El tripartito en la cuenta atrás, de Victoria Prego en El Mundo
Los continuos incidentes provocados por ERC han debilitado la resistencia del PSC al pacto con CiU - En estos momentos son cada vez menos los que apuestan porque el tripartito agote la legislatura - El presidente del Gobierno ya le ha dicho a Maragall que no lo ve de candidato y apuesta por Montilla.
«El Gobierno catalán está 'tocado', en efecto, pero lo está desde el principio. Lo que le sucede ahora le viene sucediendo desde el primer día. Y yo no sé si no estamos ya en la cuenta atrás». Este crudo reconocimiento de la realidad del tripartito procede de un alto dirigente socialista que, ya casi sin esperanza, se duele del inmenso daño causado al equipo de Maragall por sus socios republicanos. La historia de los acuerdos con ERC es ahora mismo para los socialistas catalanes, la historia de un fracaso monumental que ha herido de muerte al Gobierno. En estos momentos, la situación es tal que incluso los más renuentes a aceptar la derrota están dispuestos a admitir que lo sucedido a lo largo de los últimos dos años puede haber puesto irremediablemente al Govern en la rampa de la disolución anticipada del Parlamento y de la consiguiente convocatoria de elecciones. «¡Si es que esto es vivir un escándalo tras otro!», se lamentan.
El último de los episodios vividos es el del peaje impuesto a empleados de la Generalitat que trabajaban en consejerías dependientes de ERC, pero que no eran militantes del partido. Quienes no cotizaron fueron despedidos. Lo más llamativo de un escándalo que los líderes de ERC consideran producto de una conspiración es que Francesc Vendrell no solamente es el secretario de finanzas del partido, y el responsable, por tanto, de los cobros investigados ahora mismo por la Fiscalía; es que en estos momentos también es el presidente de la Agencia Catalana de Patrocinio y Mecenazgo. Y dado que, en opinión de sus críticos, que se consideran al mismo tiempo sus víctimas, «para ERC sus consellerías y sus departamentos son sus tros [parcelas] privados, la cosa es como para asustarse ¿no?». Estos días circula por la Generalitat un comentario vitriólico: como la consellería de Presidencia depende de ERC, ¿también Maragall estará pagando la cuota? «Pues creemos que sí, que Maragall paga, y mucho, además», añaden allí en broma.
Ese sentido patrimonial y partidista de sus parcelas de poder que practican los miembros de Esquerra Republicana se ha traducido directamente en el modo en que han gestionado los departamentos gubernamentales desde el mismísimo nacimiento del Gobierno. No fue por una rara excentricidad por lo que, cuando se constituyó el tripartito, no fue el presidente Maragall quien anunció los nombramientos sino cada uno de los partidos quienes anunciaron los nombres de sus respectivos consejeros. «Es que los nombramientos de ERC no los había decidido Maragall, sino la Ejecutiva de Esquerra.¡Hasta los nombres de sus directores generales los decidió el partido!», recuerda un diputado socialista.
Por esa razón, para que no se notara demasiado la cruda realidad, el pasado octubre los dirigentes del PSC se opusieron con uñas y dientes a que Maragall hiciera los cambios en el Gobierno que él, ingenuo, acababa de anunciar. «Lo que pasaba era que el president podía cambiar a consellers, sí, pero solamente a los socialistas. A los demás no. Y por eso nos opusimos, porque se iba a ver que él mandaba sólo en una parte del Gobierno», confiesan.
No son únicamente los socialistas: también algunos dirigentes de Iniciativa per Catalunya-Els Verds responsabilizan a Esquerra de casi todos -no de todos- los males que el Govern padece y que impiden amortizar ni uno solo de los logros del Ejecutivo catalán. Y ahora, con el Estatuto catalán recién aprobado con el no de ERC, a algunos dentro del tripartito se les ponen los pelos de punta sólo de pensar lo que pueden hacer los consejeros republicanos a la hora de la campaña del referéndum. «Es que es muy fuerte que sus responsables puedan estar pensando ahora mismo en proponer un voto nulo y editar, además, unas papeletas ad hoc estando en el Gobierno. ¡Muy fuerte!».
Todo esto está teniendo dos efectos: uno, que el Govern está definitivamente tocado porque, haga lo que haga de positivo a la hora de la gestión, queda inexorablemente tapado por los incidentes continuos provocados por ERC que han debilitado hasta la anorexia la fortaleza del tripartito. Y dos, que en algunos sectores del PSC se mira con pavor la sola idea de reeditar en el futuro el pacto con Esquerra. «Carecen por completo de cultura democrática» sentencia un socialista. «Nosotros sabíamos en su momento que las cosas eran así, pero pensamos que madurarían y se convertirían en un partido moderno. Pero llevamos dos años con ellos y están como el primer día, ¡pero con poder, que es mucho peor!», se lamenta.
