Los resultados de las elecciones israelíes del pasado martes admiten fundamentalmente tres lecturas. Queda paso abierto para la política de retirada unilateral y parcial de los territorios ocupados en Cisjordania, de reducción y reagrupamiento de asentamientos y fijación de una frontera mediante el muro de separación en avanzada construcción. También supone un cambio generacional y de procedencia de los líderes políticos. Los actuales no tienen el aura de los padres fundadores tipo Ben Gurión y Golda Meir, o de los que lucharon por la creación del Estado de Israel con las armas y el terrorismo como Begin o Shamir. Ni tampoco aportan al poder el prestigio de haber salvado al país en calidad de brillantes jefes militares en las guerras con los vecinos países árabes, como ocurría con Rabin, Barak y Sharon. Por último, la distribución de los votos parece indicar el cansancio de un pueblo que desde 1948 ha vivido en permanente estado de guerra. Causante y a la vez víctima de la violencia. Ahora, deseoso de un sosiego que permita atender a los desniveles sociales y las contradicciones de una población heterogénea y con perceptibles aristas.
El descalabro en la urnas del derechista Likud y su jefe, Netanyahu, descarta la toma de posiciones de encastillamiento en la negativa a ultranza a renuncias en Palestina. Y aunque el partido Kadima (Adelante) fundado por Sharon y encabezado por Ehud Olmert ha quedado por debajo del 30% de los votos que estimaba como el mínimo presumible, ha obtenido la mayoría relativa y en él recaerá la responsabilidad de formar un gobierno de coalición con los laboristas y otros partidos bien dispuestos a la remodelación de la presencia israelí en los territorios ocupados y la aceptación de un Estado palestino.
Israel se acerca así un poco más a la hora de la verdad. La de resolver su drama histórico: el de su ubicación y definición territorial. En tiempos llegó a hablarse de hacer realidad un Estado hebreo en algún lugar exótico. Hasta en Madagascar. Pero la perseverancia de la diáspora en el mantenimiento del legado bíblico canalizó inevitablemente el regreso, la aliyá,hacia la tierra prometida, ya desde finales del siglo XIX. Luego el holocausto favoreció la recolonización masiva e hizo apremiante la creación del Estado de Israel, que fue efectiva en 1948 por decisión de la ONU. Y se consolidó en el mismo año al vencer el ejército israelí a los estados árabes vecinos.
La fulminante victoria israelí en la guerra de 1967, llamada de los Seis Días, abrió horizontes insospechados a la ubicación territorial de Israel de manera muy vinculada a su antigua historia. La larga ocupación de Cisjordania, Gaza y los altos de Golán suponía en primer lugar la consecución ideomitológica de la razón misma de la aliyá:el asentamiento judío en las que eran raíces más profundas de la identidad territorial. Lo que para los hebreos son tierras de Samaria y Judea. El hogar de origen. Jerusalén, con el muro del templo; Hebrón, lugar de enterramiento de los patriarcas Abraham y Jacob; y Jericó, Belén, Berseba... Era la realización del ideal del Gran Israel, con el añadido sustancioso de asegurar un lugar de atracción duradera al flujo inmigratorio del retorno desde la diáspora. Amén de ampliar sustancialmente el margen fronterizo para la defensa. Y, muy a tener en cuenta, acceder al dominio del agua del Jordán.
Desde entonces la práctica colonización israelí de los territorios ocupados fue constante, sistemática, creciente, imparable, hasta llegar a los 160 asentamientos actuales habitados por 250.000 colonos, y una tupida red de comunicaciones que los unen. Es como la realidad de un doble Israel. El originario oficial, reconocido internacionalmente, y el subrepticiamente ampliado a los territorios ocupados contra las resoluciones de la ONU. Aunque casi el segundo es, según como, con mayor propiedad el hogar de origen milenario de Israel. Sólo los levantamientos palestinos de las intifadas de 1987 hasta 1993 y desde el 2000 en adelante colocaron a Israel y al mundo ante la cruda realidad. Se trataba de un abuso consentido que estaba configurando la superposición de una prolongación no declarada de Israel sobre una Palestina con población árabe de miles de años de asentamiento real en su tierra.
