El jefe del Ejecutivo anuncia diversos actos de homenaje en el 75º aniversario de su proclamación - Asegura que aquel periodo de la Historia inspiró la Constitución del 78 y ahora su propia política

El presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, hizo ayer de la II República objeto de un triple homenaje político en el Senado. Confirmó, primero, su promesa -aún no cumplida- de que el Ejecutivo promoverá su reconocimiento oficial a través de una ley de memoria histórica en esta legislatura. Anunció, luego, una serie de actos con los que distintos organismos del Estado celebrarán el 75º aniversario de su proclamación, que se cumple la próxima semana. Pero además, Zapatero proclamó que la II República inspiró con su Carta Magna de 1931 la Constitución del 78 e inspira ahora también su propia política.
«La República Española es la experiencia del único periodo democrático que podemos contemplar en una mirada hacia nuestro pasado. La España de hoy mira a la España de la II República con reconocimiento y satisfacción y orgullo, al ver lo que hemos logrado hacer entre todos, en esta etapa constitucional», dijo Zapatero en la Cámara Alta en respuesta a una pregunta de control del senador de la Entesa Catalana de Progrès Carles Josep Bonet I Reyes, quien se interesó en recordarle que su compromiso con la ley de memoria era para 2004.

El senador afirmó en su intervención que «estamos en deuda con la República». Y se quejó de que su primer presidente, Niceto Alcalá Zamora, «no tenga siquiera una calle dedicada en Madrid» o que a Manuel Azaña sólo se le ha dedicado un «bochornoso carril de aceleración de la M-40».

A falta de calles, Rodríguez Zapatero prometió que habrá ley de memoria y glosó la serie de actos previstos para su homenaje. Informó de que la «Sociedad Estatal de Conmemoraciones Culturales y el Centro de Estudios Políticos y Constitucionales organizarán unas jornadas conmemorativas del 75º aniversario de la Constitución de 1931» que, puntualizó, «iluminó muchos aspectos de la Constitución de 1978, como todos sabemos».

«Esa misma Sociedad, en colaboración con la Residencia de Estudiantes, organizará una exposición y un festival de música», siguió informando Zapatero, quien arrancó los rumores más fuertes en los bancos populares al anunciar, por último, la edición de «un documental sobre este tema, coproducido por Televisión Española».

Zapatero siguió con su relato y anunció el proyecto teatral Las rutas de la barraca, hecho en colaboración con varias universidades, como «otro de los elementos simbólicos de la promoción cultural que representó la II República». Además, citó el premio Mujer y Parlamento Clara Campoamor, «que quiere reconocer la participación de las mujeres en la vida pública», y un convenio para la coedición de las obras de Manuel Azaña, de cuya propia memoria Zapatero quiso recuperar «aquella famosa frase, en la que pedía para el futuro paz, piedad y perdón».

Pero el jefe del Ejecutivo rindió un personal y tercer tributo a la II República, y entroncó los grandes ejes de su propia política de Gobierno en este mismo periodo de la Historia de España, cuyo «proyecto fue arrumbado por un golpe militar que desembocó en una trágica Guerra Civil».

Zapatero relacionó directamente los «anhelos sociales que estaban presentes en aquel proyecto de país» con las «iniciativas y realidades que la España de hoy contempla como pilares fundamentales de su convivencia».

El presidente se detuvo en proporcionar ejemplos: «Fue la II República», dijo en primer lugar, «quien introdujo el derecho de sufragio para las mujeres; este año vamos a aprobar una ley de igualdad». «Fue la II República», añadió en segundo lugar, «quien constitucionalizó por primera vez en nuestra Historia los derechos sociales; este año vamos a llevar a cabo un importante avance en derechos sociales».

«En definitiva», resumió, «muchos de los objetivos, de las grandes aspiraciones y conquistas que imprimieron los mejores valores de aquella época están hoy plenamente vigentes y con un alto grado de desarrollo en nuestro país».

Zapatero contextualizó su discurso desde la perspectiva de la actual «democracia consolidada, fuerte y ejemplar» y pasó casi de puntillas sobre la Transición como una época «brillante» que «convocó a todos y que dio una lección de cómo, cuando a los españoles nos dejan ser libres, sabemos autogobernarnos, sabemos mirar hacia el futuro y, por supuesto, sabemos construir un país con libertad, con justicia y con igualdad».