Se extinguió el águila bicéfala, como se apagó la loba de la ciudadanía romana o el minotauro de la democracia griega; se acabaron los pendones con águilas, leones y castillos; ahora las banderas son nidos de alimoches y de buitres, sin tercios que las flameen ni milicos que la defiendan. Los andaluces altivos iban a expropiar las fincas y en el camino les cambiaron la tela marinera por la subvención, así que arrojaron a la cuneta la bandera negra de los anarquistas y la roja que llevaban los de Jerez y Casas Viejas; se quedaron con la verde. La bandera de la Comuna es la bandera de la República mundial, proclamó Rimbaud; en Andalucía primero perdieron la hoz, después el martillo y por último el tractor; los partidos obreros en la vanguardia de los nacionalismos burgueses, han quemado la bandera roja.
Ahora, señor Zapatero, el que más chifle capador; cada cantón levantará su trapo; Andalucía ya ha izado la bandera blanca y verde -la paz y la esperanza-, pero pronto comprenderán que lo de realidad nacional es un pobre sueño, porque Andalucía es algo más que una realidad nacional; es un Estado dormido, con su Companys, simbolizado en la cabeza cortada del marqués de Ayamonte, que fue ejecutado en 1648 en el Alcázar de Segovia, después de que soltara a los presos y dejara libre a los braceros cuando se sublevaron contra la opresión borbónica para «hacer República libre la Andalucía o concitarlos para que otro se levante Rey».Andalucía tuvo su guerra de Segadores y también fue vencida por las tropas del conde-duque de Olivares. Tuvo su Fuentovejuna, su Mano Negra, su Revolución liberal, su Novencento, su Marinaleda.

¿A ver quién patea? Andalucía, la Nación más vieja del Mediterráneo; más vieja que Grecia, más que nación, un califato. El duque de Medinasidonia se sublevó contra el Rey en la misma época en la que se levantaron Cataluña y Portugal. Por su alto rango, Felipe IV le perdonó la vida al duque pero perdió Sanlúcar y tuvo que pagar 200.000 ducados como donativo al rey. Para separatistas, los béticos: Andalucía mía novia del cielo.

¿Quién puede negar que Andalucía posee una cultura radicalmente suya con sus héroes y sus mitos, su Carmen y su Don Juan, su Velázquez, su siglo de Oro en la puerta de las Indias? Reclamarán el oro que en centenares de navíos llegaba dos veces al año a las riberas del Guadalquivir. ¿De quién son los olivos, los minaretes, las torres de oro? De la Nación andaluza. ¿Quién le va a disputar a Sevilla la capitalidad? Tuvo 150.000 habitantes, cuando Madrid no llegaba a 100.000. Ahora los ladrones de Sierra Morena y los contrabandistas se disfrazarán de criollos, en plena quincalla meridional; volverán a ser mimos de sí mismos a la sombra del estandarte verde.

Podrían ir urdiendo una república islámica, que es menos que un califato, que ya lo fue.