Un nuevo partido de centro, de las pesquisas de Marcello en Estrella Digital
La primera mentira que contó Zapatero tras ganar las elecciones fue la de afirmar que el 11M no había tenido nada que ver con su victoria política. Desde entonces el presidente, siguiendo la tradición española de que mentir no requiere responsabilidades políticas, se ha convertido en un especialista de la simulación de la verdad.
Buena prueba de ello son las escapadas y excusas de las que hizo gala Zapatero en la entrevista que concedió a Pedro J. Ramírez, director de El Mundo, que se puso el mono de periodista para taparle todas las salidas al presidente, pero se lo quitó para posar en la portada del periódico y sin pudor junto a la estrella rutilante de la política española, para que vean sus competidores de los medios zapatistas que él aún tiene buena entrada en el palacio de la Moncloa, a pesar de su activismo político como presunto estratega de la oposición y para que también aprendan en el PP, su coto particular y laboratorio privado del doctor Jekyll, como su capitán araña los envía al combate con una escopeta vieja y una mochila vacía, mientras él pasa amigablemente el día en el palacio presidencial.
En fin, de lo dicho por Zapatero nos quedamos con la única verdad: “En España hace falta un partido de centro”. Desde luego que hace falta, porque todo indica que salvo que los socios de Zapatero —que van desde Carod a Otegi, pasando por Mas, Imaz, Llamazares y algún otro— o la propia ETA no echen las patas por alto, cosa que no hay que descartar, el PSOE tiene muchas posibilidades de renovar el poder en el 2008, y si hubiera elecciones anticipadas, con más motivo, por lo que ahora dicen las encuestas.
En todo caso, regresemos a la petición de Zapatero en pos de un partido de centro, que ha de ser un partido demócrata y nacional español, para hacer frente a los desafíos a los que en estos tiempos de dudas existenciales españolas por la debilidad presidencial —para defender los verdaderos derechos históricos de la única nación española— se nos anuncian como parte esencial del debate político.
No sólo por esto, sino también por causa del desamparo político en el que han quedado muchos españoles, que no acaban de ver en el PP una renovación que rompa con la fase autoritaria de Aznar, quien aún sigue vigilante desde FAES; porque Rajoy, que es el jefe, no se atreve a hacerla de una vez por todas como debiera, a pesar de las muchas críticas que le pueden caer encima desde los sectores conservadores del partido que han perdido la guerra de Iraq, la investigación o conspiración del 11M (que aún alientan no pocos de sus dirigentes), las elecciones del 2004 y que no saben qué hacer ante el Estatuto catalán, la negociación con ETA y el Estatuto vasco que se avecina en medio de una gran euforia pacificadora, sobre la que quieren montar el patín del Estado asociado vasco, con motivo de los derechos históricos locales que reivindica Ibarretxe, lo que nadie puede descartar conociendo como conocemos a Zapatero el de las mercedes.
Y si huérfanos de partido y liderazgo están muchos votantes tradicionales del PP, lo mismo podemos decir de un amplio sector de votantes del PSOE que no acaban de ver con buenos ojos la España confederal de Zapatero y el vale todo con tal de alcanzar la gloria de la negociación final con ETA. Votantes e incluso militantes del PSOE que no dudarían en optar por un partido intermedio, de centro y demócrata, porque lo que no van a hacer es pasarse, por las buenas, del PSOE al PP y menos aún mientras el bigote de Aznar se siga proyectando por la sede de la calle Génova y aliente el cogote de los dos notables y agitadores portavoces de este partido, Zaplana y Acebes, convertidos en dos problemas para la recuperación electoral del PP.
Es verdad hace falta un partido de centro y demócrata, pero ¿quién lo monta, quién lo financia, quién se atreve a saltar a la arena del ruedo ibérico sin que los cazadores de recompensas les salten a la yugular o a la femoral, con un cuchillo o con una corná? Además, no sólo basta tener un partido, hacen falta también medios de comunicación que compitan en el ámbito sociológico de El País, que está solo y tan campante en su particular territorio, mientras en la derecha compiten ABC, El Mundo y La Razón, y todos ellos juntos o por separado sin un multimedia audiovisual a su disposición, lo que da una idea de lo bien que hizo Aznar su política de comunicación a lo largo de ocho años, mientras que Zapatero en sólo dos años se ha puesto las botas (tiene de su parte en televisión las siguientes cadenas: la uno, la dos, la tres, la cuatro, la cinco y las seis, y un montón de autonómicas y locales).
Quiénes podrían liderar un nuevo partido de centro? ¿Acaso Rato, Gallardón, Bono, Boadella, Pimentel, todos juntos? No se sabe, pero el espacio político existe y a medida que Zapatero avance en la España confederal y que el PP suba el ruido de sus tambores, el centro democrático irá creciendo como posibilidad.
Naturalmente, Zapatero reclama un partido de centro porque cree que así dividirá al PP y a sus electores. Lo que no sabe es que muchos de los suyos también se irán con él y puede que incluso bastantes electores del entorno de CiU y del PNV que no ven bien la ciega escapada de sus dirigentes hacia la España confederal. Hasta personas culturalmente próximas a Izquierda Unida también se podrían cerca de una iniciativa moderada y de un centro demócrata que llegar, llegará. Y cuando antes, mucho mejor, para que el partido de la abstención no crezca inútilmente ante las encrucijadas que se acercan sin cesar.
