La Coctelera

Caffè Reggio

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17 Abril 2006

Aberri Eguna: más movimiento preelectoral que otra cosa, de Eneko Gumuzio en Crónica desde la barbacana en IzaroNews

Un año más se ha celebrado Aberri Eguna bajo el signo de la división. No es novedad. Hace ya unos cuantos años, desde el sueño o pesadilla de Lizarra-Garazi -ponga cada cual lo que le plazca- que las fuerzas políticas que se reconocen en el sujeto político del pueblo vasco no son capaces de celebrar un día de forma conjunta pasando por encima de sus legítimas diferencias.

Aquello que tradicionalmente era esgrimido como razón para las convocatorias separadas -el uso de la violencia por parte de ETA- no es ya presente, por más que haya quien quiera proseguir con su extemporáneo viaje por el pasado. Las cartas enviadas a empresarios navarros exigiendo el impuesto revolucionario son también parte de ese pasado que concluyó, esperemos que de forma definitiva, el 22 de Marzo. En cualquier caso, apostaríamos desde aquí con cualquiera de nuestros lectores (o lectoras) a que el próximo año tampoco habrá convocatoria unitaria aunque la situación continúe siendo de tregua permanente. Porque hay presuntas razones que el tiempo convierte en sinrazones.

Ni siquiera en esta semana de puente festivo-religioso-patriótico vasco se detiene el torbellino de la política vasca y el realineamiento de los mensajes de cada cual ante la nueva situación. Aunque ese realineamiento se produce con mayor o menor fortuna según las habilidades de cada cual. Arrancó la semana Íñigo Urkullu hablando de la pinza PSOE-Batasuna para desalojar a los jeltzales de las instituciones vascas. Curiosa forma de entender la política y la democracia por parte de Urkullu, cuando durante años su formación ha sido especialista en formar pinzas con todos y cada uno de los partidos del arco vasco contra cualquiera que por allá pasase. Como sucede en multitud de países democráticos en los que el electorado no otorga mayorías absolutas. Pensábamos, ingenuos de nosotros, que el momento exigía estar por encima de las pequeñas miserias de la cuenta de resultados electorales. Pero algunos son incorregibles.

Unos días más tarde es Iñaki Gerenabarrena el que aclara que la pinza no se referiría a cuestiones post-electorales, sino a posibles acuerdos tácitos entre los dos extremos de la pinza para retrasar la constitución de la mesa de partidos y no perjudicar los intereses del PSOE en las elecciones generales de 2008. Ya saben, aquello de la venta de España que vociferan los populares defensores de la esencia cañí. Y de nuevo nuestra extrañeza, cuando una y otra vez es el máximo responsable jeltzale, compañero de ejecutiva de Gerenabarrena, el que manifiesta su voluntad de separar lo máximo posible las mesas de pacificación y normalización. De acuerdo con las teorías de Imaz, unir ambos procesos sería tanto como darle la razón a posteriori a ETA, así como dar por inválido lo realizado durante los últimos 25 años. Mientras, el Foro de Firmantes del Acuerdo Democrático de Bases, donde están EA, ELA y Batasuna, pide la inmediata constitución de la mesa de resolución del conflicto. De forma que la pinza no sería precisamente como indicaba Gerenabarrena.

No hay duda de que ante la nueva situación de alto el fuego permanente hay más de un actor político con una urgente necesidad de reubicarse en cuanto a tácticas, estrategias y lenguajes cara a la nueva situación. El mismo Arnaldo Otegi se manifestaba durante esta semana decepcionado por la actitud del PSOE. Ingenuidad de colegio la de Otegi, creemos nosotros. Porque habría sido mejor si Otegi hubiera sido capaz de escarmentar en cabeza ajena. La pasada semana recordábamos aquella definitoria frase de Arzalluz hablando de la escasa solidez de los socialistas españoles a la hora de mantener la palabra dada. Pero Arzalluz es ya pasado para muchos de los suyos y casi todos los ajenos. Aunque sus expresiones sigan teniendo gran validez en la actual situación.

