TENEMOS un problema con nuestros lectores. Un problema serio. Resulta que son unos desconfiados. Los lectores de La Voz de Galicia y de su edición digital dudan de que el Plan Galicia vaya a realizarse, porque creen que el Gobierno no va a cumplir lo prometido. En la edición digital de este periódico se ha hecho una encuesta, de esas que no tienen carácter científico pero sí ilustrativo y muy revelador, que deja unos resultados estremecedores. El 76% desconfían de las promesas.
A un servidor le ocurre lo mismo que a los lectores y a los gallegos en general. Que también desconfía de la realización del Plan Galicia. Lo que pasa es que no lo dice para que la ministra no le monte una bronca como la que estuvo a punto de montarles a unos colegas, que casi los descuartiza con la mirada porque le hicieron una pregunta incómoda. Cuando viene de gira a Galicia, viene a lo que viene. A descansar. A hacerse unas fotos, comer, darse un paseo y a dejar un par de promesas de esas que muy bien podría haber hecho el asistente de la secretaria del ayudante del director de departamento. Y por teléfono.
Pero el problema no lo tiene sólo la encantadora señora ministra. Lo tiene, sobre todo, este Gobierno autonómico que es incapaz de hacer entender a sus ciudadanos los giros, vaivenes y piruetas que le están metiendo al susodicho plan. Porque lo que tenemos ahora mismo encima los gallegos ya no es ni un problema de gestión. Es un problema de credibilidad. De que no nos creemos nada de lo que nos cuenten sobre el Plan Galicia. Lo dicen mayoritariamente los lectores de La Voz, los de su edición digital y todo hijo de vecino. Y lo diría un servidor, pero no se atreve. No vaya a ser que a la señora ministra le parezca mal, le dé un achuchón y tenga que dimitir.
Claro que, bien pensado, a lo mejor era la solución.

Escribe un comentario