En este país jugamos con fuego, pero cerramos los ojos porque darnos cuenta del riesgo que corremos es demasiado peligroso.No es un juego de palabras ni un entretenimiento conceptuoso.La semana pasada comenzó la temporada de incendios, nuestra gran amiga de todos los veranos. Y comenzó en el lugar más complicado de Cataluña, cerca de una de las centrales nucleares, Vandellós II.
El tratamiento que las administraciones públicas dieron al asunto es digno de ser elogiado. Porque, por una vez, se pusieron en marcha los planes de prevención de catástrofes. Hubo, naturalmente, alguien que se quejó, el alcalde del municipio afectado, que no quiere que le asuste al personal. Josep Castellnou, que es alcalde de L'Hospitalet de l'Infant i Vandellós, tuvo la osadía de afirmar que la activación de los planes de emergencia fue exagerada. Imaginen lo que paga en impuestos una instalación como ésa. Imaginen la cantidad de puestos de trabajo altamente remunerados y medianamente remunerados que genera una planta como ésa. Imaginen la cantidad de trabajos secundarios vinculados a la nuclear.

Mal que le pese al alcalde, lo cierto es que el incendio era grave, soplaban fuertes vientos que lo alimentaban y, durante cuatro horas, las llamas alcanzaron una zona situada a las puertas mismas de la nuclear. Se trata de esa central que vemos desde la autopista camino de Valencia, ubicada no lejos de donde se encuentra el mayor parque de atraccciones infantil de Cataluña, Port Aventura, y en la proximidad de una multitud de zonas de veraneo y vacaciones como campings, urbanizaciones y playas.

Hemos visto las fotos: la tierra y la vegetación calcinadas justo hasta la doble valla metálica que rodea el recinto de la planta.Es verdad que se encontraba parada. Por avería, curiosamente.Es verdad que en el interior de la planta se tomaron medidas, por ejemplo la puesta en marcha de un sistema especial de ventilación que evita que el humo circule y se haga denso en el interior de la planta. Es verdad que el Consejo de Seguridad Nuclear fue alertado y que activó de inmediato el plan de emergencia nuclear de Tarragona, el PENTA. Es verdad que la subdelegación del gobierno en Tarragona y que el gobierno de la Generalitat no dudaron en tomar las decisiones que había que tomar. Pero también es cierto que hubo riesgo. Y que hubo quien protestó diciendo que todo era una exageración.

Nuestro riesgo local viene especialmente a cuento porque ya ha llegado hasta España la nueva idea del presidente Bush, que quiere más nucleares en los paises que él considera amigos. Por eso firmó un contrato con la India, para dotarla de uranio enriquecido.Es un buen negocio lo de enriquecer uranio. Y Bush quiere el monopolio. Es una de las razones por las que está metiendo tanto jaleo con la iniciativa del Irán jomeinista. Nadie ha encontrado aún el modo de anular los gravísimos riesgos de un accidente.Ni cómo anular la radioactividad generada para miles de siglos por las plantas nucleares. Pero ya quieren poner más. Incluso aquí. ¡¡¡Alerta roja!!!