Vaya la primera para ERC, que no debería sentir tanto orgullo por haberse copiado la carta financiera de Iniciativa. Observada de lejos, la autofinanciación por cuota de cargos parece lo mejor, como tantas cosas que damos por buenas por el simple hecho de no haberlas examinado. Sin embargo, cuando te ponen esta flor debajo de la nariz, huele peor que los lirios. Más fétidas son las cloacas, de acuerdo, pero eso tampoco es nada agradable. Con este sistema no puede haber frontera nítida entre contribución voluntaria y extorsión, límites claros entre quienes deben la plaza al partido más que al mérito, quienes comulgan de veras, o los que, sin pensar en traicionar la confianza, aceptan un cargo por motivos profesionales (lo cual beneficia mucho a la Administración y al partido que la dirige). Si mucho es lo malo, lo peor de este sistema es que debe llevarse a rajatabla, so pena de que cunda el escaqueo, por lo que no permite ensanchar el círculo de los altos cargos ni contar para ellos con muchas de las personas más cualificadas, que ya sacrifican gran parte de sus ingresos por estar en la Administración. Por esa y otras razones que están en la mente de todos, bien puede decirse que Esquerra va por la política con un cardo en la mano.

¿Entonces? ¿No pretenden ustedes crecer como partido a la par que aumentan los partidarios del soberanismo de izquierdas? Pues no hagan cosas raras, y si las hacen, que sean de partido mayor, no de vocación minoritaria, opción respetable pero que no es la suya. Preconicen la Catalunya independiente, pero no independiente y puritana. Si quieren ser normales, que se discutan sus propuestas con tranquilidad en vez de ser descalificadas porque provienen de Esquerra, empiecen por homologarse, pidan la entrada en la única izquierda mayoritaria, la socialdemócrata; dejen de ser alternativos; adopten, entre tantos hábitos buenos y malos de la política, los mecanismos financieros de los demás, con aportaciones voluntarias y donaciones anónimas. Aunque el párrafo revista forma de consejo, tómenselo como una reflexión.

Digamos como intermedio hacia la segunda que, en este caso, podrían coincidir con Duran Lleida, que el lunes reclamó una drástica disminución del exagerado gasto electoral, una de las causas, añado, de la financiación irregular - muy distinta de la corrupción a pesar de su parentesco-, que todos niegan pero que a la vista está. En cuanto haya ley electoral propia, debería crearse una oficina que autorizara el gasto - con un límite proporcional al número de diputados- y analizara los costes de las campañas por módulos objetivos. Eso, y financiar con más dinero público a los partidos, con la seguridad de que la democracia nos saldría mucho más barata a los ciudadanos.

No hablaré en esta segunda reflexión sobre la conveniencia de que Duran sea ministro, ni en la teoría ni en la práctica, pero no puede dejar de resaltar que el líder de Unió representa casi en exclusiva al catalanismo de vocación españolista o, si lo prefieren, regeneracionista, de modo que sin su figura política ya no se hablaría de bisagra nacionalista entre Catalunya y España.

Interesa más, en ocasión del septuagésimo quinto aniversario de Unió, destacar la comodidad con la que este viejo partido es percibido en amplios sectores de la sociedad catalana. Disculpen que personalice y me meta en honduras, pero partiendo mis principios éticos del relativismo moral - considerando que el relativismo moral es el hijo único del humanismo ilustrado, el único compatible con la libertad del discernimiento individual y la sociedad avanzada-, tengo al Papa en este punto por un peligroso reaccionario, que si pudiera nos pondría a todos de grisáceo uniforme y encima diría que es blanco. Como soy relativista, GALLARDO estoy a la par de acuerdo en que la religión católica ocupe un lugar destacado en la sociedad, pero cuidado con la creciente intolerancia en la jerarquía. En cambio, con Unió, no me pondría de acuerdo, pero estaría cómodo en la discrepancia. Al no ser un partido confesional, sino del humanismo cristiano, asimismo ilustre aunque no ilustrado en el sentido de racionalista, Unió alberga un amplio espectro de la variabilidad de ideas y creencias sin perder su naturaleza. Aunque nunca sea noticia, lo más interesante del discurso de Duran fue el maridaje, o mejor dicho la compatibilidad y hasta complementariedad, bajo el denominador de la persona y la sociedad o comunidad, con las tradiciones liberales y las socialdemócratas, tan distintas de la suya.

Comparen a Unió con la derecha francesa, tan poco flexible, con el cinismo de la italiana, con la españolísima furia neocon del PP. Concluirán conmigo que pervive en este partido, que no es de izquierdas y no lo disimula, el mejor tesoro de sus fundadores, la herencia de responsabilidad civilizada que caracterizó el noucentisme. Otros podrían y deberían cultivarla, desde sus respectivas ideologías, claro. Y es lástima que no lo hagan.