No fue fácil el alumbramiento del Gobierno tripartito en Cataluña.Corría el mes de diciembre de 2003, gobernaba el PP y Pasqual Maragall quería ser investido president de la Generalitat, aunque para ello tuviera que pactar con ERC, lo que a la dirección del Partido Socialista le parecía una auténtica locura.
Pero se firmó el Pacto del Tinell, Maragall hizo realidad su sueño y puso en marcha la maquinaria para que Cataluña tuviera un Estatuto mucho más ambicioso del que ha estado vigente durante los más de 20 años de pujolismo.

A los pocos días de formarse el Gobierno republicano-eco-socialista, se pudo comprobar no sólo el establecimiento de un rígido reparto de poder (en función de los resultados obtenidos en las elecciones autonómicas), sino que cada grupo actuaba como si cada una de esas parcelas fuese de su exclusiva propiedad. A propuesta de su hermano, Ernest Maragall fue nombrado secretario del nuevo Govern. El también socialista Joaquín Nadal, responsable del departamento de Política Territorial, nombró a su hermano Manel como secretario de Movilidad. Para no ser menos, el 7 de enero de 2004, Carod-Rovira consiguió que su hermano Apeles fuera designado director general de Asuntos Interdepartamentales. Pero, no pasó nada.

Después de todo, otros asuntos de mayor enjundia vendrían pronto a eclipsar esas primeras muestras de nepotismo de un Gobierno que había nacido con ínfulas regeneracionistas.

El 26 de enero, el diario Abc publicó que Carod-Rovira había mantenido una entrevista secreta con la dirección de ETA en el sur de Francia, a principios de ese mismo mes. El entonces conseller en cap había ocultado su encuentro incluso al president Maragall, quien, tras fuertes presiones de Zapatero, le destituyó de su cargo al día siguiente, aunque la mantuvo unos días como consejero.

El 18 de febrero de 2004, ETA declaró una tregua sólo en Cataluña.Carod se apuntó el tanto.

La tranquilidad no duró mucho tiempo. El 24 de mayo, el secretario de Comunicación de la Generalitat tuvo que renunciar a su cargo tras descubrirse un informe en el que se dividía a los medios catalanes en afines y hostiles al tripartito y se recomendaban estrategias para favorecer a los amigos con el reparto de subvenciones públicas. Carod acusó a CiU de la filtración de dicho informe.

Ese año, Maragall quiso hacer de la celebración del Onze de Setembre (a partir del nuevo Estatuto, día nacional de Cataluña) un acto para no olvidar. Se empeñó en que los Mossos d'Esquadra desfilasen ante la tribuna presidida por él mismo y, a toda prisa, la consejera de Interior, Montserrat Tura, tuvo que encargar decenas de trajes de gala para los mossos.

El president no dejó de aprovechar una sola ocasión para demostrar su afán catalanista. Así, a finales del mes de octubre, modificó la agenda de un viaje oficial a China para asistir como un forofo más a un partido de clasificación de la selección catalana de hockey sobre patines que se celebró en la isla de Macao, a donde también se trasladó, desde Barcelona, el líder de ERC, Carod-Rovira.

El asunto del hockey iba a dar mucho juego. El tripartito hizo lo indecible para lograr que la Federación Internacional de Patinaje reconociera a la selección catalana. El Gobierno se opuso a esta pretensión y logró que la Federación rechazara por amplia mayoría la inaudita propuesta. Tras la votación, Carod dijo: «Sería incomprensible que, a partir de ahora, alguien desde Cataluña diera su apoyo a la candidatura olímpica de Madrid para 2012».

Esa declaración levantó una ola de indignación y, de forma espontánea, se expandió el boicot al cava catalán, cuyas ventas cayeron en las navidades del 2004 un 10%, según los propios afectados.

El año 2005 no empezó con buen pie para el tripartito. El 27 de enero se produjo el conocido como «hundimiento del Carmel», que desató una auténtica tormenta política en el oasis catalán.

El 24 de febrero, durante un debate en el Parlament sobre ese asunto, Maragall insinuó que CiU había cobrado comisiones ilegales de las empresas constructoras. «El problema de CiU», dijo, «es el 3%».

El líder de CiU, Artur Mas, impulsó una querella por injurias y calumnias contra Maragall. El 10 de marzo se celebró el debate sobre una moción de censura propuesta por el PP de Cataluña.Maragall pidió disculpas a CiU, Mas anunció que retiraba la querella y el PP, un día después y antes de la votación, anunció que retiraba la moción de censura.

Durante la tercera semana del mes de mayo, el escándalo iba de nuevo a traspasar las fronteras de Cataluña y, esta vez, de forma aún más sonora y ridícula. El día 20, en pleno viaje oficial a Israel y durante una ofrenda floral en el Museo del Holocausto, la Embajada de España se vio forzada a retirar la bandera española del acto para no desagradar a Carod-Rovira, quien, aprovechando un paseo turístico por Jerusalén, se dejó fotografiar por el moll honorable con una corona de espinas sobre su cabeza.

El 30 de septiembre de 2005, cuando ya nadie daba un duro por él y gracias a una entrevista secreta entre Zapatero y Mas, el Estatuto salió adelante en el Parlament con un respaldo abrumadoramente mayoritario.

Quince días después y, por sorpresa, Maragall anunció una amplia remodelación de su Gobierno, que incluía la eliminación de ocho consejerías y el nombramiento como conseller de su hermano Ernest.Una vez aprobado el Estatuto, argumentó Maragall, «lo mejor está por venir».

De la crisis ni siquiera había informado al PSC, ni, por supuesto, al PSOE, aunque sí a Carod. La respuesta fue contundente y el president tuvo que dar marcha atrás. El 18 de octubre anunció que atrasaba la «necesaria remodelación unos días o semanas».Todavía estamos a la espera.

El 11 de noviembre, EL MUNDO reveló que la Caixa condonó al PSC un crédito de 6,5 millones de euros. El 17 de noviembre, este periódico informó de que la misma entidad también perdonó 2,7 millones a ERC tras incorporarse al tripartito.

El 21 de enero de 2006 se produjo otra reunión secreta entre Zapatero y Mas -que ni siquiera informó a Duran i Lleida- en la que se desatascó la negociación para presentar un texto consensuado ante la Comisión Constitucional del Congreso. Desde el Govern se quiso aguar la fiesta al líder de CiU filtrando durante varios días a la prensa los estudios e informes que para uso partidista se pagaron desde la Generalitat en tiempos de Pujol.

La respuesta no se hizo esperar. El 14 de marzo se supo que el Instituto Catalán de la Mujer, que depende del conseller en cap, Josep Bargalló, encargó a la esposa de éste un informe por el que se pagó 1.620 euros. Dos días después se conoció que el Departamento de Relaciones Institucionales de la Generalitat (Saura) encargó un informe sobre la felicidad a la Universidad Pompeu Fabra, por el que se pagaron 17.400 euros.

Días antes de la aprobación del Estatuto por el Congreso se supo que ERC ha enviado cartas a funcionarios dependientes de las consejerías que controla exigiéndoles el 20% de sus salarios como cuota para el partido. ERC ha acusado de la filtración a Saura. Joaquín Nadal ha dicho que este caso es «una tormenta en un vaso de agua». El Fiscal de Cataluña ha abierto diligencias.

Estos son los protagonistas del Estatuto que pasará a la Historia por definir a Cataluña como nación.

casimiro.g.abadillo@el-mundo.es