Vamos a ver en cuántos hemos quedado los españoles después de la sangría de Semana Santa, después del apocalypse now de las carreteras, después de las hazañas del Real Madrid, que sigue siendo un equipo, aunque no quiera Joaquín Sabina.
Algo así como la primera franja de la cosa es el socialismo clásico de Alfonso Guerra, que debiera empezar a vestir por Madrid de capita corta, como don Pablo Iglesias. Guerra hace metáforas políticas y ahí tiene su género literario y su manera de picar carne de político. La resurrección de Guerra, la reaparición de Rubalcaba, con los mismos cuerpos y almas que tuviera, si es que le quedaba alguno, todo esto bañado por un clamor que se aleja de Semana Santa: he ahí la Iglesia haciéndose paso a través de la movida política.

En un tercer estrato nos encontraríamos con el liberalcapitalismo y la monarquía plenamente justificada, pues la Real Familia ha hecho un máster de orientalismo a mitad de camino. Todas estas cosas hacen posible o probable un vuelco de España hacia otras fórmulas, ya que el señor Zapatero le ha dejado deliberadamente a nuestro director o manda la sensación de que quiere hacer otra cosa con España, quedar en la Historia con otro apelativo que no sea su mero apellido laboral, familiar o así.

Diríamos que Zapatero está alborotando las Españas deliberadamente para cambiar de sistema y cambiar de apellido. Pero lo cierto es que le impacienta convertir España en otra cosa y, lejos de las autonomías de Suárez, que le quedaban un poco horterillas, quiere reinar sobre la España de las Españas o la España de las culturas. En consecuencia, Zapatero le ha confiado a Pedro J.Ramírez (parecen de igual edad, hermosos segundones) su proyecto absoluto de inventarse España una vez más, aunque él sólo fuere el chico de los Luises. Dice Raúl del Pozo que Pedro J. Ramírez no ha conseguido sacarle nada, pero uno, con todo respeto, cree que le ha sacado casi todo. No cosas concretas, naturalmente, que ésas son las que luego llenan el trullo, pero sí cosas a nivel abstracto como el españolismo de Andalucía o a la inversa.

Y, mayormente, Pedro disfruta de la más inmediata evidencia de que Zapatero no es un joven joseantoniano ni un flecha del PSOE.Zapatero es un político de gancho arduo que disfruta mareando a las visitas y no concede entrevistas por compromiso sino por pasar la tarde con su juego intelectual.

Después de esa entrevista ya tenemos más claro, y ya era hora, lo que se propone este preciosista de la política y el peligro en que nos está poniendo a todos. Es el servicio que P. J. Ramírez le ha hecho a España. Algún Cristo nacionalista se declara andaluz y el Sur está callado bajo el silencio de Rocío Jurado. Ahora sabemos que la marimorena no ha hecho más que empezar. A Leonor la han llevado a misa, por si acaso, y los repúblicos vuelven a reunirse en el Ateneo. Las procesiones han matado mucha gente, por decirlo de una forma directa, pero las personas que se quedan en casa hablando de política, como estos dos jóvenes razonables, acaban descubriendo fórmulas y frases para cambiar el invento.Ahora son jóvenes, pero cuando tengan estatua en el Retiro a lo mejor les concedemos que tenían razón.