EL optimismo de Jaime Rabanal sobre la capacidad de Asturias para asimilar la pérdida de fondos europeos no es compartido por el resto de partidos parlamentarios y por el empresariado. Para IU, la valoración del consejero de Economía es un intento de poner buena cara al mal tiempo; Jesús Iglesias, coordinador de IU, confía en aumentar los mecanismos de solidaridad territorial en España para compensar la mengua de las ayudas europeas. Alejandra Cuétara, portavoz del PP para asuntos económicos en la Junta General del Principado, considera que si Rabanal quiere hacer concesiones, mejor se dedica a bajar los impuestos a los asturianos en vez de «perdonar» a los países ricos de la UE el envío de fondos. Entre tanto, la FADE recuerda que la vicepresidenta, Fernández de la Vega, prometió más apoyo del Estado para paliar la disminución de ayudas europeas.

Perder fondos europeos no es un motivo de alegría para Asturias, como tampoco lo sería para cualquier otro territorio. Ahora bien, la situación en la que queda nuestra región tras el recorte europeo dista de ser dramática. Recibir 100 millones de euros menos al año no es para rasgarse las vestiduras. Lo que ocurre es que la clase política regional estima que las cosas van bien si se garantiza la llegada de muchos recursos foráneos. En Asturias se considera que una buena gestión de lo público pasa por convencer a otras administraciones que nos envíen dinero, con independencia de lo que después hagamos con él. El discurso de los fondos europeos es como el de los fondos mineros: la demanda de un territorio pobre que no busca ser rico sino que le garanticen todos los derechos que le corresponden por su pobreza. Por eso ningún líder político se compromete a poner la fecha de caducidad a las subvenciones, como ningún cojo pone fecha a sus muletas.

Es lógico que los portavoces del Gobierno del Principado planteen revitalizar el Fondo de Compensación Interterritorial; pero no nos engañemos, los mecanismos de solidaridad entre regiones no cotizan al alza en el debate nacional. Además, un día nos van a leer las cuentas de la economía asturiana y quedaremos sin capacidad de respuesta. Ya tenemos suficientes fondos, ahora hay que convertirlos en palanca de riqueza.