La figura del infiltrado ha sido, es y seguirá siendo clave a la hora de luchar contra entramados criminales como la organización terrorista en cualquier lugar del mundo. También en España. Desde la Transición, colocar informadores en las estructuras directivas de ETA ha sido una obsesión de los responsables de la Seguridad del Estado. «Desde dentro es más fácil controlar». Serán ellos los que consigan facilitar información de primera mano al Gobierno sobre cuánto de verdad tienen el alto el fuego decretado por la dirección etarra. Sus datos serán clave para verificar que el proceso que está en ciernes no es una nueva estratagema terrorista como la de 1998.
Fue precisamente los datos aportados por una infiltrada en aquella época los que pusieron sobre aviso al Ejecutivo de Aznar de que la tregua indefinida anunciada por ETA podía ser una maniobra para rearmarse, que la voluntad real de los terroristas no era negociar ni hablar. Y fue una policía de base nacida en Logroño, conocida en el mundo policial como Aránzazu, la que lanzó los mensajes de aviso. Su intervención, además de facilitar información clave sobre todo el entramado etarra en Guipúzcoa, evitó que los etarras perpetraran un asesinato que estaban preparando.Uno de los topos más conocidos fue Lobo, que estuvo infiltrado durante dos años en las estructuras operativas de la organización terrorista. Fue el responsable de que los principales activistas de ETA en 1975 fueran capturados en Madrid y Barcelona.

Coincidiendo en el tiempo con el trabajo de Lobo, Jesús Arrondo, Cocoliso, logró infiltrarse también en las filas de ETA. Logró atraer a España a un grupo de activistas de ETA que estaban deseando separarse del terror. Arrondo falleció en un accidente de tráfico tiempo después. En la misma época, un agente de la Guardia Civil, Andrés Pastrana, también logró burlar las vigilancias internas de ETA. Contactó, entre otros, con uno de los históricos de ETA, Txomin Iturbe Abasolo, al que se presentó diciendo que era guardia civil y que estaba en desacuerdo con la situación política. Fue sometido a duros interrogatorios y a innumerables pruebas que superó con éxito. Durante meses logró mantener comunicación con los dirigentes de ETA.

Pero, aunque la infiltración ha sido una constante en la lucha antiterrorista la labor no es nada fácil. Según explican fuentes de la lucha antiterrorista, hay una serie de especialistas policiales que realizan trabajos de ojeadores. Buscan funcionarios policiales con un perfil «normal». Una vez seleccionado, se le somete a un adoctrinamiento tenaz y perseverante sobre el entramado criminal en el que se infiltrará y a un durísimo entrenamiento. Simultáneamente, los agentes de los servicios de asuntos internos analizarán cuáles pueden ser sus debilidades. El infiltrado da cuenta únicamente a su «controlador», un sólo mando policial o, a lo sumo, dos.Los únicos que conocen la identidad de ese topo y el trabajo que está realizando.