El president Maragall va a llevar a cabo su anunciada remodelación del Govern, que será amplia y profunda. Esa es la principal noticia de anoche, cuando aún se estaba fraguando la primera crisis oficial del tripartito, que tiene el apoyo del PSC y un indisimulado disgusto -no oposición-, sobre todo por el momento escogido, en Esquerra e Iniciativa. Más allá del lógico deseo del president de dar un impulso a la acción del Ejecutivo catalán, no deja de ser llamativo el momento escogido: en la recta final del proceso de aprobación del Estatut, dos meses antes del referéndum del texto, y cuando uno de los partidos -Esquerra- no ha anunciado el sentido final de su voto, pero sí ha dicho que no será sí. Parece, aparentemente, más urgente conocer el grado de cohesión del Govern en un tema tan trascendental como es el referéndum antes que empezar por los cambios de consellers. Pero quizás en las próximas horas sepamos más cosas sobre el referéndum que aún no sabemos y, en cualquier caso, quizás se acabe imponiendo una lógica necesaria en España: los cambios se hacen rápido y discretamente. Zapatero ya predicó hace unas pocas semanas con el ejemplo. Mientras tanto, el president Maragall dispone de margen político suficiente para remodelar su Govern y de una mayoría parlamentaria más que amplia.