El jueves, Bono, a quien le gusta darse importancia como a pocos, no hacía más que dar pistas sobre su marcha. Lo de darse importancia no es, desde luego, un juego literario, ya que llegó a comparar su cese con el famoso sábado santo rojo que significó la legalización del PCE. Bono habló del Viernes de Dolores como aquél que marca su salida del ministerio.

Ese mismo día 6 de abril, y tras la sesión parlamentaria, se dirigió a un cuartel. Se trataba de la Academia de Ingenieros del Ejército, situada en Hoyo de Manzanares, en la provincia de Madrid. El ministro se dirigió a un soldado que se había licenciado como número uno de su promoción y le comentó: “Acuérdate de lo que te digo muchacho, yo voy a dejar de ser ministro pero tú vas a ser general”. Nunca Bono había dicho una verdad tan grande.

Ya por la noche, en la planta décima del Ministerio de Defensa, había tenido lugar una cena a la que acudieron el jefe de prensa José Luis Fernández Peña, el subsecretario, Justo Zambrana, el director del Gabinete, Fernández Palacios, el secretario de Estado, Francisco Pardo, su asesor personal, Cristóbal Rozalen y el presidente de Castilla-La Mancha, José María Barreda.

En la cena, Bono anunció que se iba, que el viernes hará público su abandono y les comenta prácticamente lo mismo que lo que dijo el viernes en la rueda de prensa. De todos los asistentes, sólo Pardo y Rozalen sabían el secreto que Bono iba a comunicar. Durante la cena, el ex ministro recibió hasta cuatro llamadas de Zapatero, no para pedirle que continuase, sino para mimarle y saber cómo se encontraba.

El secretario de Organización socialista, José Blanco, recibió también una llamada el jueves por la noche mediante la que fue convocado a la reunión en Moncloa de primera hora del viernes para tratar la ‘crisis’. A ella asistió el estado mayor de Zapatero: Rubalcaba, De la Vega, Blanco y el propio presidente del Gobierno. Por lo tanto, la crisis se gestó entre la noche del jueves y la mañana del viernes. Tras ella, Zapatero tendrá controlados los dos grandes sistemas de información, el civil y el militar.

Los acontecimientos se habían desencadenado pocos días antes. El domingo 26 de marzo, el presidente del Gobierno y José Bono mantuvieron una larga reunión privada en la Moncloa por la tarde. Era al día siguiente de su viaje a Roma, y dos días después de la entrada en vigor del alto el fuego de ETA. ¿De qué hablaron? Fue una larga conversación cara a cara. En ella, Bono le vino a decir que el asunto tenía que solucionarse, en referencia a una carta que el todavía ministro remitió al presidente entre finales de enero y principios de febrero, en la que presentaba su dimisión.

Los ministros le hacen el vacío

Sin embargo, la primera vez que el ministro comentó a Zapatero que quería abandonar el Gobierno fue antes de Navidades, cuando le trasladó que, en su opinión, ya no pintaba nada y que comenzaba a sentirse incómodo porque algunos ministros le hacían el vacío, le criticaban los catalanes o le acusaban de estar próximo al ex presidente José María Aznar por ciertas declaraciones.

En el Ministerio del Interior el relevo de su titular tampoco ha sido una sorpresa completa. De hecho, en los últimos meses era conocido en determinados despachos el interés de José Antonio Alonso por abandonar un departamento en el que, aseguran, “no se sentía cómodo”, sobre todo ahora, a punto de empezar un proceso de paz que él, personalmente, reconocía en privado que no veía “claro”. Por ello, según estas fuentes, el que fuera su compañero de estudios pidió al presidente del Gobierno hace tiempo un cambio de aires, y, aunque él hubiera preferido, como juez, recabar en Justicia, la sólida posición en este Ministerio del canario Juan Fernando López Aguilar, le ha enviado finalmente a Defensa.

En Interior dan por hecho que Alonso contará con gran parte de su actual equipo en su nuevo destino, con una salvedad: no llevará con él a su actual número dos, el secretario de Estado de Seguridad, Antonio Camacho. Éste le fue impuesto a Alonso desde Moncloa cuando fue nombrado ministro -al igual que ocurrió con el general Carlos Gómez Arruche, director general de la Guardia Civil- y, de hecho, las discrepancias entre ambos han ido en aumento a lo largo de los dos años de legislatura hasta tal punto que en los últimos meses, según algunas fuentes del departamento, han actuado de modo casi autónomo. “Camacho era, realmente, el que dirigía el Ministerio”, llega a asegurar a El Confidencial una fuente de dicho departamento. Ahora, el nuevo titular de Defensa espera que Zapatero sí le deje hacer un equipo a su medida.

La crisis de Gobierno también obligará a mover el banquillo al Grupo Socialista en el Congreso de los Diputados. La mayoría de los diputados socialistas dan como seguro que será Diego López Garrido quien sustituya como portavoz parlamentario al nuevo ministro del Interior. Un relevo que se interpreta como sinónimo de continuidad, ya que el político madrileño era hasta ahora el número 2 del Grupo al ocupar el cargo de secretario general del mismo. Poco después Ferraz confirmaba que el secretario de Organización del PSOE, José Blanco, propondrá a Diego López Garrido para dicho puesto en la reunión de la Ejecutiva del partido del próximo 17 de abril. De allí, la propuesta de nombramiento irá al grupo parlamentario -donde no se esperan sorpresas- para que ratifiquen el nombramiento.