Están preocupados. A veces tienen rabia; otras, por qué no decirlo, miedo, cuando patrullan por esos montes de Dios. Los agentes forestales de la Comunidad denuncian hechos que no les permiten realizar su trabajo, que no es otro que vigilar y evitar las agresiones y problemas que se producen en el medio ambiente como les gustaría. La cosa llega al extremo de que, en ocasiones, su integridad física se ha visto en peligro.
La gravedad de estos hechos tiene su origen en una actividad específicamente prohibida por la normativa vigente en nuestra región: la circulación de vehículos motorizados por mitad de la naturaleza. Algo que incumplen con contumacia motos todoterreno y, en menor medida, quads y vehículos de dos ejes.
El principal inconveniente de los agentes es, precisamente, el no reconocimiento de su autoridad, que en el medio natural es similar a la que pueden tener otros cuerpos de seguridad, como el propio Servicio de Protección de la Naturaleza (Seprona) de la Guardia Civil.
Imagínense una pareja de forestales que, de patrulla, detecta a un grupo de motoristas recorriendo a su antojo el interior del Parque Regional de la Cuenca Alta del Manzanares -algo que pasa con frecuencia-, e intenta darle el alto.
Levantando la mano, sin más. Lo que menos puede pasarle es que les salpiquen de barro cuando pasen delante de ellos.
Esta falta de reconocimiento hace que, según datos aportados por los propios forestales, «escapa un 80%, sólo se logra detener al 20%; y eso siempre que se hayan tomado medidas previas para cortarles el paso», asegura Gregorio Palomo, secretario general del SAFTAM-CSIT, sindicato mayoritario entre el cuerpo de forestales de la región.
Una visita a los chats más calientes de los motoristas certifica estos extremos con delicias dedicadas a los forestales como las que siguen: «El día que se junte un grupo de moteros con mala leche alguno se acordará de las ruedas de los tacos». O: «Me jode que una panda de borrachos y vagos que siempre está en los bares de los pueblos y durmiendo bajo los pinos tenga que decidir lo que debamos hacer...». Más: «Mi trabajo es ir en moto, el vuestro es cazarnos y pasar de limpiar...». Ésta también: «Mi consejo es que no lleven placa de matrícula y cuando les dé el alto un agente forestal no se identifiquen... (luego) que denuncien a los agentes forestales por detenerles, perseguirles, etc...».Y la última de la selección: «Si ves al forestal, gas y con las piedras le das».
Con todo, este manifiesto desprecio a la autoridad de nuestra naturaleza no es lo peor de todo. Según denuncia un agente, que por razones obvias guarda el anonimato, «en nuestra base de Colmenar Viejo han entrado moteros y, allí dentro, nos han amenazado físicamente si seguíamos molestándoles». Y no ha pasado nada.
Bueno sí, que de un tiempo a esta parte, los agentes forestales cuando van a controlar a estos energúmenos, salen en patrulla de cuatro efectivos como mínimo. Algo que acarrea un lógico abandono de otras tareas y el control de zonas diferentes.
El afán de transgredir la legislación, hace que la falsificación de matrículas o el llevarlas tapadas con cintas sea habitual.Aparte de para no ser identificados, al no tener matriculado el vehículo, no se tiene que contratar un seguro, algo obligatorio a la hora de circular.
Las zonas que más sufren este azote son las de Colmenar Viejo y Hoyo de Manzanares, donde los moteros han trazado sus propios circuitos, que causan graves daños en áreas del interior del Parque Natural de la Cuenca Alta del Manzanares. Los entornos de Torrelaguna, Montejo e incluso el Parque Regional del Guadarrama también sufren su azote.
Desde el colectivo de forestales, un cuerpo con 129 años de historia, que depende de la Consejería de Medio Ambiente y que cuenta con 245 agentes, se apuntan algunas soluciones para el problema.
Una mejor colaboración entre los agentes y el Seprona sería el primero y más deseable de los puntos. Esto debe suponer una coordinación entre ambos colectivos, estableciendo actuaciones y estableprioridades, algo delicado y de tal complejidad, que exige la creación de una entidad sobre ambos colectivos que delimite tales funciones.
Además de ello, ayudarían a erradicar estos delitos la creación de zonas y circuitos estables dentro de la región para la práctica de la actividad de manera controlada (actualmente sólo existen algunos privados, ninguno público), el establecimiento de un régimen sancionador más duro (debiera equipararse a las nuevas medidas adoptadas en la circulación por carretera).
La puesta en marcha de campañas educativas (tanto sobre la figura del agente forestal como sobre los efectos del todoterreno en la naturaleza) y la ampliación de operativos de control en el medio natural.

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