Marcello vio un día a Isidro Fainé por el campo andaluz, en plena montería, vestido con el traje de la Citty con el pantalón a rayas, el paraguas y el bombín, mientras los otros banqueros que figuraban por allí parecían figurines de pitiminí con sus medias rosas, plumas de faisán y toda clase de perifollos austriacos con los que les gusta disfrazarse a ciertas anticuallas que van pegando tiros por ahí. Un santo varón, además de maestro de periodistas, le dijo ese día a Marcello que Fainé era otro santo pero además persona de valía y de sentido común.
Veremos, dijo Marcello, moviendo el bigote y el tiempo casi le da la razón. Porque lo de la OPA de Gas Natural, a lomos del ministro Montilla y con Maragall y Zapatero de maceros de la ceremonia que con la que se investía a La Caixa como el Banco Nacional Catalán ,en pleno estatuto del desafío constitucional a España, decía poco bueno del director general de la Caja catalana, donde un tormentoso Fornesa se resiste a jubilarse después de haber llevado de manera ruidosa y nada disimulada la caza de Endesa donde el maño Pizarro se defiende con uñas y dientes del acoso del nacionalismo catalán.
Lo grave de la actual situación, enrocada en los juzgados de Madrid con aval de mil millones, es que acabe bien o mal la agresiva OPA de Gas Natural todo esto ya le ha costado muy caro a La Caixa, en clientes, imagen y dinero, y puede que la cosa no se quede ahí, sino que vaya a peor si alguien no lo remedia. A Marcello le han contado que hace pocos días, comentando la situación, declaraba Fainé: “ si alguien quisiera tirar por la borda la imagen y los años de buen trabajo en La Caixa, solo tendría que imaginar una operación tan mal hecha y llevada como la de la OPA de Endesa”. No sabemos si esta frase es de Fainé o apócrifa, pero encaja en el personaje y coincide con los últimos movimientos estratégicos que hablan de una negociación discreta y pacífica entre Fainé y Pizarro en pos de una solución o reparto (cada uno en su casa) español de las OPAS, como alternativa al monstruo alemán de EON.
Ojalá que así sea porque, hasta ahora, los órdagos políticos solo los han dado Zapatero y Maragall, mientras que el PP ha hecho gestos pero no ha sacado el as de bastos, lo que podría ocurrir en su desesperada situación advirtiéndoles a todos los españoles de los riesgos de esta operación de La Caixa – como lo declaró Fornesa sin ambages – como parte del pago de los pactos de gobierno y de estatuto entre Zapatero, el PSC y CiU. Es decir metiendo de lleno la política en el sistema energético y bancario español. Lo que agitado por el PP – como al parecer se está estudiando en la cúpula del partido – podría tener efectos demoledores para La Caixa en el territorio financiero español.
Los cazadores saben que al jabalí viejo, canoso y de codiciados colmillos solo lo pueden tumbar de un disparo en el codillo a su paso por el cortadero. Pero si se falla el disparo de la bala de plata y la fiera acosada se mete en el monte – como en los tribunales está acogida a sagrado, Endesa - , entonces adiós trofeo y que se cuide el cazador tocado con plumas o con bombín de entrar en el monte cerrado para buscar la pieza huida porque el cazador podría salir cazado y quedar en muy mala posición.
Por eso celebro que Fainé aparque la guerra y busque la diplomacia. Y no solo por lo que a Gas Natural – y a su semental Gabarro se refiere – sino por La Caixa, incluso por la imagen, en el resto de España, del pueblo y empresariado catalán. Hay demasiadas heridas abiertas en España como para que La Caixa, aprovechando la locura de la clase política, se acerque a un costado y clave un puñal. Es verdad que entre empresas hay guerras y competencias pero estas deben ser en buena lid y dándole a la caza también su oportunidad. A fin y al cabo este deporte suele serlo de caballeros y esa es la impresión que nos dio Fainé un día en el campo andaluz. Y tendría maldita gracia que el banquero catalán se vistiera de la Citty para cazar y de cazador en el campo empresarial. Y ¿el seny? Pues eso es, ahora, lo que tienen que demostrar.

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