La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

20 Abril 2006

Arnaldo Otegi lamenta que sólo ETA, y no el Gobierno, esté haciendo los deberes, de Antonio Casado en El Confidencial

Levantamos acta sobre la existencia de dos procesos de verificación en marcha. Uno lo encabeza Zapatero para saber si ETA respeta el alto el fuego. El otro lo encabeza Otegi para saber si el Gobierno va a respetar el "derecho de los vascos a decidir". Mientras el primero acude encantado a proclamar en la plaza pública que ETA se está portando muy bien, un Otegi menos risueño dice que lo suyo no va bien.

Así habló ayer el portavoz de la ilegal Batasuna, brazo político de ETA, según el Tribunal Supremo, y grupo considerado terrorista por la Audiencia Nacional y por la Unión Europea, después de su encuentro de casi tres horas con el lehendakari Ibarretxe en el Palacio de Ajuria Enea. Otegi vino a decir que mientras ETA hace los deberes, el Gobierno no cumple. Lamentó, en fin, la falta de avances en la disposición del Gobierno a reconocer la independencia de Euskal Herria si así lo desean los vascos. Tal cual, oiga.

Hasta el momento de escribir este comentario no se ha producido ninguna reacción significativa del Gobierno o del PSOE. Ninguna voz oficial, que yo sepa, ha salido al paso de estas formulaciones de Otegi, probablemente compartidas por Ibarretxe, aunque éste se vea obligado a ser prudente por expresa indicación del presidente de su partido, Juan José Imaz, que mantiene una comunicación muy fluida con Moncloa.

Alguien debería pararle los pies a los nacionalistas. Por una cuestión de pedagogía y sin ánimo de matar ninguna esperanza de paz, alguien debería recordar las barreras de nuestro ordenamiento que no se pueden saltar de ninguna manera, sobre la autodeterminación -concepto robado por los nacionalistas al Derecho Internacional-, la territorialidad, el cambio de marco jurídico, la amnistía, etcétera. Pero nadie lo hace. Más bien parece que el Gobierno y los socialistas están perdiendo el rumbo por miedo a que se chafe la fiesta de la pacificación.

A muchos nos resulta insoportable la imagen de un cargo institucional departiendo como si tal cosa con un dirigente político con las manos manchadas de sangre. Bueno, es un problema nuestro, de naturaleza moral. Lo podemos señalar, y eso hacemos, en el uso de nuestra libertad de expresión. Tragaremos saliva. Asumiremos que el lehendakari le reconozca como un líder representativo, aunque su organización sea ilegal y él mismo esté en libertad vigilada, encausado en cinco procedimientos penales.

Y asumiremos, por ser legos en materia de leyes, que ningún juez le detenga por acudir en son de paz al Palacio de Ajuria Enea a entrevistarse con Juan José Ibarretxe. Pero nunca nos apearemos del juicio moral que nos merece un líder o un grupo político forjados en el matonismo, la extorsión y la sangre.

Se entiende la ansiedad del Gobierno socialista por apuntarse el tanto. Pero todo tiene un límite, en su doble barandilla legal y moral. Y en estas últimas fechas se están produciendo algunos sucesos nada tranquilizadores. Se nota porque las dos barandillas no paran de moverse, como si se fueran a caer en cualquier momento.

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