Hablamos, por una parte, del gas que le ha metido Cascos a la caldera regional, que tiene a todo quisque desconcertado. Ayer decíamos que estamos a la espera de lo que digan Ovidio Sánchez y Pilar Pardo sobre el aspirante del PP más conveniente para la cita electoral de 2007. Añadimos a Pardo a esta esperada declaración porque Gijón es pieza clave en todo comicio: aquí se mueve el balancín a izquierda o a derecha.

Pero por el flanco del PSOE, el portavoz socialista en la Junta, Fernando Lastra, ha venido a declarar que le importa un bledo a quien ponga el PP al frente de su lista. ¡Cualquiera lo diría! Tras la retirada de Cascos, quienes lo han mantenido vivo en los titulares informativos semana tras semana han sido políticos de la talla de las ministras Magdalena Álvarez o Carmen Calvo -verdaderos cerebros de las infraestructuras y de la cultura-; o mandatarios regionales como el consejero Francisco Buendía -algo forzado al hacer de malo-, o el mismísimo presidente Areces, que es el rayo que no cesa en resquemores casquistas. Buena parte de los asertos de estos cuatro valientes han consistido en verdaderas patadas contra el aguijón: los abundantes charcos que pisan -la ineficacia, vamos- han ido mitificando al ex ministro gijonés.

Y seguimos con gases. Entusiasmo generalizado en el Ayuntamiento de Gijón con la planta regasificadora de El Musel que acaba de incluir el Gobierno en la planificación energética nacional. Igual tanta alegría acaba en llanto a la vuelta de unos años, dada la enorme dependencia externa que supone el gas. E igual nos ponemos a producir electricidad con ese gas sin que haya líneas de alta tensión para evacuar la producción, que es la exacta situación actual. Pero además de estas cuestiones generales, examinemos un regocijo en particular. Resulta difícil explicar que IU haya puesto el grito en el cielo con la incineradora de Serín pero ahora aplauda una planta regasificadora aquí mismo. No entraremos en alarmismos, pero si existe tanta sensibilidad medioambiental no entendemos cómo IU olvida la abultada lista de accidentes gasísticos que suelen difundir sus hermanos los ecologistas.