El presidente Zapatero, súcubo de un Rubalcaba que ha invadido su presidencia y la nueva estrategia de su disparatado mandato, presume de controlar la situación política nacional y de saber a donde va lo que no es cierto. Lo único verdadero es la presunción del presidente es el haber domado, a punta de látigo, a la oposición del PP que ruge pero no muerde y que parece aceptar, como masoquistas de la política, la asombrosa deriva que ha tomado la nave de España en este momento crucial.

Pero Zapatero sigue jugando con fuego y cree tener a todos, propios y ajenos, metidos en la gigantesca trampa de su liderazgo de sonrisa y de cartón piedra que pone España en cuarentena con la misma facilidad y frivolidad con la que presume ser de izquierdas y republicano – lo que en nada se corresponde con su acción política y con su escasez democrática – o se lanza a la negociación con ETA hablando de paz, sin la garantía previa del anuncio de la entrega de las armas, bajando la guardia del Estado de Derecho y protegiendo declaraciones tan indecentes como las que han hecho públicas algunas parlamentarias vascas del PSOE afirmando que la negociación con ETA se debe llevar a cabo “sin condiciones”, es decir de igual a igual.

Lo que supone que el Estado democrático debe sentarse con ETA al mismo nivel si queremos que esta banda de terroristas nos haga el favor de dejar de matar. Y como adorno de este retablo pacificador, que Zapatero quiere completar con el regalo del Gernica de Picaso al nacionalismo vasco – como al catalán le han regalado parte del archivo de Salamanca y el Castillo del Montjuich -, el presidente pretende dibujar de comparsas adoradores a los primeros dirigentes del PP, a los que descalifica a diario. Bien por boca de ese Demóstenes de la política que es Pepiño Blanco, bien por boca o la manipulación de Alfredo Pérez Rubalcaba, un inquietante profesional de la política elevado al cargo de ministro de Interior y de negociador con ETA, lo que sumado a las andanzas de Conde Pumpido, Patxi López, o a la dicho y hecho por las parlamentarias vascas del PSOE en las últimas horas, son motivos mas que suficientes para que el PP se retire del proceso negociador con ETA. Porque los llevan del ronzal y a palos a no se sabe donde.

Y esto lo debe denunciar y decir el PP por boca de Rajoy o a través de portavoces que estén dotados de la mayor credibilidad, porque ni Angel Acebes ni Eduardo Zaplana – empeñados ambos en defenderse así mismos y en mirar hacia atrás – no están en condiciones de asumir en los difíciles momentos políticos actuales el liderazgo del PP que usurpan a diario, metidos como están además en oscuras maniobras políticas y mediáticas. ¿Con que autoridad habla Acebes del ministerio de Interior después de lo que le pasó e hizo él ante la crisis del 11M, motivo mas que suficientes para que él y el entonces portavoz del Gobierno, Zaplana, estuvieran en un segundo o tercer plano del Partido Popular?

El PP corre el riesgo de que Zapatero convoque unas elecciones anticipadas para pedir el apoyo de los españoles a la negociación con ETA si los populares se plantan de una vez y le retiran su apoyo a Zapatero, unificando su posición en las grandes cuestiones de Estado con las que el Gobierno y el PSOE tienen a España en jaque – las reformas de la Constitución y estatutaria, la negociación con ETA, involución y control de los medios de comunicación, patadas al Estado de Derecho, etc -, pero mas vale que así sea. Y que si llega el caso los populares se pongan una vez rojos en vez de ciento amarillos, como ahora es el caso, mientras les llaman extremistas por un lado y les exigen sumisión y silencio por el otro. Si pierden las elecciones al menos que no sea por su mansedumbre sino por su coherencia.

Pero esto no puede seguir así porque el nombramiento de Rubalcaba ha sido, sin lugar a dudas, un desafío y una provocación al PP, amén de un posible error de Zapatero dado que este ambicioso e inquietante personaje estará ahora convencido de que quien va a mandar a partir de ahora en el Gobierno será él, como ya lo hizo semanas atrás a causa de las negociaciones sobre el estatuto catalán, y el cambio de ERC por CiU, sabiendo además como se sabe que el nuevo ministro – de la seguridad, de la intimidad y de los procesos electorales de los españoles (sic), entre otras cosas – es el negociador oficial con ETA y el nexo de González y del Grupo Prisa con el Gobierno, lo que se hará notar en fecha no lejana.

Han sido los poderes fácticos del Gobierno y del PSOE los que seguramente nombraron – y no Zapatero, como parece- ministro de Interior a Rubalcaba, tras la intempestiva fuga o cese de José Bono. Una salida que aún está por explicar aunque conocidas eran las discrepancias españolistas del ex ministro de Defensa con Zapatero y con su modelo confederal del Estado, e incluso con el proceso abierto de negociación con ETA. Aquí hay algo mas y tarde o temprano se sabrá.

En el PSOE están eufóricos porque creen tener o tienen al PP arrinconado, solo y a la vez de rodillas tocándole las palmas a Zapatero para que negocie con ETA lo que sea y como sea. Es decir, como han firmado algunas diputadas vascas socialistas, de igual a igual, o sin condiciones. O dicho de manera mas clara, sin pedir perdón a las víctimas, sin entregar previamente las armas, sin condenar el terrorismo, simplemente cambiando presos por tregua, y por supuesto sin renunciar a la independencia del País Vasco.

Todo esto que se veía venir, mas el resto de asuntos pendientes y en curso, debieron ser el objeto de los debates de la pasada Convención del PP donde además también se debió proceder as la renovación de cargos. Pero esa fue una ocasión perdida en la que Rajoy dijo que había que mirar al futuro, mientras que Aznar y sus escoltas, Zaplana y Acebes, no paraban de mirar hacia atrás. El PP debe de poner un poco de cohesión y de orden en su casa y luego dar un paseo al frente y decirle a Zapatero que no se puede trocear todo el debate nacional, porque muchas cuestiones en curso afectan a España y al Estado y no pueden ir de comparsas en unas y de víctimas en las otras. Eso además de una clara tomadura de pelo sería por parte del PP, ante sus votantes, un fraude electoral.