PARA el análisis de la situación de un país o comunidad dependemos casi exclusivamente de la información estadística que elaboran y recopilan las distintas entidades dedicadas a ello.

Así, la información estadística suele dividirse en dos grandes tipos, coyuntural y estructural. La primera es aquella que se recaba para obtener indicadores inmediatos. Es útil para el análisis puntual de algún sector o actividad concreta y permite evaluar, por ejemplo, el impacto de un paro o una huelga en la producción, el comienzo en la actividad de nuevas empresas o el efecto de un impuesto o una regulación de reciente introducción.

Por el contrario, para analizar la situación general de una economía y su evolución ha de utilizarse información estructural formada por indicadores homogéneos que sinteticen los aspectos más relevantes.

Ambos tipos de información son importantes, pero cada uno ha de estar ajustado a su marco. En el caso de la información coyuntural, la extrapolación de sus resultados puede provocar lecturas erróneas de la realidad, pues los indicadores a corto plazo están sujetos a una variabilidad enorme. Ilustremos esto con un ejemplo. Supongamos que queremos analizar la situación de un sector en Asturias a lo largo de un año. En el mes de julio y de septiembre cierran dos empresas medianas, mientras que en noviembre abre una gran empresa que compensa la pérdida de empleo en las otras dos para dejar un crecimiento del empleo anual del 2%.

Pues bien, una situación razonablemente buena desde el punto de vista estructural podría llevarnos a lecturas muy dispares si utilizamos información coyuntural.Así, mientras en la primera parte del año alguien podría hablar de «preocupante estancamiento del empleo en el sector», al finalizar los meses de julio y setiembre podría incluso decir que «el sector está en franca decadencia, al registrar fuertes pérdidas de empleo». Por el contrario, el análisis coyuntural del mes de noviembre podría dar lugar a excesos de optimismo, con afirmaciones del tipo «Asturias se consolida como una de las comunidades punteras en dicho sector, con espectaculares aumentos en la ocupación».

Es decir, una evolución estructural moderadamente buena puede dar lugar a catastrofismos u optimismos injustificados si nos apoyamos sólo en información coyuntural. Dicho con otras palabras, el análisis de la información coyuntural puede dar lugar a lecturas parciales que no responden a la realidad, que finalmente es tozuda y reacia a servir como instrumento para confirmar prejuicios injustificados.

El uso de información coyuntural crea además un importante sesgo derivado de la distinta disponibilidad de información entre sectores. En la agricultura e industria es posible conocer con bastante detalle los indicadores de producción gracias a la relativa homogeneidad de sus productos y a su reducido tamaño en la economía. En cambio, en el sector terciario, el de los servicios, dicha disponibilidad de información a corto plazo es más bien escasa, dada la heterogeneidad del producto y su naturaleza intangible.

Asturias ha experimentado un proceso de terciarización considerable en estas dos últimas décadas, causado por la paulatina sustitución de actividad agrícola e industrial básica por una industria tecnológicamente avanzada y la consolidación del sector servicios como el más importante de la economía. Así, el descenso de muchos indicadores coyunturales agrícolas e industriales no muestran más que el proceso natural de modernización de una economía, aunque muchos quieran seguir viendo en ello una crisis perpetua.

Así, en el primer cuadro podemos ver la evolución de la ocupación en Asturias durante los últimos 20 años. Mientras el empleo en la agricultura y en la industria y energía disminuye, se estabiliza el empleo en la construcción y se dispara en el sector servicios. Lo mismo sucede si observamos la composición sectorial del Valor Añadido Bruto (VAB) de nuestra economía. En el segundo cuadro podemos ver una comparación de dicha composición para el caso asturiano y para la media española.

Distribución de la ocupación según sectores (en miles)

Asturias 1986 1991 1996 2001 2004 2005

Total 343 360 326 364 388 405

Agricultura 73 53 37 25 26 22

Industria y energía 95 83 70 74 72 74

Construcción 26 40 30 42 43 47

Servicios 148 184 189 223 248 263

Fuente: Encuesta de Población Activa (INE)

Evolución del peso relativo de cada sector en la economía (en % sobre el total)

Asturias 1986 1991 1996 2001 2004

Sector primario 4 3 3 2 2

Sector secundario 44 39 36 35 32

Energía 14 9 10 8 7

Industria 23 19 17 17 16

Construcción 7 11 9 10 10

Sector terciario 52 59 61 63 66

España 1986 1991 1996 2001 2004

Sector primario 6 4 5 3 3

Sector secundario 35 34 29 29 29

Energía 6 6 4 3 3

Industria 23 19 18 17 16

Construcción 6 9 7 9 10

Sector terciario 59 62 66 68 68

Fuente: CONTABILIDAD REGIONAL DE ESPAÑA (INE)

Los resultados concuerdan con los datos de ocupación, ya que el sector terciario consolida su importancia al pasar de representar la mitad de la producción de nuestra comunidad autónoma en 1986 a alcanzar los dos tercios en 2004. La comparación con España también nos revela que la composición asturiana presentaba una cierta anomalía, con un peso excesivo del sector secundario, nueve puntos por encima de la media española. Dicha diferencia se redujo, tras la larga reconversión industrial, a tres puntos, de tal manera que Asturias presenta, hoy en día, una composición propia de una comunidad moderna y desarrollada.

