Lo que nos faltaba. Carnaza de sectarios y controversia a la vista. Fue ayer por la mañana, en el Senado. Carlos Bonet (ERC) centró y el presidente remató. Que si el Gobierno tiene pensado celebrar el 75 aniversario de la Segunda República. Y Zapatero se tiró en plancha. No sólo piensa celebrarlo sino que arde en deseos de glosar el asombroso parecido de las aspiraciones de aquel régimen con el programa del actual Gobierno socialista.

Traerá cola eso de proclamar la "vigencia de muchos objetivos sociales de la Segunda República" gracias a "las políticas impulsadas por el actual Gobierno". Como aperitivo para el aniversario de la semana que viene, no está mal. Sobre todo porque se le quiere dotar de homenaje debido al régimen proclamado de forma pacífica aquel 14 de abril de 1931 y aniquilado a sangre y fuego cinco años después. La República no sobrevivió a sus dos poderosos enemigos, el Ejército y la Iglesia.

La reforma militar de Azaña -supresión de ascensos por méritos de guerra- formó la cantera de generales rebeldes del 36 (Franco, Goded, Orgaz, Fanjul, etcétera), pero setenta y cinco años después no hay riesgo de insumisión militar por esa considerable reducción en el número de generales y coroneles que planea el ministro Bono.

En cuanto a la jerarquía católica, se manifestó contra el nuevo régimen a los pocos días de su proclamación, aunque el mismísimo presidente, Alcalá Zamora, era católico, apostólico y romano. Apenas dos semanas después del nacimiento de la República, el cardenal primado, don Pedro Segura, publicó una pastoral de "abierta hostilidad”, al tiempo que "tomaba medidas para evadir los bienes de la Iglesia trasladándolos al extranjero", lo cual "nada ayudó a evitar que el 11 y 12 de mayo se quemaran varios conventos en Madrid, Andalucía y Valencia", como bien explica el historiador César Vidal, hoy famoso comunicador de la COPE, propiedad de la Iglesia, aunque Vidal no sea católico, lo cual explica cómo han cambiado las cosas desde entonces y hasta qué punto es arriesgado el intento de Zapatero por establecer paralelismos entre aquel y este tiempo democrático.

Setenta y cinco años después de lograrse el voto femenino -a pesar de las sacristías y los casinos-, hoy ya es posible que una mujer ocupe la vicepresidencia en el Gobierno e incluso visite el Vaticano luciendo el color cardenalicio. O que el mismísimo Sumo Pontífice apoye las gestiones pacificadoras de un Gobierno metido en tratos con una banda terrorista.

Realmente, no acabo de ver el asombroso parecido de nuestro tiempo con aquel periodo de "sueños y lágrimas" (Zapatero dixit). Pero estaré encantado con la reivindicación de la memoria republicana, siempre que no se limite a la edición de las obras completas de Manuel Azaña.