Italia está dividida como nunca, en política, ideología y territorios, y así lo refleja el apretado resultado electoral que da la victoria a la izquierda de Romano Prodi con un 49,8 por 100 de los votos frente al 49,7 por 100 de la derecha de Silvio Berlusconi, ¡una décima de diferencia!, y además todavía en discusión.
Y todo ello con un repugnante olor a olla podrida, a pucherazo de la mano del primer ministro saliente y perdedor, Silvio Berlusconi, que no consiente su derrota y que en la madrugada de hoy se negaba a reconocer la victoria de Romano Prodi su paciente y no menos desesperado adversario ante el escandaloso proceso de recuento de votos vivido anoche en Italia.
En teoría, la izquierda gana en la Cámara Baja del Palacio Montecitorio y se lleva una amplia mayoría de escaños, que le permitirán a Prodi formar Gobierno. Pero los del Olivo pierden en el Palacio Madama, sede del Senado, donde la derecha, con su gran coalición del Polo de la Libertad, montará su resistencia e impedirá a Prodi cualquier iniciativa legislativa que no sea del agrado de Berlusconi quien, posiblemente, nos depare alguna sorpresa antes de reconocer la derrota legal en estos crispados comicios italianos que ya auguran elecciones anticipadas si es que antes no aparece una crisis institucional de mayor cuantía.
Todo esto se veía venir desde el mismo momento en el que el primer ministro italiano, Silvio Berlusconi, se lanzó al esperpento en el tramo final de su campaña electoral. Llamando gilipollas a los italianos que no le votarán y tras montar unos lamentables espectáculos televisivos, para agitar y movilizar a su electorado, il cavaliere, lejos de convocar la atención en su favor aparecía como un político desesperado al que el espejito mágico de sus propias encuestas le decía una y otra vez que el vencedor era Romano Prodi.
Sin embargo Berlusconi lucho hasta el final, manipuló su ejército audiovisual sin piedad y movilizó a mas de un 83,6 por 100 del electorado en beneficio de su coalición, porque la participación alta favorece a la derecha, mientras el fantasma del pucherazo crecía y sobrevolaba, en la noche electoral, el ministerio del Interior desde donde se resistían a dar resultados finales cuando habían pasado doce horas desde el inicio del escrutinio y solo faltaba un 3,5 por 100 por desvelar.
En principio, se va Berlusconi, un político espectáculo que renació de entre las cenizas de aquella Democracia Cristiana que sucumbió con el Partido Socialista en la gran corrupción – tangentópolis- que había inundado la vida pública en los tiempos de Craxi y Andreotti y de aquel gobierno pentapartito en la que los cinco coaligados se repartían todo, el poder, la influencia y la corrupción. Pero no sabemos hacia donde va Berlusconi ni si seguirá en política porque le esperan jueces y fiscales para que vaya a declarar. El tenía sus propias encuestas y se temió lo peor. Por ello cerró su campaña como todos los desesperados: denunciando una conspiración contra el de jueces, fiscales y periodistas, los que sin lugar a dudas le estarán esperando para que rinda cuentas por causa de sus abusos y de sus artimañas, entre las que se incluye un gigantesco control de la prensa y de la radio y la televisión privadas, amén de las públicas, como una parte importante de su gigantesco grupo empresarial.
En España, Berlusconi también tiene causas pendientes ante la Audiencia Nacional que estaban suspendidas por la inmunidad de su cargo que ahora, si se confirma la derrota, desaparecerá. Causas de los tiempos iniciales de Telecinco y la tropa de Miguel Durán en sus tiempos de la ONCE, que durmieron el sueño de los justos durante los años de Gobierno del amigo de Berlusconi, José María Aznar, con el que el italiano ha pasado vacaciones por el Mediterráneo.
Berlusconi, otro amigo de Bush que como Aznar y Blair está en la decadencia política (la maldición de Iraq),y que también estuvo implicado en la guerra de Iraq y mandó allí soldados, como España. Soldados “azurri” que allí siguen a la espera de una pronta retirada porque Prodi les prometió la vuelta a casa si ganaba las elecciones y como hizo Zapatero lo cumplirá. Pero Berlusconi lo que si tuvo en esa guerra fue la habilidad de no aparecer en la famosa foto de las Azores y eso le permitió jugar a una cierta ambigüedad aunque la guerra también habrá pesado en la derrota de su coalición, porque era una firme bandera de la hoy victoriosa, por los pelos, oposición.
Hoy se puede decir en Italia a los seguidores de Prodi ese dicho ya tan español de la “amarga victoria”. Aunque, si es victoria al final y aunque les falte el Senado, algo es algo porque se habrán liberado del autócrata omnipresente Berlusconi y eso es ya todo un triunfo y una señal. Entre otras cosas porque acabarán con su monopolio mediático y se dará paso a los jueces y fiscales para que investiguen el presunto imperio corrupto de este personaje que casi se había autonombrado emperador. Que cambio las leyes en su personal y solo beneficio, que hizo un sistema electoral a su medida y que a pesar de todo ya se ve haciendo las maletas en el Palacio del Quirinal con destino a sus palacios privados que a buen seguro no le faltarán.
Por detrás, Berlusconi deja una Italia dividida, lejos de Europa, endeudada hasta el cuello y con un escaso crecimiento económico y social. Un país genial pero en crisis política e institucional que veremos como sale de este nuevo diseño bicolor y a la vez bicameral, mientras en el norte arrecian tensiones territoriales y en la capital, Roma, la Roma eterna, espléndida y genial, se abre un tiempo de tormentas políticas que Prodi, il profesore, tendrá que sortear. Veremos como sale Italia de todo esto, que saldrá, porque este país hasta en las peores circunstancia siempre tuvo ingenio para progresar.

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