Las incidencias de este cruce endemoniado de expolios y reivindicaciones agravaron hasta extremos indecibles el movimiento pendular de la acomodación territorial de Israel. Los acuerdos de Oslo desembocaron en la creación de la Autoridad Nacional Palestina (ANP), que no consiguió deshacer el apretado nudo de la anomalía. Los diversos procesos de negociación tuvieron resultados muy escasos. Todo acabó en la explosión desenfrenada de la violencia, el mecanismo desesperado del terrorismo y las represalias.
Pero la superioridad de la fuerza militar israelí, llevada al paroxismo por el gobierno de Sharon, no consiguió aclarar nada. E Israel se encontró cada vez más encarado a su problema de fondo. Ya en los años setenta el halcón Begin había tenido que aceptar la evacuación del Sinaí. Y el mismo Sharon creyó oportuno retirarse del sur de Líbano. Eran operaciones tácticas que parecían oportunas porque no se trataba de tierras del Israel bíblico y permitían concentrarse en la ocupación de las antiguas Judea y Samaria.
Sin embargo, la decisión unilateral de Sharon de abandonar la zona de Gaza señalaba ya en otra dirección: la previsión de futuras retiradas de Cisjordania, el núcleo sensible de las más acariciadas querencias del sionismo histórico. Supone el momento hasta ahora mayormente doloroso del reflujo del irredentismo israelí. Todavía con el intento de contenerlo en parte, de dejar lastre para conservar lo esencial. El muro de seguridad en construcción es el símbolo de un comportamiento defensivo, de enrocarse: "¡Hasta aquí! ¡Más no!". La ubicación de Israel, otra vez en crisis.
Olmert, que es y será presidente del Gobierno, ha dicho: "No podemos realizar todos nuestros sueños". Es una recomendación de realismo que sin duda la mayoría de los israelíes, cansados de vivir en pie de guerra, acepta. Pero todo se hace más borroso e imprevisible cuando el primer ministro dora la píldora con la afirmación: "Podremos conservar los grandes bloques judíos de Judea y Samaria; haremos el trazado de la barrera de seguridad de tal manera que no quedará nada fuera de ella". Y añade que espera "asegurar la perennidad del Estado de Israel en tanto que Estado judío con una clara mayoría judía". Es decir, menos dispersos, más concentrados y así más fuertes. ¿Está en juego ya el Estado judío como tal?
Olmert recuerda así al De Gaulle de los años sesenta, cuando aseguraba que retirarse de Argelia suponía fortalecer a una Francia concentrada en la tarea de desarrollarse como potencia económica, política y militar. En definitiva, es el principio de que un Israel mejor cohesionado puede contraponer al superior crecimiento demográfico de los palestinos, su gran arma para el futuro, la de un desarrollo infinitamente mayor como potencia de rango internacional, en los terrenos de la ciencia y la tecnología.
Si en el próximo gobierno entran los laboristas de Amir Peretz y el Partido de los Jubilados, a esta contrapartida puede añadirse la paz como ocasión para ocuparse del paro, la pobreza y los grandes desniveles sociales.
Estas previsiones son esperanzadoras, pero no tienen en cuenta un detalle: precisamente el miércoles pasado fue confirmado en la Autoridad Nacional Palestina el Gobierno de Hamas, organización integrista islámica responsable de muchos atentados en ciudades israelíes y que ni siquiera ha reconocido por ahora al Estado de Israel y exige la retirada a las fronteras anteriores de 1967.

Muy, muy interesantes, diversos y por sobre todo, objetivos sus análisis. Todo me encanta lo quer leo de uds. Me sirve de mucho. Quiero pedirles su punto de vista Objetivo de la dirección que toma esta parte de América Latina, en el contexto de estos cambios que nos fragmentan como unidad. Vivo en Bolivia y ... del lado del oriente. La parte que anela la libertad, el progreso y el trabajo. Bueno saben lo que pasó y lo que está pasando. La forma de sus análisis de los temas de actualidad me interesan `por eso deseo conocer su punto de vista sobre este tema. La LAtino América Fragmentada hacia donde va.., llamaría la situación actual.
Gracias por su tiempo. Carlos.
Hamas defiende toda la tierra de Israel para los palestinos, así de claro. Lo quiere todo.