El día que en la agencia de viajes le dijeron que por qué no solicitaba la tarjeta dorada de Renfe, Consuelo se dio cuenta de que ya no había marcha atrás. El botox y las cremas reafirmantes, reestructurantes y rejuvenecedoras no podían luchar ya contra la evidencia. Había entrado en el grupo de la tercera edad y no le hacía gracia, por mucho que Sharon Stone explicara que se sentía más sexy que nunca. Era, oficialmente, vieja. Y además se sentía sola. Después de 10 años de haberse separado, por primera vez echaba de menos un hombre, un compañero.
Su hija, que se acababa de divorciar, le habló de www.elmundodelsingle.com.Le explicó que no era una agencia matrimonial, ni tenía nada que ver con los viajes de ancianos. Que era una especie de club de gente soltera y que no iban a las cenas, los viajes de fin de semana o los cursos de idiomas en el extranjero únicamente para encontrar pareja, que se reunían para conocer gente y no tener que ir solos en un crucero o a ver Cabaret, como le había ocurrido a Consuelo. En uno de los viajes de fin de semana, Consuelo conoció a Alfredo. Un dentista viudo, jubilado, que decía que estaba harto de pasarse los fines de semana jugando al golf con sus amigos casados. Congeniaron, empezaron a coincidir en todos los actos que organizaba El Mundo del Single y se dieron cuenta de que eran muy parecidos. Así que poco a poco fueron quedando a solas y se enamoraron.

El día que fueron a reservar un crucero por los fiordos y pidieron un camarote «de matrimonio» empezó una carrera contra reloj para ambos. Consuelo fue a su ginecólogo y le pidió un lubricante vaginal. Alfredo, por su parte, habló con un colega médico que le consiguió Viagra en cantidad más que suficiente para los 15 días de crucero.

La primera noche no se diferenció demasiado de las primeras noches que habían vivido a lo largo de su vida. La pasión fue la misma y todo resultó agradable y satisfactorio. Una vez superada la prueba, ambos afirmaron (después de asegurarse de que el otro iba a comentar lo mismo) que el sexo era muy importante en una relación de pareja. Y esa frase les estuvo rondando durante las dos semanas de viaje. En el fondo aquello era su viaje de novios y ya se sabe que la tradición exige que la pareja se pase el día metida en la cama. Así que Consuelo estuvo todo el viaje dando por sentado que tenían que, como en su viaje de novios, hacer el amor al menos una vez al día y que si no participaba de ello, Alfredo pensaría que era una anciana frígida. Y Alfredo, al ver el ánimo de su novia, hacía todo lo posible por satisfacerla.Así que se pasaron los 15 días temiendo cada uno por su lado el momento de llegar al camarote por la noche.

Lo que podía haber sido un viaje romántico perfecto fue una travesía dura y estresante. Cuando llegaron a Madrid, ambos dijeron, casi al unísono, que mejor cogían taxis separados y que ya se llamarían.Después de cuatro meses sin saber nada el uno del otro, Alfredo se armó de valor y decidió coger el teléfono y sincerarse. Explicarle a Consuelo que no estaba tan en forma como ella y que la adoraba y quería estar con ella, pero que si el sexo le resultaba tan importante, él no podía satisfacerla plenamente. Consuelo se echó a reír y salió de la depresión en la que había entrado después de la ruptura. Le explicó que ella pensaba que era ella la que no estaba a la altura de la frecuencia sexual. Desde entonces están juntos y hacen el amor, sin ayuda, mucho más a menudo y mejor que lo que, a priori, pensaban.