El ex ministro de Defensa, José Bono, se ha despedido de la bandera y de las Fuerzas Armadas con un beso y una arenga llenándose la boca de España, después de haberse tragado el Estatuto de Cataluña. Lo suyo, además del folklorismo al que Bono nos tenía acostumbrados desde que tomó posesión en el Gobierno, ha sido el beso de Judas, o el beso de despedida a la España que encontró y que como dijo una vez Alfonso Guerra, otro traidor, cuando pase el gobierno de Zapatero no la reconocerá ni la madre que la parió. De momento, por ahí va la nación catalana y por allí viene la vasca, mientras el ex ministro de Defensa regresa a sus prados manchegos, algún día se sabrá por qué, pero en todo caso no por patriota español, porque en ese caso debió dejar el Gobierno hace ya unos meses.
El Evangelio de Judas, que fue descubierto hace decenas de años en una tumba egipcia, ha sido recuperado en fecha reciente por la prestigiosa revista National Geografic que lo ha presentado ante la opinión pública internacional como toda una revelación porque de su traducción del copto se deduce que Judas traicionó a Jesús por encargo de su Maestro para poder así, tras la dolorosa pasión que en estos días se conmemora, liberarse de su cuerpo y alcanzar la gloriosa resurrección de la que hablan las otras escrituras sagradas.
O sea que según los científicos que han estudiado el citado documento Judas no fue un traidor sino que cumplió las órdenes de Jesús, facilitando su entrega y posterior muerte como si de un macabro ejercicio de eutanasia se tratara. Desde Roma no se acepta esta última versión de Judas que hace años patrocinaba la secta de los llamados cainitas.
Algo parecido a lo que ocurre en Madrid con nuestro Judas manchego particular, que para unos hacía el papel de falso españolista por encargo de Zapatero hasta que no pudo seguir con la ficción después de todo lo dicho y de su permanente sobre actuación. Y, al final –vaya usted a saber–, a lo mejor lo cazan con 30 monedas de plata acuñadas en la localidad de Seseña, donde habita el monstruo del lago Ness español, condecorado que dicen fue por un ministro del PP por ser uno de los reyes del pelotazo ladrillero nacional y otras hierbas, aviones y yates de espectacular tamaño, una vez que el pocero del nuevo petróleo de la construcción fue divisado en compañía de políticos de diversa filiación. Los extremos se tocan.
Después de darse un baño de multitud mediática Pepe Bono organizó un festejo militar a las puertas de su ex ministerio y allí lanzó una arenga con la perogrullada de que los españoles si estamos unidos somos más fuertes, declaró su amor a España como Bruto a Roma, y se dejó adular por sus generales de despacho con discurso del JEMAD, Felix Sanz, de puro peloteo al jefe y con citas al macartismo, para decirle que se va como un soldado que ha cumplido con su deber
Lo que no se puede hacer ni en política, ni con la sopa es soplar y sorber a la vez. De ahí que oponerse al Estatuto catalán y al mismo tiempo declamar la lealtad al Presidente del Gobierno tal y como pretendía Bono es algo imposible, y al final se rompió el cántaro y el encanto de esta tormentosa relación que viene de lejos, de la lucha entre ambos por el control del PSOE. Y que veremos si acaba aquí porque Bono, que es creyente, apuesta por la resurrección de la carne y no descarta que esa España a la que dio simbólicamente el beso de Judas en la bandera lo reclame un día como salvador nacional. Difícil será lo de su regreso, sobre todo si tras esta espantada sobrevenida de improviso hay algo más. Ahora quien piensa que Bono se va a estar quieto y callado se va a equivocar. Ahí está Aznar que dijo que se retiraba y que no para de hablar.
A lo mejor Bono piensa, siguiendo la cita del JEMAD, volver a la política como el general Mc Arthur regresó a Filipinas donde también estuvo de visita el ex ministro. No lo va a tener fácil con su partido, con otro habría que ver. De momento pasó como un cohete por el Gobierno de la nación, apenas dos años en el cargo y en tan escaso tiempo demasiadas noticias y demasiado ruido a su alrededor. Trajo las tropas de Iraq por orden de Zapatero y subió el sueldo las Fuerzas Armadas. Ese es su legado, pero nos falta por saber la causa que aceleró esta despedida y que nunca explicó.

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