Una de cada cuatro pesetas que se mueve en nuestro país procede del denominado dinero negro, dinero fraudulento, que no pasa por el tamiz de la legalidad, no se declara a Hacienda, no pisa la Seguridad Social y se disfruta con impunidad y recochineo frente a los poderes públicos y a la mismísima sociedad civil.
Seis de cada diez agencias inmobiliarias acepta dinero negro en sus pagos y además uno de cada cuatro billetes de 500 euros que circulan en la Unión Europea- donde hay 341 millones de billetes morados- está en España, con crecimientos anuales de hasta el 35% en los dos últimos años. Son datos de los Técnicos Financieros del Ministerio de Economía.
El Consejo General del Notariado de España- que de esto sabe algo- y el abogado Garrigues en el último observatorio de la Vivienda insistían en que el boom de la vivienda mueve tal cantidad de dinero que se genera corrupción.
La insuficiente financiación de las administraciones locales, y la apropiación de las plusvalías, los procedimientos no objetivos de transformación del suelo y la conversión de los patrimonios municipales del suelo en instrumentos especulativos, son algunas claves de este informe que, por sí solos, y mezclados con unos gestores sin escrúpulos sirven de paisaje para Marbella, pero también para otras tantas localidades costeras y no costeras.
Esta triste realidad surge de la incapacidad del Estado y los poderes públicos para hacer frente al aluvión de pillos en un sector inmobiliario que está detrás del florecimiento de la economía española en la última década. Todo crecimiento tiene sus quistes y aquí se han convertido en metástasis. Y por supuesto una mayoría de empresarios actúa en la legalidad.
Y dice el recién nombrado fiscal anticorrupción de delitos urbanísticos, Antonio Vercher, que lo de Marbella no es nada comparado con lo que mueven otras mafias. Bueno, o son las declaraciones de un novato o estamos ante un problema de dimensiones estratosféricas.
Y de Marbella, el inmobiliario y el dinero negro al otro fraude, el de la Seguridad Social, más sangrante si cabe puesto que se solapa con el debate de la salud del sistema y su aguante en los próximos años.
Que alguien relacionado con la prensa rosa, al que no le falta el dinero, haya aparecido intentando arreglar los papeles de uno de sus familiares para que cobre la invalidez permanente muestra la debilidad del sistema, más allá del episodio de corrupción. A veces parece deporte nacional engañar a la Seguridad Social, como lo es la costumbre de los ayuntamientos financiarse con la especulación del suelo.
Desde que la receta del abuelo sirva para comprar las aspirinas de la familia numerosa, a que se compren productos caros con receta para venderlos en el mercado negro de familiares y amigos, pasando por los inválidos permanentes que de repente se convierten en incapaces transitorios porque la cuantía de la pensión es mayor, o los que cobran el paro y trabajan, o los extranjeros que practican la moda de venir a nuestro país a operarse de enfermedades que en su país no soporta la medicina pública, unos y otros, provocan un enorme agujero de fraude en la Seguridad Social que se pierde por la alcantarilla.
El dinero negro campa a sus anchas y supera la media de Europa dejando fuera del sistema una cuarta parte del PIB, que suma más de 900.000 millones de euros. Y todo parece normal como la vida misma. Im-presionante.

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