Anda metido en despedidas uno de los hombres más importantes que, tanto a título individual como familiar, ha dado la industria del kilovatio español, Iñigo Oriol Ybarra, que ayer protagonizó, junto a su sucesor al frente de Iberdrola, Ignacio Sánchez Galán, una rueda de prensa en Bilbao con algunas citas sorprendentes.

La verdad es que a estas alturas todos estamos ya curados de espantos, que basta contemplar al venerable Fraga jugando la carta centrista en el PP -bienvenido al club, don Manuel-, convertido en uno de los apoyos de Alberto Ruiz-Gallardón en la sorda pelea que halcones y palomas libran por los tejados de la calle Génova, para no sorprenderse de nada.

Porque la sorpresa en el caso de Iñigo Oriol procede del entusiasmo con que en Bilbao se ha manifestado a favor del “alto el fuego” de ETA. El eléctrico aseguró que “vemos extraordinariamente bien, como no podía ser de otra forma”, el anuncio de tregua etarra, porque “esta empresa ha sufrido el terrorismo en su propia carne”. Don Iñigo expresó también la “enorme satisfacción” que le produce el encuentro entre José Luis Rodríguez Zapatero y Mariano Rajoy, añadiendo la coda, para estar a la última en lo que lenguaje oficial se refiere, que en asunto tan espinoso “toda prudencia es poca”.

De manera que frente a la racanería que tanto pepé pata negra muestra con la tregua, la desconfianza de tanto Mayor Oreja como pulula por esos mundos de Dios, y el recelo a mogollón, Oriol, pura derecha españolista de toda la vida, cree que el alto el fuego es algo “absolutamente esperanzador”. Nadie sabe qué pensará su amigo José María Aznar cuando lea estas declaraciones.

Oriol tiene razones para alegrarse de la huelga de pistolas caídas ordenada por la dirección de la banda, que la antigua Iberduero ya pagó un alto tributo a la violencia terrorista en forma de vidas humanas en las personas de los ingenieros José María Ryan (1981) y Ángel Pascual (1982), asesinados por ETA en Lemóniz, sin olvidar los numerosos ataques sufridos por instalaciones de la empresa.

Lástima que don Iñigo añadiera una coletilla que ayer dejó traspuesta a la parroquia (“En el País Vasco se ha sufrido mucho, al igual que en el resto de España, a causa de los unos y los otros”). Lástima también que se olvidara de citar entre las víctimas de ETA a su primo Javier Ybarra y Bergé, consejero durante más de 30 años de Iberduero, e igualmente asesinado por la banda en 1977.

Alguno apuntaba ayer no sin cierta sorna que don Iñigo se ha dejado llevar por el entusiasmo del momento, porque él mejor que nadie conoce cómo se las gasta ETA y el voluntarismo que implica imaginar que ese sindicato del crimen ha decidido de pronto dejar las armas y renunciar a las exigencias políticas de la Alternativa KAS, como si por arte de magia y abrumados por sus pecados hubieran decidido de pronto hacerse buenos.

“Hay que entenderle”, me cuenta uno de sus amigos. “Para Iñigo el anuncio de tregua es una puerta abierta al sueño de intentar reverdecer en un País Vasco pacificado los laureles del apellido, enlazando directamente con lo que en aquella tierra significó el abuelo José Luis Oriol Urigüen, profundo carlista, cuya única hermana casó con Fernando Ybarra, primer marqués de Arriluce.

En el horizonte vital de Iñigo Oriol se encuentra una vida de ilustre jubilado entre su finca extremeña de Casillas, al lado de Plasencia, y su casa en el Verde, Avenida Zugazarte, antigua Avenida del Triunfo, Getxo, la mejor casa de la zona comprada precisamente a su abuelo, y el Club Marítimo del Abra, donde jugar al mus con sus amigos y contemplar los atardeceres de terciopelo del Cantábrico, y los paseos por la playa de Ereaga, y el aperitivo en Los Tamarises...

Al frente de Iberdrola, o de lo que en un futuro próximo vaya a ser Iberdrola, quedará el hombre elegido por el propio Oriol para sucederle al frente de la empresa, contra el criterio, por cierto, de la mayor parte de sus amigos. Frente a quienes venían insinuando un distanciamiento cercano a la ruptura entre ambos, a cuenta del monumental lío de la OPA de Gas Natural sobre Endesa, lo cierto y verdad es que la identificación de Oriol con la estrategia de Galán es total y absoluta. Entregadito.