El Ateneo Jovellanos de Gijón, consciente del delicado momento por el que atraviesan los astilleros de la bahía gijonesa, organizó hace algún tiempo un ciclo de conferencias cuyo objetivo era el analizar, en profundidad, la crisis de la construcción naval en la villa de Jovellanos que contrasta con los buenos y esplendorosos resultados de esta actividad en las instalaciones de Navia y de Figueras.

Ingenieros navales, algún sindicalista y directivos portuarios disertaron en la tribuna ateneísta y el público respondió a este ciclo de conferencias llenando el salón de actos del Ateneo fundado por Torcuato Fernández Miranda hace más de cincuenta años, teniendo que acomodarse muchos de los asistentes por los pasillos y hasta en los aledaños de la sala de disertaciones. El tema tenía gancho y en la villa gijonesa hay muy honda preocupación por esta problemática.

De entre todas las disertaciones programadas, uno esperaba con especial interés la que correspondía al ingeniero naval Álvaro Platero, director de los Astilleros Gondán de Figueras. Dijo todo lo que le parecía que tenía que decir, pero a la hora de que los muchos técnicos y expertos en la materia entrasen en el turno de preguntas el arriba firmante esperaba una pregunta en concreto que no llegó a producirse: ¿por qué los astilleros Gondán y Armón tienen cartera de pedidos a años vista, son rentables y, por tanto, constituyen empresas punteras en el occidente asturiano?

Esa pregunta no se hizo. Y nos quedamos con las ganas de saber qué contestaría nuestro buen amigo Platero. Hace bastantes años el cronista oyó por la noche en una emisora de radio que las instalaciones Gondán eran pasto de las llamas y al día siguiente, bien temprano, estaba en el astillero para recoger la oportuna información. El panorama era desolador. Hierros retorcidos y calcinados, talleres destrozados y techos hundidos e inutilizados por el fuego. Vivía aún Platero padre y parecía imposible poder sacar aquella empresa adelante después del siniestro. Álvaro, el actual director, debía de estar estudiando ingeniería naval por aquel entonces y cuando terminó los estudios se vino a Figueras a trabajar en la empresa familiar. El resultado ahí está. Gondán renació de sus cenizas y hasta ha conseguido que su astillero pueda construir barcos para la Armada española, según resolución aún reciente.

De Astilleros Armón se puede decir casi lo mismo aunque en este caso, afortunadamente, sin que hubiese incendios destructores por el medio. El caso es que ambos astilleros del occidente asturiano van viento en popa a toda vela -el tópico puede servir porque estamos con temas marítimos-, hay cientos de familias que viven del salario de unos trabajadores que no van a la huelga, que alcanzan una muy alta productividad y que, además, demuestran ser unos excelentes profesionales, puesto que los barcos que ellos construyen tienen prestigio en las flotas de todo el mundo.

Los trabajadores de los astilleros del Occidente viven ya en las villas ya en los pueblos de Navia, Luarca, Tapia, Castropol, Puerto de Vega, Coaña y Vegadeo. Muchos de ellos no han abandonado la casería y dedican los fines de semana y las horas de después de venir del tajo a atender la huerta, a cuidar unas vacas y con la ayuda de sus familias consiguen un añadido muy importante al salario que perciben en la construcción naval. Piden sus vacaciones para el tiempo de la recogida de la hierba, para la siembra de las patatas y no son de los que se marchan a Benidorm aprovechando los puentes y los acueductos que señala el calendario laboral.

Mientras ocurre todo esto, que incide muy favorablemente en la economía familiar de muchos pueblos y villas del Occidente, en la bahía gijonesa hay un rosario de lamentos, casi diarios, de lo mal que van los astilleros de Izar y de Naval Gijón. Cada cual es muy libre de defender su puesto de trabajo y su economía como mejor estime, pero así tenemos que el primero de estos astilleros citado está en venta desde hace ya algún tiempo y no acaba de tener comprador, el astillero que Duro Felguera soltó como hierro candente, y más tarde los Orejas, está en una situación tan delicada que se teme lo peor si no llega un traslado a El Musel con la consiguiente recalificación de terrenos y con el consabido pelotazo.

Es posible que si cuando vino al Ateneo Jovellanos se le hubiese hecho a Álvaro Platero la pregunta de cuál cree él que es el motivo de que los astilleros del Occidente se estén desarrollando a un ritmo vertiginoso, con cartera de pedidos a años vista, mientras que los de Gijón se hunden en la miseria, no le pareciese prudente contestar con toda sinceridad para no lesionar a compañeros y amigos del sector. Pero la clave puede que esté en algo de lo que acabamos de apuntar: productividad nula, conflictividad laboral y profesionalidad. Y no quiere esto decir que en Gijón no existan esas condiciones, pero mucho nos tememos que en el Occidente haya una cultura laboral que, al menos en este sector, marca la pauta del desarrollo de una comarca que incluso tiene que recibir, como una bofetada, la última declaración del presidente del Principado y del director general de la cosa diciendo que no es posible técnicamente construir un puerto decente en Navia para que puedan maniobrar allí esos nuevos barcos que salen de los astilleros.

En todo caso, uno no acierta a comprender cómo en la larga crisis que llevan viviendo los astilleros de la bahía gijonesa a ningún mandamás político o empresarial, o a ambos a la vez, no se les haya ocurrido pedirle al bueno de Álvaro Platero que viniese a vivir una temporada a Gijón y echase una mano dirigiendo estos astilleros en crisis para intentar sacarlos adelante. Apostamos doble contra sencillo de que lo hubiese conseguido. Pero en esto, como en otras muchas cosas, por estos predios aún predominan los localismos y el culto a ciertos santones que llevan a la construcción naval de Gijón al más absoluto desastre si es que no se reconsidera el asunto y se deciden a arrancar prácticamente de cero. Pero nos tememos que ya sea tarde para eso. Mientras tanto, siguen las disquisiciones y las listas del paro y las de prejubilaciones siguen con ritmo ascendente en el sector.