PSE y PNV reconocen que la Mesa de diálogo se hará fuera del Parlamento para que participe Batasuna - Aralar, Ezker Batua y hasta EA tienen miedo a terminar siendo engullidos por el partido abertzale - El PNV teme que, si es legalizada, la formación proetarra le 'quite' en las elecciones no menos de 15 escaños.
«A Batasuna no se le exige nada que no se le exija a los demás: rechazo a la violencia y respeto a la legalidad. Y mientras Batasuna no se legalice por alguna vía no tendrá sitio en una Mesa de diálogo. Mientras no hagan eso, no hay Mesa posible». Este comentario de un alto dirigente socialista vasco está hecho varios días antes de que, ayer, los representantes de la formación proetarra dieran la enésima vuelta de tuerca al escenario político con el apoyo de esa constelación de asesores, grupos, asociaciones, sindicatos y clubes varios que le tocan las palmas.
Estamos de nuevo ante un episodio, no especialmente trascendental, de ese pulso que Batasuna pretende mantener con el Gobierno de España para intentar conseguir lo que es imposible que consiga mientras no se atenga a las normas legales establecidas. Pero, lo que es un hecho que no vale la pena intentar desmentir, es que Batasuna se ha convertido en uno de los dos ejes principales sobre los que gira en estos momentos la vida política vasca, especialmente después de que ETA haya anunciado ese alto el fuego permanente. El otro eje es, para disgusto y angustia del PNV, el Partido Socialista de Euskadi.
El caso es que, al margen de las admoniciones de rigor a cargo de los responsables socialistas para que Otegi y los suyos entren por la senda de la legalidad, es precisamente la situación ilegal de Batasuna la que explica que, tanto el PSE como el PNV, sostengan contra viento y marea que todo diálogo político sobre el futuro del País Vasco debe celebrarse fuera de lo que sería su lugar natural, que es el Parlamento. «Esta Mesa de diálogo no puede ir al Parlamento porque el Parlamento tiene sus reglamentos y sus plazos, que condicionarían por completo las conversaciones», explica un alto dirigente del PSE. Y esa misma fuente aclara a continuación la verdadera razón por la que un partido como el socialista está dispuesto a sacar de la Cámara autonómica un asunto de la trascendencia que tiene una negociación política sobre el País Vasco: «Es que dentro del Parlamento no hay una verdadera representación de la izquierda abertzale. Y, además, nosotros, en esas conversaciones, o en esa Mesa, no vamos a hablar de transferencias, ni de financiación ni de competencias. Vamos a hablar de un marco político, vamos a hablar de un nuevo estatuto o, en todo caso, de una reforma del estatuto actual».
Esta es la versión del PSE, un partido que se comporta con la conciencia de que tiene cogida la sartén por el mango y de que es esta formación, junto con el presidente del Gobierno de España, y ninguna otra institución ni movimiento político, la que va a condicionar el futuro, el camino y la meta de esa comunidad.
Pero la versión proporcionada por representantes de la cúpula del PNV es aún mucho más clara: «Esta Mesa se tiene que hacer fuera del Parlamento porque Batasuna no está ahora en él. Y, como las elecciones no se van a celebrar hasta dentro de tres años, daría lo mismo que Batasuna pasara a ser legalizable porque en ningún caso podría tener representación parlamentaria. Y, desde luego, ni pensar en que vaya a haber una convocatoria de elecciones autonómicas anticipadas».
Pues está claro: todo foro de diálogo que se organice será a la medida de un partido político que está ilegalizado y que, a día de hoy, no parece tener intención de condenar la violencia para poder entrar en la legalidad. Al contrario, lo que exigían ayer sus líderes rodeados de todos sus satélites es que se les abran ya las puertas de esa negociación porque consideran que ya no tienen nada más que hacer sino hacerse presentes y reclamar su sitio por la fuerza de los hechos. El anuncio del fin de la violencia, parecen pensar Otegi y los suyos, les exime de todo lo demás. Es más: consideran que obliga al Estado a renunciar a aplicar la ley y a aceptar la idea de que toda fianza judicial impuesta a uno de ellos para eludir la prisión es una extorsión equiparable a la que practican los terroristas sobre los empresarios.Casi nada.
