En dos años, el Gobierno de Zapatero ha elevado los compromisos económicos con Asturias sin mostrar cercanía.

Dentro de una semana se cumplirán los dos años de la formación del Gobierno de Zapatero, un aniversario que tiene lugar en Asturias en medio de un fuerte debate sobre el tren de alta velocidad, algo que no estaba en las previsiones de los socialistas. La FSA y el Principado querían fijar su atención en la regeneración del tejido industrial, con la ubicación de la regasificadora y las inversiones en ciclos combinados, pero les sorprendió el rebrote del viejo debate asturiano sobre los retrasos en las infraestructuras de transporte, acompañado de fuertes críticas al Gobierno. Entre las valoraciones de unos y otros queda espacio para hacerse la pregunta: ¿Cómo es la actuación del Gobierno de Zapatero en Asturias?

Con los números en la mano -los Presupuestos Generales del Estado son públicos-, el balance del Gobierno es más que notable. No hay nada como medir las cuentas por comparación: la inversión per cápita es en Asturias de 725,9 euros, mientras que en el resto de España es de 460,3 euros. Aragón es la única comunidad autónoma que recibe más inversión per cápita que nosotros, al tener una ratio de 748 euros. El tripartito catalán, con 403 euros por habitante, o el famoso 'lobby' socialista andaluz, con 400 euros, se quedan muy lejos del dinero que recibimos los asturianos por la vía de las inversiones del Gobierno. En 2005, el volumen de las partidas destinadas a nuestra región creció en un 9,7% -pese a que el año anterior había sido año electoral- y en el presente 2006 el incremento de las inversiones es de 13,2%. ¿Un 23% en dos años! Los datos no son elásticos como las opiniones, así que, si se conocen las cifras, no cabe hablar de una región abandonada por el Gobierno.

Esta valoración se mantiene si observamos que Zapatero no ha silenciado ninguna demanda planteada. Tras la victoria del 14 de marzo, el presidente Areces -con alguna precipitación- dio a conocer un decálogo de reivindicaciones. Pues bien, en mayor o menor medida, todas han tenido respuesta. La ministra de Sanidad, Elena Salgado, se mostraba remisa a cofinanciar el Hospital Central, pero Zapatero ha aceptado participar en la operación con 72 millones de euros. El ministro de Industria, José Montilla, daba largas a la inclusión de la regasificadora en el Plan Energético Nacional y, sin embargo, la regasificadora ya está incluida en el mismo. Por no hablar de la ampliación de El Musel, la autovía del Cantábrico, la variante de Pajares, la autovía Oviedo-La Espina, los enlaces de la autovía minera o el metrotrén. Quizás lo más notable sean los 1.710 millones en fondos mineros para una región con 4.000 mineros. Queda la respuesta parcial e insuficiente dada a la petición de rescate del peaje del Huerna, una demanda costosísima que trataba de desandar una decisión tomada por el Gobierno de Aznar al ampliar el peaje por 29 años.

Con un territorio nacional estructurado por comunidades autónomas es difícil imaginar que el Gobierno central pueda aceptar más compromisos para una región con un millón de habitantes sin que el resto de gobiernos autonómicos alcen la voz. Expuestos los datos, surge la pregunta: ¿Qué ocurre entonces para que el ciudadano no perciba esa realidad?

Una pregunta difícil de contestar si pensamos que en Asturias hay un Gobierno de izquierdas con mayoría socialista, así que no cabe hablar de guerra entre administraciones. No hay un poder institucional en nuestra región que quiera poner sordina a las inversiones de Zapatero, así que habrá que buscar la respuesta por otro lado.

Ni prioridades ni ministros

Un primer argumento, aunque muy modesto, tiene que ver con la nula voluntad del Gobierno de jerarquizar las actuaciones. No puede ser que la autovía Oviedo-La Espina se ponga al mismo nivel que la autovía del Cantábrico. O que dentro de esta última autovía no tenga prioridad el tramo Unquera-Llanes. Aunque para jerarquizar las actuaciones hace falta que haya un criterio político por encima del técnico, y ahí ya nos estamos acercando al núcleo de la cuestión, porque la ministra de Fomento, Magdalena Álvarez, puede conocer muy bien la problemática andaluza, pero desconoce la asturiana. El intento de construir una nueva autovía que comunique con la Meseta da idea del despiste ministerial.

La ausencia de prioridades en las actuaciones es sólo una parte de una realidad mucho más preocupante que tiene que ver con la falta de presencia del Gobierno Zapatero en el territorio. No existe un plan de visitas programadas que acompañe la realización de las actuaciones. La primera piedra de la ampliación de El Musel no fue lo suficientemente importante para merecer la presencia de Magdalena Álvarez. Esta ministra tiene inaugurado algún tramo de autovía a distancia. Aquí se destinan 1.710 millones de euros a las cuencas mineras y sólo hay el testimonio gráfico de un apretón de manos. Se ve que todos los días le llueven 300.000 millones de las antiguas pesetas a un territorio de un millón de habitantes.

Con la excepción del delegado del Gobierno, Antonio Trevín, no hay un representante institucional que dé la cara. Aquí vimos cómo un secretario de Estado de Infraestructuras tuvo el desparpajo de decirnos en cierta ocasión que no quería dar plazos sobre el metrotrén para no causar decepciones. Verdaderamente asombroso.

A un año de las elecciones autonómicas y municipales, el problema trasciende al Gobierno Zapatero y debería preocupar a toda la familia socialista. La cuestión podría plantearse así: el esfuerzo inversor de la Administración central no tiene ninguna capitalización política. A partir de aquí no es extraño que los debates queden completamente desvirtuados -como el de la alta velocidad, al que volveremos otro día-. El problema trasciende a la agenda de los ministros y tiene que ver con los síntomas de agotamiento del ciclo socialista en Asturias. Un ejemplo: cuando gobernaba Aznar, la derecha hizo lo imposible por entrar en las cuencas mineras, el corazón electoral de la izquierda asturiana; con Zapatero y Areces, el socialismo circunvala Oviedo, para evitar que el PP pueda perder un voto.