La Coctelera

Caffè Reggio

Un lugar de encuentro, para leer juntos

13 Abril 2006

Los vengativos Borbones, Francia y el Acto de Toulouse, de Iñaki Anasagasti en su Weblog

El viernes 14 de abril se cumplen 75 años de la llegada, a través de Eibar, de la República al estado español. Fecha para haber tirado cohetes pero fecha también englobada en la Semana Santa y en un pacto de discreción. Si al rey no le dejamos celebrar el treinta aniversario de su llegada, vía Franco, al trono, la República no iba a ser recordada a pesar de que al presidente del gobierno Zapatero los franquistas le fusilaran a su abuelo por no sumarse al Glorioso Movimiento Nacional.

El rey podía haber hecho un pequeño gesto en su reciente viaje a París y Toulouse de hace una semana. Muy cerca de esta ciudad se encuentra el cementerio de Montauban donde está enterrado Manuel Azaña, que fue presidente de la República. Pero no lo hizo. Tampoco la Casa Real dio facilidades para que estuvieran presentes en la reunión del 29 en Toulouse en un apañadito acto con republicanos en ciudad tan señalada. Hablaron de reconciliación de las dos Españas, pero las cámaras y fotógrafos sólo pudieron captar unos instantes de los discursos oficiales de plástico porque por instrucciones de la Casa Real debieron salir de la sede de la Prefectura de la región Midi-Pyrénees donde se celebró el acto. D. Juan Carlos evitó en su discurso el término “republicano” y no hubo más bandera que la monárquica. Más de uno comentó que podían haber tenido el detalle de no ponerla.

Por eso conviene recordar aquellos jugosos comentarios de Machado y de Pérez de Ayala tras esta visita a Francia del actual Borbón.

Antonio Machado, que años después recordaba, nostálgico, el 14 de abril de 1931, dijo sobre esta fecha: “!Aquellas horas, Dios mío, tejidas todas ellas con el más puro lino de la esperanza, cuando unos pocos viejos republicanos izamos la bandera tricolor en el Ayuntamiento de Segovia!...” Antidinástico, también, fue el novelista Ramón Pérez de Ayala, que en su ensayo En torno a la revolución española, se atrevió a escribir cosas como ésta:

“… Los Borbones, como se sabe, son una familia francesa. Los propios franceses, después de una larga experiencia a su costa, han definido esta familia diciendo que los Borbones nunca aprenden ni nunca olvidan. Llevan una fatalidad en la sangre. Parafraseando la definición francesa, pudiéramos decir que los Borbones son incorregibles (improgresivos) y resentidos (vengativos). Puestas en juego estas cualidades dentro del curso histórico, resultará que una monarquía borbónica será siempre incompatible y se opondrá por todos los medios a cualquier movimiento de progreso político y a la evolución liberal de los tiempos…

“En el siglo XIX los franceses ensayaron por tres veces, con tres distintos reyes, la conciliación de una monarquía borbónica y del régimen democrático. La experiencia demostró la imposibilidad de una avenencia recíproca. Es como si se intentase hacer dolicocéfalo a un teutón o braquicéfalo a un bereber…

“La casa de Borbón, francesa, y la casa de Habsburgo, austriaca, han proveído con ejemplares de fundación o de cruza a casi todas las dinastías europeas.

“Probablemente las luchas y penalidades que costó la democratización de las monarquías europeas en el pasado siglo se debe a la refractariedad e irreductibilidad de la sangre borbónica y austriaca con la democracia. En las monarquías libres, o apenas teñidas de estas dos sangres, la democratización fue sencilla.

“Las dos únicas monarquías donde no se pudo llegar a la democratización sincera (y, por lo regular, ni aparente) han sido Austria y España. La dinastía española lleva en las venas una mezcla de sangre borbónica y austriaca, sin contar las aportaciones irregulares, clandestinas o fraudulentas, perfectamente comprobadas, pues los Borbones, y sobre todo las Borbonas, raras veces han sido dechado de honestidad y continencia.

COMO EL BISONTE Y EL RINOCERONTE

“Las monarquías desaparecen del haz del planeta como el bisonte y el rinoceronte, especies que se mantienen sólo en conserva, o como dicen los norteamericanos, en “reserva”. El único procedimiento que se ha hallado para mantener en conserva las monarquías, y en la vertiente de su esterilidad y anulación, ha sido someterlas a la dieta permanente de la democratización y el liberalismo. A esto se llama ser monárquico por razones históricas.

“Un inglés por ejemplo, no tiene razones históricas para dejar de ser monárquico. Cánovas, el restaurador de la monarquía española, era –equivocado o no- monárquico por razones históricas, según él mismo declaraba. Lo era, porque no creía en la capacidad del pueblo español para la república. Abominable inmoralidad, porque cuando un gobernante no cree en su pueblo, debe retirarse de la política. Y, además, notable estupidez, porque ningún pueblo posee capacidad republicana hasta que la adquiere con el uso y el ejercicio, como nadie aprenderá nunca a nadar si no se sumerge en el agua.

“Francia necesitó cerca de un siglo para adquirir capacidad republicana. Alemania lleva doce años dando traspiés. Pero, teóricamente, Cánovas era republicano. En la intimidad solía decir: “Los españoles tenemos, para hacernos perdonar del resto del mundo, cuatro vergüenzas: los borbones, la intolerancia religiosa, los pronunciamientos y la viruela”. Es una declaración republicana por pasiva, en la cual sobran tres miembros. Con enunciar el primero, bastaba. Los otros son sus corolarios.”

Esta era, a grandes rasgos, la atmósfera que se respiraba en abril de 1931. Hoy, sin embargo, nada de esto es noticia. El 14 de abril va a pasar por debajo de la mesa.

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