Nos encontramos en un momento muy delicado de la coyuntura macroeconómica .No me refiero al cúmulo de desequilibrios, los cuales ya no parecen sorprender a nadie, sino al hecho de que las propias autoridades monetarias (BCE y Reserva Federal) no parecen estar ya tan seguras de cómo proceder. Yo tampoco lo estoy, y los análisis que nos llegan parecen apuntar a que lo mismo les sucede a otros economistas.Uno de los ejemplos de lo anterior es la reciente y rápida dispersión en los vaticinios sobre en qué nivel los tipos de interés tocarán techo este año en EEUU. Hace pocos días, algunos bancos de inversión comenzaron a plantearse, sin rubor, que la Fed podría llegar a elevar el precio del dinero hasta el 6%.
De modo similar, la desenfrenada carrera al alza en las cotizaciones de distintos recursos básicos parece haber sorprendido a más de uno. Pero aquí también surge la aparente paradoja de que hasta las propias empresas mineras o petroquímicas desconfían de la sostenibilidad a medio y largo plazo de los precios actuales.De ahí, en teoría, que lo conservador de sus planes de inversión haya contribuido, al menos a corto plazo, a las alzas en los precios. La cuestión inmediata a la que nos enfrentamos es si la solidez de la expansión económica actual es de veras tal.Personalmente, continúo estando más del lado de quienes anticipan que, más pronto que tarde, las cifras económicas comenzarán a apuntar a una moderación. De estar en lo cierto, entonces muchos de los recientes movimientos en los mercados acabarían mostrándose como equivocados. Pero hasta entonces, la tónica actual seguirá siendo la misma.
Alejandro Bueso es director de Bolsamanía.

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