No sabemos qué habrán acordado unos y otros en esas conversaciones que todo el mundo sabe que no se han producido (tómese esta última frase en tono de total ironía), entre otras cosas porque no hemos sido invitados a las mismas, pero hemos leído con suma atención a Ramón Jauregui cuando escribía en el País que el conflicto vasco no se arregla con más nacionalismo, sino con más democracia. Dicho de otra manera, hay más democracia cuando los socialistas están en disposición de aguar el vino, aunque esa operación implique que la mayoría política vasca se quede, una vez más, con un palmo de narices. Si de algo no puede quejarse Otegi es de la falta de caridad de los socialistas al hablar ante la sociedad. Otra cosa es que esa decepción sea real o un gesto cara a la parroquia propia.

Decía por su parte el Lehendakari en entrevista a DEIA que la sociedad vasca no va a decidir sobre algo que antes se haya "cepillado" en Madrid. Y defendía su argumento -también- en nombre de la democracia. En nombre de la democracia se mandó al fondo de los mares aquel Plan Ibarretxe (¿recuerdan?) aceptado por la mayoría política del Parlamento vasco. Y sin cepillo. Sin que muchos a su alrededor hayan siquiera esgrimido el martillo. O sacado las uñas. Es que entonces había violencia, decían entonces. Ahora toca paz, dicen ahora. Es que no hay voluntad de encarar el conflicto político, ni antes ni ahora ni luego, decimos nosotros. Las presuntas razones son poco más que excusas.

Revela Victoria Prego en el Mundo que los socialistas tienen un plan: el reconocimiento como nación, competencias en justicia y la gestión de la Seguridad Social. O sea, lo mismo que reivindican Andalucía y Las Islas Canarias o competencias ya reconocidas en el Estatuto de Gernika. Y con eso darán por resuelto el problema vasco. Muchos abrazos, aquí paz y después gloria bendita.

Es curioso. O preocupante. No hay síntoma de nerviosismo entre los portavoces habituales de los socialistas españoles. En el fondo, ven a PNV y Batasuna deseosos de convertirse en el socio de privilegio del socialismo vascoespañol a fin de mandar a las tinieblas a la otra expresión del nacionalismo. Solo un "verso suelto", que decía Mariano Ferrer, como es ELA reclama en vano un trabajo en común de las fuerzas soberanistas. Que eso es frentismo, dicen los enterados, y el futuro se llama transversalidad: acuerdo con los socialistas y fin de las aventuras.

Hay quienes, como Alberto Surio en el Diario vasco, dan por hecho un preacuerdo entre PNV y PSOE. Otros, como Txelu Zubizarreta en el Correo, creen que el caladero de votos natural del PNV está en la moderación y que ha de dejarse a Batasuna en excusiva la bandera de la radicalidad. El bueno de Zubizarreta, ex-consejero áulico de Ardanza, no lo olvidemos, olvida que esa misma idea llevó al estancamiento del nacionalismo histórico y a la explosión electoral de la izquierda abertzale allá por los últimos 80. Y eso que entonces había violencia. Tengamos también presente el fenómeno electoral de 2001, que no vino precisamente de ese caladero moderado del que habla Zubizarreta, más escorado hacia los dueños del periódico en el que publica sus escritos.

Pero no parece que sea el grupo Vocento el único partidario de esta fórmula. Andoni Herrán en DEIA admite que el PNV fue -es- el más beneficiado por la ilegalización de Batasuna y que necesitará gestos ante la nueva situación. Como un pacto con los socialistas, dice, a fin de recuperar la Diputación de Álava. ¿A qué precio, nos preguntamos?

Da la sensación de que hay quienes solo tienen en mente los resultados de las últimas elecciones y su proyección cara a las siguientes. Pero un escenario de paz más o menos consolidado puede hacer que todo lo pensado, calculado y sopesado hasta entonces salte por los aires, pues a nueva situación nueva situación electoral. Da la sensación, también, de que el españolismo no está especialmente nervioso ante la nueva situación, más allá del folklore opositor popular.

Y así será mientras el gran juego siga siendo quién acordará a la baja con los socialistas españoles en lugar de cómo encarar el problema político vasco de fondo que, como decía el Lehendakari en la Plaza Nueva de Bilbao, viene desde 1839 y no desde la fundación de ETA o desde los pasados presupuestos de la Diputación de turno. La dialéctica entre resolución del conflicto de fondo y el interés electoral parece decantarse a favor del último.

enekogumuzio@izaronews.com

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