Por las razones expuestas, los análisis de situación o evolución de la economía y las comparaciones entre distintas comunidades y países suelen realizarse a partir de indicadores estructurales, como pueden ser los agregados macroeconómicos o las cifras homogéneas de empleo y de actividad. Entre los agregados macroeconómicos destaca el PIB per cápita en términos reales, el indicador utilizado por todos los organismos internacionales para realizar las comparaciones de riqueza generada, a partir del cual se suele construir el índice de convergencia. El PIB per cápita asturiano crece desde hace tiempo por encima de la media española, lo que se traduce en un mayor crecimiento del índice de convergencia con respecto a la media europea. Mientras Asturias ha recortado la distancia en nada menos que 7,8 puntos porcentuales en sólo cino años, España la ha recortado 5,6 puntos. Asturias es, así, la decimotercera comunidad en términos de PIB per cápita de España, y la décima dentro de las comunidades peninsulares, como puede comprobarse en el INE o Eurostat, que son los organismos oficiales de información estadística de España y Europa.

Por otra parte, la Encuesta de Población Activa nos muestra que la tasa de actividad está por debajo de la media española, situación en parte heredada como consecuencia de diversos factores. Por una parte, los procesos de prejubilación, especialmente intensos en nuestra comunidad, han expulsado del mercado laboral a miles de asturianos y, por otra, el mayor grado de envejecimiento relativo de nuestra población supone también otro obstáculo para la mejora de dicha tasa. También hay que citar aquí el distinto impacto del fenómeno de la inmigración, en la que las comunidades del Norte son receptoras de una menor inmigración que las del sur. En concreto, la población asturiana se ha mantenido estable o con leves descensos durante los últimos años, aunque la tendencia parece haberse invertido, en 2005 ya se registró una subida. Por otra parte, es cierto que aún quedan importantes colectivos, como el de los más jóvenes y la mujer, con tasas de actividad por debajo de la media nacional, aspectos en los que hay que trabajar para acercarnos, en la medida de lo posible y dadas nuestras características demográficas, a una situación de normalidad. En cualquier caso, la tasa de actividad ha pasado del 43,5% al 48,1% entre los años 1998 y 2005, lo que supone un enorme avance. Si descontamos el mayor efecto relativo de las prejubilaciones y jubilaciones en Asturias (un 25,4% frente al 18,6% nacional), la diferencia respecto a la media española en la tasa de actividad se reduce a poco más de dos puntos, situación que, sin poder considerarse buena, difiere mucho de la mala imagen que se suele dar de la tasa actividad asturiana.

La ocupación ha evolucionado positivamente en estos últimos años, como muestra el hecho de que ya se haya roto el año pasado la barrera histórica de los 400.000 puestos de trabajo. Como puede verse en el primer cuadro, se ha pasado de 326.000 ocupados en 1996 a los 405.000 en 2005, lo que supone un aumento de casi 80.000 empleos en la última década (un 24,2% más). Así, el análisis de los indicadores estructurales puede ofrecer fortalezas y debilidades, pero para nada una imagen de crisis continua que algunos parecen interesados en perpetuar: Asturias converge con España y Europa y se crea empleo a buen ritmo. Esta es la realidad asturiana, que nunca se podría explicar a partir de la búsqueda interesada de datos concretos de un mes en particular.

En resumen, frente a las diversas visiones que se pueden obtener del análisis de datos coyunturales, las series estructurales de la economía ofrecen una realidad alejada del pesimismo. Asturias todavía está por debajo de la media española en renta per cápita y en actividad, pero el salto cualitativo que se ha dado en las dos últimas décadas, y especialmente en estos últimos años, resulta sin duda significativo. Desde el año 2000, la economía asturiana crece por encima de la media española en PIB per cápita, como muestra el índice de convergencia, ha superado barreras históricas de empleo y la composición sectorial revela una modernización de su estructura económica, acorde con lo que se espera de una comunidad avanzada. Aún queda camino por recorrer, pero invocar todavía a los fantasmas de la crisis revela tal falta de rigor que sólo puede responder a intereses muy particulares. Aunque aún quedan muchas excepcionalidades en nuestra tierra, la mejor noticia para Asturias es, como ya se señala desde hace tiempo y como ponen de relieve los datos, que nuestra estructura económica es normal, aunque algunos se nieguen a verlo. Aceptemos nuestra situación con sus luces y sombras para poder dirigir los esfuerzos allí donde sean necesarios y, así, seguir colaborando en la construcción de una sociedad mejor. Conviene conocer la historia para entender el camino recorrido y, sobre todo, para no repetir errores del pasado. El futuro se construye mirando hacia delante, nunca de espaldas a él.

JAIME RABANAL. CONSEJERO DE ECONOMÍA Y ADMINISTRACIÓN PÚBLICA DEL GOBIERNO DEL PRINCIPADO DE ASTURIAS.