Don Camilo José Cela, el del Premio, escribió un espléndido artículo en su sección de El Camaleón Soltero (en el inolvidable diario El Independiente, que apuñaló el falso patriota Alfonso Guerra) titulado: “Los 150 novelistas de doña Carmen Romero”. El genial escritor hizo sátira en su artículo del inventario de escritores españoles que tanto la señora Romero como su santo esposo, Felipe González, hicieron ante las cámaras de la televisión francesa en el programa Apostrophes, de mérito e influencia, acallando los nombres de los primeros escritores de la España en la que entonces gobernaba don Felipe para poner en valor a sus amigos de la bodeguiya, los Javier Marías o Antonio Muñoz Molina, a quien Cela condecoró con el título de “doncel tontuelo”, una vez que entró en la Academia en representación del tercio familiar que hoy controla don Jesús del Gran Poder, y que permitió convertir en académico al autor de La Rusa, Cebrián, y al de La Negritud, Anson, como preámbulo de otras incorporaciones que poco o nada tienen que ver con la buena literatura o el diccionario de la Real.

Pues bien, de los 150 novelistas de doña Carmen Romero —que también merecería un sillón de la Academia, el de la “J”, por inventar la palabra “jóvenas”, como la ministra de Cultura, Carmen Calvo, merece el de la “F” por inventar la de “fraila”— nos hemos pasado a las 215 preguntas de Rajoy al ministro Rubalcaba sobre los misterios de los atentados del 11M. Lo que constituye una burla parlamentaria con la sola intención de darle la matraca al dirigente socialista y ministro de Zapatero al que el PP no perdona sus malévolas artes en las vísperas electorales del 14 de marzo del 2004. Estamos ante una grotesca vendetta política, impropia de una oposición seria y eficaz que seguro que tiene cosas más importantes que hacer que tomarle el pelo a su ministro “favorito”, por mucho que les preocupe y les indigne la presencia de Rubalcaba en Interior. Lo que, dicho sea de paso, debería inquietar incluso al propio Zapatero, porque don Alfredo se acabará convirtiendo en el jefe del Gobierno “bis”, y si no, al tiempo.

Que el autor y promotor de las preguntas del PP es Pedro J. Ramírez es algo sabido que no sorprende a nadie, vista su obsesión con la mochila del 11M, en la que tiene preso al PP desde hace dos años, mirando al pasado, para que se estrelle en el presente a ver si así don Pedro nombra por fin un presidente de su cuerda que le otorgue un multimedia audiovisual, porque Aznar le salió rana, y otros que promocionó años atrás y después de la caída de Suárez, como Landelino, Garrigues, Roca o Conde, tampoco le fueron bien. El montaje de las 215 preguntas es de Pedro J., y el correveidile parlamentario es Zaplana, por más que hayan utilizado a una diputada para despistar. Pero al final de tan grotesca iniciativa aparece Rajoy como máximo responsable de la boutade, porque ya está bien de echarles las culpas a unos y otros, para decir al final que el bueno de Rajoy es un santo al que lo bailan sin cesar los costaleros conspiradores del PP con la sana intención de tirarlo desde el Puente de Toledo al río Manzanares. El que Gallardón pretende rebautizar con el nombre de Potomac, a ver si con la Ley de Capitalidad Madrid acaba equiparándose con Washington, él —si hace el discurso de la nación— con Jefferson, y la Estrella Digital, con The Washington Post.

No sabemos si con las 215 preguntas de Rajoy a Rubalcaba le ha dado un ataque de risa o un sofocón. Ni imaginamos lo que hará el ministro de Interior, pero cabe imaginar que las respuestas son bien sencillas todas ellas y que a lo mejor se resumen en una sola y global contestación: “ruego que trasladen sus preguntas al señor Acebes, que por esas fechas era el ministro de Interior”. O simplemente: “diríjanse a la Audiencia Nacional, a la que este Ministerio ha remitido toda la documentación”. O simple y llanamente: “iros al infierno”.

En todo caso, ¿a estas chorradas se dedica el primer partido de la oposición? Pues sí que estamos bien, y luego quieren que Rajoy salga bien en las encuestas. Además, ¿aún no se han enterado de que cada vez que aparece la sombra del 11M y las mentiras de los atentados, y de la guerra de Iraq, y las patéticas imágenes de Acebes, Aznar y Zaplana, los votantes españoles del centro o se pasan al PSOE o se quedan en la abstención?

A un general belga, que en su tiempo fue nombrado gobernador del Congo (a la sazón belga también), al llegar al aeropuerto de Kingsasha le pidieron que pronunciara unas palabras ante la multitud que le esperaba para recibirlo. El general tomó el micrófono y declaró: “¿Vous êtes les noirs?, alors, ¡continouez!”. Y se acabó, como un día de éstos se puede acabar Rajoy de un desmayo si es que antes no explota Zapatero de un empacho de talante. En realidad, Rajoy, con esa manga ancha que le caracteriza y falta de plena autoridad en el PP, nos recuerda un poco al personaje de los artículos de Cela, el famoso Camaleón Soltero, que en realidad se llamaba don Ulpiano o Vulpiano, y que se instaló en casa de doña Belén Bajo Derecha, en una habitación alquilada con derecho a cocina, porque la jefa de prensa del PP, además de muy limpia, hacía un exquisito arroz con leche que es, como todo el mundo sabe, el postre preferido de todo camaleón. Don Ulpiano o don Vulpiano además era perezoso, fumaba habanos y fue en su día un apasionado admirador de Bahamontes, el águila monocéfala —todo hay que decirlo— de Toledo, y aunque no era gallego tenía una tía abuela en Pontevedra hermana de una cuñada de Pío Cabanillas y vecina también de una prima de Rajoy. O sea, había parentesco.

Y de ahí la mayor inquietud que nos producen las 215 preguntas de Rajoy, porque si de gallegos es no responder, o responder con una pregunta, lo de preguntar tantas veces por los misterios de la mochila de Pedro J., que cuida Zaplana y transporta Acebes como penitencia, es a nuestro modesto entender una soberana idiotez. Y ¿ésta es la muy leal e implacable oposición? ¡Continouez!