El asesinato de Denis Donaldson, un veterano dirigente del IRA que hace pocas semanas confesó que había sido informador de la policía británica, ha sido valorado como duro golpe contra el proceso de paz en el Ulster por toda la prensa británica seria. Aunque el IRA y el Sinn Féin se han apresurado a negar cualquier implicación orgánica en tal asunto, nadie ha sido capaz de disipar las sospechas de que el hecho ha corrido a cargo de militantes republicanos, disidentes o no, que han aplicado por su cuenta el castigo que desde su fundación el IRA reserva a los traidores. Y eso significa una vuelta al uso de las armas, matiz arriba, matiz abajo.
De ahí la unanimidad de los diarios. Que se rompe, al menos en parte, a la hora de trazar perspectivas de futuro. Muy en línea con el escepticismo que casi siempre ha venido expresando hacia el proceso de paz, el más tajante ha sido el derechista THE DAILY TELEGRAPH: "La contención del IRA se ha acabado. Un público asqueado de esos bandidos y de su terrorismo sabe que cuando los representantes del IRA niegan su responsabilidad en un acto de violencia, lo contrario también puede ser cierto. En los últimos meses, la estrategia de Tony Blair se ha vuelto cada vez más ridícula. El secretario para Irlanda del Norte sigue ofreciendo una concesión ofensiva tras otra. La actuación de Blair ha alejado a mucha gente de su política y esas personas han elegido como portavoz al reverendo Ian Paisley (líder del derechista y radical 'lealista' probritánico). El Sinn Féin/IRA se muestra cada vez más incapaz de participar en un Gobierno constitucional y responsable y es cada vez más irrelevante. Blair tiene que admitir que la Asamblea autónoma del Ulster carece de futuro inmediato".
Recordando que el Gobierno británico y el irlandés están a punto de anunciar la reanudación, tras tres años de suspensión, de las actividades de la citada Asamblea, uno de los hitos del acuerdo de paz de Stormont, vayamos al editorial del prolaborista THE GUARDIAN: "El asesinato de Donaldson es otro golpe al proceso de paz y, al menos en parte, se debió concebir con ese objetivo. La cuestión política crucial es si el brutal asesinato ha sido sancionado, de un modo o de otro, por los actuales líderes republicanos. De la respuesta a ese interrogante depende el futuro político inmediato de Irlanda del Norte. Si el IRA estuviera implicado, ni el Gobierno británico ni el irlandés podrían seguir negociando con él. ... Hasta que la investigación policial del asesinato no confirme que las manos del IRA están limpias, y hasta que la comisión de seguimiento no garantice inequívocamente que lo sustancial del movimiento republicano únicamente actúa con medios pacíficos, la idea de compartir el poder chocará con la roca de las renovadas sospechas de los lealistas" (del reverendo Paisley).
Y, por último, la opinión de THE TIMES: "Si esa muerte había sido pensada para desestabilizar el proceso, la verdad es que lo ha logrado. Tony Blair y su colega irlandés, Bertie Ahern, pretenden poner en marcha el que se ha llamado 'plan B', la vuelta a la actividad de la Asamblea de Irlanda del Norte. Si ese plan no conduce a nada, Blair y Ahern deberían arriesgarse a aplicar el 'plan C', es decir, a consultar a los electores. La fecha para las elecciones a la Asamblea debería adelantarse al próximo otoño".

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