El juego de las cuatro diferencias, de Fernando Ónega en La Voz de Galicia
AYER pudimos percibir -visualizar, que dicen ahora los cursis- lo difícil que resultará la normalidad política vasca. Zapatero se encuentra sometido a tantas presiones como interlocutores pasan por su despacho. Si el interlocutor es Mariano Rajoy, le marca los límites de su apoyo, con negativa absoluta a cualquier concesión política a la banda ETA. Pero si, como ayer, el interlocutor es Juan José Ibarretxe, el horizonte que se acaricia no sólo es distinto, sino opuesto. Aunque el lendakari no se atreva a pronunciar esa palabra, sigue instalado en la meta de una consulta popular que pueda presentar a los suyos como el ejercicio de autodeterminación. Nada menos.
Y Zapatero, en medio. Oyendo y predicando. Asegurando a Rajoy que por Euskadi tampoco se romperá España. Atrayendo a Ibarretxe a su estrategia. Convirtiendo a Rajoy en colaborador, quién lo iba a decir. Haciendo de Ibarretxe un «agente activo», título reclamado por el propio lendakari. Y con un primer resultado: por el momento, controla la situación. Está en un momento dulce, donde nadie se atreve a llevarle la contraria: ni quien competirá con él por la Moncloa, ni quien ha visto ya rechazado su plan en el Congreso. La guinda la pone un buen diseño de imagen: con estas entrevistas, fotos, gestos cordiales y vistos buenos a su liderazgo en el llamado proceso de paz, está escenificando un momento parecido a la gloria.
Hecha esta constatación, cuidado. Ibarretxe está en disposición de arrimar el hombro para hacer irreversible la paz. Y no pide un precio impagable por esa actitud: se conforma con que Zapatero lo considere interlocutor habitual y privilegiado. Tiene un ramalazo independentista, pero nunca se le ve más contento que el día que anda por la Moncloa y puede dar una rueda de prensa en aquella sala. Pero ayer se hicieron visibles cuatro diferencias que algún día habrá que abordar.
Diferencia número 1: donde él ve acuerdos entre fuerzas políticas, no puede haber más que decisiones aprobadas en el Parlamento. Diferencia número 2: donde él planifica una consulta democrática al pueblo vasco, lo único posible es el referéndum de aprobación de la reforma del Estatuto de Autonomía. Diferencia número 3: donde él proyecta un escenario de diálogo con todas las fuerzas políticas, hay que poner la condición de que Batasuna sea legal después de aceptar el sistema y condenar el terrorismo. Y diferencia número 4: donde él imagina que la paz es la oportunidad para plantear sus ilusiones soberanistas, la lógica dice que no hay ni puede haber precio político ni nada que se le parezca. Salvado todo esto, se puede decir: lendakari, bienvenido al redil; pero ¡qué futuro más complejo nos aguarda!