Pues un dilema así no tiene más que una salida posible: que los socialistas se plieguen por fin a aceptar el pacto con CiU, exactamente el plan que Artur Mas acaricia desde hace meses con avidez. Y lo cierto es que la vieja resistencia numantina del PSC se va quebrando poco a poco tras cada golpe. «Hay días en que muchos de nosotros vemos inexorable acabar cayendo en los brazos de CiU. No nos resignamos, pero a veces parece inevitable». En el seno del partido hay ya varios sectores influyentes que están considerando esa hipótesis que, por otra parte, puede resultar políticamente suicida para los socialistas. Uno de esos sectores es el compuesto por las capas moderadas del partido, que no dan crédito a lo que están viviendo. Otro sector es el de los alcaldes. Y otro es el del sindicato UGT. «Todos ellos están ya empezando a tragar que a lo mejor hay que aguantarse y apoyar a CiU después de las próximas elecciones».
Es decir, que empieza a calar, con la ayuda impagable de las actuaciones de la izquierda republicana, la idea de que con ellos no puede volver a repetirse el calvario padecido. «Yo ya les he dicho [a los de ERC]: 'nunca os perdonaré que al final nos acabéis echando en brazos de CiU, pero no nos estáis dejando otra salida. No va a haber quien esté dispuesto a contar con vosotros'», confiesa un dirigente del PSC.
El hecho es que, con este comportamiento continuado, ERC no solamente está cavando la tumba del tripartito sino la suya propia porque puede ocurrir que, llegado el momento, nadie quiera pactar con ellos. Y, sin embargo, su principal víctima, que es Maragall, es quien podría acabar siendo su salvación última. ¿Por qué? Porque el president no quiere ni oír hablar de pactar con CiU. «Sería la evidencia de su fracaso» dice uno de sus colaboradores. Claro que también hay que tener en cuenta la opinión del presidente del Gobierno de España. Y aquí Maragall lo tiene más difícil, porque resulta que ZP tiene otro candidato.
No una, ni dos, sino tres. Tres veces, tres, le ha dicho ya Zapatero a Maragall que no lo ve de candidato a las próximas elecciones. Tres veces. Y, de las tres, por lo menos en una, Zapatero ha dado una respuesta clara a Maragall cuando le ha preguntado:
-«Entonces, ¿a quién ponemos?».
-«A Montilla», ha respondido el presidente.
-«Pero, oye, ¡que entonces Mas ganaría!», dicen que dijo el candoroso Maragall. No sabemos si el presidente le contestó algo o se limitó a sonreír en silencio. Lo que sí sabemos es que ésa es, precisamente, la cuestión. Equilicuá.
Sólo que... sólo que Montilla tampoco está ahora mismo por la labor de gobernar con CiU, aunque su actual resistencia, convenientemente masajeada por las incesantes «aportaciones» de los militantes de ERC, podría ir aflojándose poco a poco y acercándose a las opiniones de otros viejos resistentes que ya están a punto de tirar la toalla. «Yo no puedo estar seguro ahora de que podamos aguantar la legislatura», reconoce desarmado un responsable socialista, «porque, pensar que nos queda otro año y medio de Gobierno en estas condiciones... un año más de calvario... Esto no tiene salida».
Bien es verdad que dentro del tripartito los hay más optimistas, o más inasequibles al desaliento, que aún sostienen lo contrario: «CiU sabe que éste es su mejor momento, pero resulta que para nosotros es el peor. ¿Por qué vamos a convocar en el peor momento sabiendo que favoreceríamos los resultados de CiU?». Otra cosa que también es verdad, y que va a ser tenida en cuenta a la hora de rendirse o resistir es que, a los partidos de izquierda las elecciones municipales suelen darles buenos resultados. Y que los alcaldes del PSC no quieren oír hablar de elecciones autonómicas hasta que se hayan elegido los ayuntamientos.
Ahora bien, no dejemos de estar atentos a los pensamientos de algunos influyentes dirigentes del PSC que, exhaustos ya, se abandonan a soliloquios como éste: «Si yo fuera él [Maragall] convocaría la campaña del referéndum, aprobaría un nuevo presupuesto y diría a los electores: 'Yo ya he hecho el Estatuto, que ha salido bien. Hice los Juegos Olímpicos, que también salieron bien. Así que yo ya he cumplido. Ahora, que venga otro a continuar mi labor'. Y convocaría elecciones para febrero de 2007».
Si pensamientos de este tipo no significan que el Govern está moribundo, que venga Dios y lo vea. «Hombre», protesta débilmente un interlocutor que recurre al humor negro para consolarse, «el Gobierno no está muerto, está renqueante. Es verdad que lleva un tiro en la cabeza, pero sólo en uno de los hemisferios».
victoria.prego@elmundo.es