De todos modos, las crudas explicaciones de los líderes políticos vascos, que dan una idea muy precisa de hasta qué punto la formación proetarra es la protagonista absoluta del panorama político que se ha abierto después de que la banda terrorista a la que sirve haya anunciado que va a dejar de matar, contrastan, por no decir que se contradicen abiertamente, con los planteamientos oficiales del Gobierno, según el cual todo lo que se haga en materia política se hará con partidos legales. La propia vicepresidenta lo dijo el martes 4 de abril al término del encuentro entre el presidente Zapatero y el lehendakari Ibarretxe. «El diálogo se producirá entre las fuerzas democráticas. Y, si son democráticas, es que son legales», dijo Fernández de la Vega.
No es, de momento, el caso de Batasuna, que ayer mismo, Alec Reid dixit, y por si acaso eso le sirve de mejor palanca, reforzó interesadamente las posiciones defendidas por el lehendakari Ibarretxe, que ha pedido reiteradamente que esa Mesa de diálogo se abra a todo tardar en el mes de septiembre. Se ve que los líderes de Batasuna, además de sacar provecho de la urgencia del lehendakari, que no resiste la idea de quedarse fuera de la foto, están dispuestos a toda costa a privar al PNV de la tan soñada primogenitura. Por eso insisten en una exigencia imposible, como es la de estar presentes en unas conversaciones políticas inmediatas, como si no siguieran estando fuera de la ley y como si ya nadie pudiera discutirles el liderazgo político del futuro.
Parece que hay nervios en el mundo nacionalista. Los hay en los pequeños partidos -Aralar, Ezker Batua, Eusko Alkartasuna- que tienen pavor a ser engullidos por el hermano mayor porque saben que si la llamada izquierda abertzale consigue tener una fuerza política legal que les represente, nunca más habrá cinco partidos nacionalistas sino dos, y que uno será el sucesor de Batasuna y el otro será el PNV. Y, como tienen miedo a perder los votos, están asumiendo directamente los planteamientos del abertzalismo radical. Se están batasunizando.
Es evidente también que hay nervios en Batasuna, que tiene prisa por empezar a jugar cuanto antes su papel de pieza clave de ese diálogo político que, si nadie lo remedia -y nadie lo va a remediar- va a abordar cambios esenciales en el País Vasco porque lo mínimo que se va a discutir en esa Mesa, que todos menos el PP bendicen, es un estatuto nuevo o una reforma del estatuto actual de tal envergadura que modificará el marco político y jurídico vigente.Sólo hay que oír a los dirigentes del PSE explicar cuáles son sus bases de partida. «Nosotros», dice uno de ellos, «vamos a plantear más estatuto. Es decir, competencias en Justicia, la gestión de la Seguridad Social, quizá el reconocimiento del País Vasco como nación y cosas así. Y, por lo que se refiere a los derechos históricos, los vascos ya los tenemos reconocidos en la Constitución, aunque esos derechos corresponden a las provincias, no a la comunidad». Si tenemos en cuenta que lo que el PNV plantea, a su vez, es «soberanía compartida, bilateralidad y que el País Vasco y Navarra conformen una misma estructura política», dicho esto por uno de sus líderes más moderados, nos podemos hacer una idea aproximada de qué es lo que se avecina en materia política en nuestro país.
Y hay nervios en el PNV, dividido por la mitad en torno a dos estrategias incompatibles, presididas ambas por la convicción de que si Batasuna pasa a ser legal y se presenta a las próximas elecciones, va a lograr no menos de 15 escaños. ¿Y quién perdería la mayor parte de esos escaños que se llevarían los abertzales? Evidentemente, el PNV. Y, así como Josu Jon Imaz sigue defendiendo un gran pacto capaz de integrar las distintas posiciones políticas que hoy se dan en el País Vasco, aunque su partido pierda posiciones electorales, Egibar e Ibarretxe están dispuestos a todo para adquirir el protagonismo político que ahora no tienen e impedir lo que más temen: que el PSE y Batasuna hagan sobre ellos una pinza que acabe por ahogarles.
Y eso es así, y en términos superlativos, a pesar de que hoy domingo, en la celebración del Día de la Patria Vasca, la línea oficial del partido, que es la que logró imponer en octubre Josu Jon Imaz, sea la que todos vayan a lanzar a los cuatro vientos.Pero hay nervios. Muchos.
victoria.prego@elmundo.es

Escribe un comentario