El debate que hay abierto en Izquierda Unida (Asturias), entre los partidarios de la tendencia comunista de Francisco Frutos y los seguidores de la línea moderada que representa Gaspar Llamazares, es una manera de pasar el tiempo gastando pólvora en salvas. Para el futuro de IU, este debate es estéril. Para la supervivencia del PCA lo mismo: clamorosamente inútil. Y para la izquierda, en general, esta disputa, protagonizada por los miembros de uno de sus grupos más representativos, equivale a un fallo de su inteligencia crítica.
Por lo visto, el signo de este tiempo tan ambiguo como frívolo es atizar conflictos superfluos para mantener viva la acción política en una democracia tan manipulada como la española. La vida política en el interior de los partidos no tiene por qué ser tan beatífica y silenciosa como la vida monástica en el seno de una comunidad trapense, para que la opinión pública admire a sus protagonistas.
El debate no solamente es recomendable para la buena salud política de los partidos, sino muy necesario para conservar las buenas formas democráticas. Me refiero al debate inteligente; al que se nutre con ideas, más no de intereses personales.
Tengo la impresión de que ese enfrentamiento en el interior de IU está inspirado más por intereses que por ideas. Por ejemplo: el interés que despierta el hecho de poder compartir -- he dicho compartir ?-- actividades con el gobierno del partido que representa la FSA es más fuerte que la idea de diferenciarse (ideológica y políticamente) del PSOE dinástico, que sostiene --a la lima y al limón con el PP-- el régimen que le da vida a la Corona...
La pregunta que conviene hacerse, antes de decidirse a apostar por uno u otro bando beligerante, es si aún quedan comunistas de verdad en esta democracia. Si los hubiere, quién es más comunista: Llamazares o Frutos? Dicho de otra manera: quién es más comunista en la coalición de IU en Asturias? García Valledor o Fernández Junquera-Huergo?
NO HAYuna medida -- qué pena...!-- que nos permita evaluar la intensidad marxista que pueda haber en el discurso de la izquierda en la actualidad. Que yo sepa, sólo existe la posibilidad de calcular el grado de su entusiasmo por la democracia; lo cual, es lo mismo que intentar ponderar el peso de la nada. Al fin y al cabo, ésto es la democracia española: nada, con una Constitución que es el resultado del ambiguo reciclaje sociológico al que fue sometido el Antiguo Régimen . Tan anticomunista, como se recordará...
Estas disputas sobre el sexo de los ángeles, en el seno de la izquierda, que se salvó (parcialmente) de su naufragio en los Pactos de La Moncloa, únicamente sirven para que la derecha --incluídos sus epígonos actuales...-- disimule sus debilidades, camufle sus errores, oculte sus flaquezas y prosiga con sus obsesiones históricas. La principal: salvar a España. Una tarea épica, que --como se sabe-- consiste fundamentalmente en perseguir a los comunistas. Aunque ya no los haya...
Si por algo se caracteriza la derecha española es por su pensamiento subjetivo. El anticomunismo que aún hierve en el ánimo de la mayoría de los demócratas --incluidos los que proclaman su izquierdismo-- es un subjetivismo heredado de la reciente cultura política impartida durante casi medio siglo, por la derecha franquista; la cual, al parecer, es muy pegadiza. La Transición significó el triunfo de ese subjetivismo político sobre la necesidad de concienciar a los ciudadanos desde unas perspectivas políticas objetivamente planteadas.
ESE TRIUNFOse advierte, por ejemplo, en el texto del artículo 8 de la Constitución de 1978, según la cual la defensa de la integridad territorial y el ordenamiento constitucional les es confiada a las Fuerzas Armadas para su defensa, al mismo tiempo que deben garantizar la soberanía e independencia de España (El general Franco -paradigma de la desconfianza rural...- le habría dado su visto bueno sin dudarlo ni un segundo).
Sumergidos, los españoles, en este espeso subjetivismo político, lo más probable es que el debate, que ahora desasosiega a los militantes de Izquierda Unida en Asturias, no sea más que un ruido producido por el choque frontal de dos grupos que ponen a prueba sus respectivos criterios subjetivos sobre el ser de izquierda, y comunista, y el estar en la cúpula de la actividad política compartiendo -o así...-- gobierno con los socialdemócratas del PSOE.
Un sábado santo --día 9 de abril de 1977--, Adolfo Suárez firmaba la legalización del PCE "porque no podemos hacer una democracia con credibilidad sin legalizar al Partido Comunista de España". Desde entonces, han transcurrido 29 años; el tiempo necesario para crear un ciudadano ética y estéticamente democrático, objetivamente crítico; probablemente también marxista. O liberal. Pero, hoy, nadie diría que aquello fue verdad.
Lorenzo. Cordero Periodista.
N.E. El párrafo en negrita y cursiva, que figura en la versión papel de La Voz de Asturias, no figura en la versión digital
http://www.lavozdeasturias.com/noticias/noticia.asp?pkid=265884
Internet también tiene duendes y en este periódico mas que en ninguno.

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