Tantas veces le habíamos escuchado al presidente asturiano del PP, Ovidio Sánchez, que un hipotético regreso a la política de Francisco Álvarez-Cascos llevaría al ex ministro a esferas más elevadas, y no a la actividad regional, que ahora nos ha dejado hecho un lío esa frasecita que dejó caer el gijonés en reciente visita a la villa de Jovellanos.

«Estoy dispuesto a darle a Asturias todo lo que Asturias quiera pedirme», manifestó Cascos, y las interpretaciones han ido cayendo como pedradas, aunque no en ojo de boticario.

Es decir, librada una primera disyuntiva, habría que acudir a la literalidad de la la frase y al bolero: «Si tú me dices ven, lo dejo todo».

Pero, ¿cuál es la referida disyuntiva? Pues que ese «todo lo que Asturias quiera pedirme» signifique que, o bien Cascos ya sabe que son inmensas las resistencias y grandes las grietas que se producirán con su colocación como candidato del PP en Asturias, o bien que ya ha comenzado el tanteo de Mariano Rajoy y Ángel Acebes para disponer de aspirantes a presidencias autonómicas que el PP no da por perdidas y que considera frágiles en manos socialistas, caso del Principado.

En la primera hipótesis, tendríamos a Ovidio Sánchez y a su equipo más cercano bien vigilantes de que no les desmonten el partido y, sobre todo, en ese estado de ataraxia que se alcanza en la perseverante oposición. No hay nada como permanecer en la bancada opositora, que es ese lugar del que nunca le echan a uno las urnas, especialmente si se logra que no fluctúe demasiado el número de escaños obtenido en los comicios autonómicos. Ahora bien, es cosa de justicia reconocerle a Ovidio Sánchez que aquí ha permanecido encadenado cuando sus aspiraciones políticas eran bien otras: diputado europeo, por ejemplo.

Por esta misma razón, no descartaban hace un tiempo en el PP que se suavizaría la resistencia de Sánchez a ser sustituido por Cascos -por mandato madrileño- si al actual presidente regional le ofrecieran un puente de plata. A él, y a sus más inmediatos colaboradores, que son cosa de un taxi o, acaso, de un microbús.

Diferente análisis merecen las circunstancias de Pilar Fernández Pardo, que, aun siendo hechura de Ovidio Sánchez, tiene anclajes locales tan singulares como bastantes de los militantes que huyeron a la URAS cuando la crisis de Álvarez-Cascos y Sergio Marqués. Así, los cimientos partidarios de Pardo son netamente anticasquistas, y también sólidos, lo que supondría un cruento espectáculo si se atisbase el retorno del ex ministro.

El PP gijonés vive tiempos tan encabritados que los cuatro ediles díscolos -Ezquerra, Peláez, Álvarez y Noval, especialmente este último- ven en el regreso del político gijonés la única fórmula para enderezar la junta local. Ni que decir tiene que las uñas retráctiles del pardismo se despliegan ante esa perspectiva. Por tanto, Gijón sería el principal baluarte resistente a la «hipótesis Cascos», aun contando con variables como una cohabitación a regañadientes entre el ex ministro y Fernández Pardo.

Hasta aquí, los cálculos derivados de que las prospecciones ya realizadas hayan arrojado la conclusión de que Álvarez-Cascos es incompatible con el laberinto asturiano del PP.

Sin embargo, ese «lo que Asturias quiera pedirme» apunta más bien a que los tanteos han comenzado hace poco, particularmente después de la convención nacional del PP celebrada hace unas semanas en Madrid, y a partir de la cual Rajoy marcó el calendario para colocar sus peones en los comicios autonómicos de 2007.

En este momento, Álvarez-Cascos acude con más frecuencia a la sede madrileña del PP, en la calle de Génova, donde ha seguido recibiendo el correo durante estos dos años del «paso atrás». Paulatinamente, las personas más próximas al ex ministro han ido viéndole más involucrado en la actualidad política, aunque sólo fuera mediante tribunas periodísticas para defender su gestión en el caso de la ampliación de El Musel o de la nueva terminal del aeropuerto de Barajas.

Y desde Galicia, el líder sucesor de Manuel Fraga, Alberto Núñez Feijoo, que fue alto cargo con Cascos en el pasado, parece estar proponiendo el nombre de su ex jefe como parte de la recuperación de poderes en el noroeste hispano, lo que incluye aspirar a Cantabria y a Asturias, y, posteriormente, al reino galaico. Con estos mimbres, y con la devoción que Ángel Acebes siente por quien fuera durante años su inmediato superior como secretario general del PP -y del que lo aprendió todo, aunque no con demasiado aprovechamiento-, se estaría tejiendo el cesto del retorno.

Pero la frase de marras del ex ministro, más allá de predecir el futuro, ha introducido otro elemento: un órdago de especial consistencia, un pesada losa sobre las espaldas de Ovidio Sánchez y Pilar Fernández Pardo, que podrían verse con fuerzas suficientes como candidatos electorales, pero que, de fracasar, dejarían al PP asturiano convertido en un erial que, escarmentado, sí pediría el retorno de Cascos. Por tanto, la catarsis casquista no se produciría antes del 2007, sino después, ya que resulta que si en algo coinciden sus próximos es que el ex ministro gijonés no tiene ninguna prisa.