Agostini— reproducen con el argumento de la audiencia, pero para no crear problemas al Gobierno, de la mano de su primer gestor, Mauricio Carlotti, el máximo ejecutivo de la cadena formado en la escuela de Berlusconi. Los ocho canales nacionales de televisión que existen en España están hoy ¡al servicio o bajo el control del Gobierno!, siendo el Grupo Prisa el buque insignia de la flota audiovisual (ellos solos controlan varias cadenas, Canal Satélite, Cuatro, Canal Plus y Localia, y acabamos de ver cómo se han repartido el Mundial de fútbol de Alemania con La Sexta de tapadera (que es propiedad de un grupo de productores cercanos al PSOE y al ex secretario de Estado de Comunicación).

Que en España no hay separación de poderes del Estado, eso es una realidad desde el inicio de la transición. Es un mal congénito. Pero la novedad —puesta en marcha por los gobiernos de Felipe González— fue el consorcio audiovisual y empresarial del PSOE (que se visualizó en el accionariado inicial de Canal Plus) que nos ha conducido a la vigente situación de monopolio televisivo nacional, sin contar las emisiones en cadena de televisiones locales, o las autonómicas, donde el Gobierno lleva también las de ganar.

En España, el partido o coalición que gana las elecciones se queda, como en Italia, con los poderes de Montesquieu
—ejecutivo, legislativo y judicial—, con la prensa y el poder cultural y con una determinante influencia sobre las grandes empresas y bancos que están sometidos al poder regulador del Gobierno. Es decir, a igual que en Italia, aquí la democracia liberal no existe como tal.

Pero, como en Italia también, son los despropósitos y los abusos de los gobernantes, como ha ocurrido con Berlusconi, y no la acción de la oposición —que carece de medios para el ejercicio y control del poder— los que facilitan la alternancia en el poder. Como currió con la corrupción de los gobiernos de Felipe González o con el autoritarismo y la soberbia de José María Aznar, que fue incapaz de romper el firme consorcio de medios y grupos empresariales del PSOE en sus ocho años de disfrute del poder.

En Italia, el inmenso poder mediático de Berlusconi se dedica ahora, desde la oposición, a tratar de impedir que se consolide la victoria y la alternancia a favor de la coalición de Romano Prodi. Mientras que en España la acumulación de poderes del Estado y de los fácticos añadidos se dedica a ocultar las carencias y los abusos del Gobierno en asuntos tan graves como la reforma encubierta de la Constitución para producir, por vía de leyes orgánicas, el modelo del Estado hacia formas confederales de incierta definición, entre otras muchas cosas. Sin embargo. en Italia, Prodi, desde el Gobierno, tiene ahora mismo la oportunidad de acabar —“debería”, dice temeroso Flores D’Arcais— con la pesadilla de Berlusconi, mientras en España la pesadilla del nuevo y gigantesco poder mediático, económico y cultural del consorcio emergente sólo acaba de comenzar.

El filósofo italiano, preso del pesimismo, concluye su análisis con versos de Dante Alighieri sobre su país: “Italia, sirviente de un hotel del dolor/ nave sin piloto en una gran tempestad/ no es dama de provincia sino de burdel”. Algo así, aunque no mejor, se podría decir hoy de España. Aunque el mismo poeta del Renacimiento también nos aludió porque Dante describió en otro verso “la pobreza avara de Cataluña” —l’avara povertá de Catalogna—, una cruel definición de la política catalana que mantiene su vigencia en el momento actual. Porque el Estatuto catalán es el primer mal sueño de la pesadilla española. La pesadilla que oculta con malas artes y sin decir verdad el gran consorcio mediático y cultural de Zapatero, guardián de las esencias del nuevo régimen autocrático español, tan lejano y tan ausente de la aquí mencionada democracia liberal.

servido por caffereggio sin comentarios compártelo

sin comentarios · Escribe aquí tu comentario

Escribe tu comentario


Sobre mí

Lector de artículos de opinión, sobre política y economía, que cree que este mundo podría tener arreglo si dialogásemos más

Estadísticas

Fotos

caffereggio todavía no ha subido ninguna foto.

¡Anímale a hacerlo!

Buscar

suscríbete

Selecciona el agregador que utilices para suscribirte a este blog (también puedes obtener la URL de los feeds):

¿Qué es esto?

Crea tu blog gratis en La Coctelera