La Coctelera

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29 Marzo 2006

Rajoy y Zapatero se unen para negociar con ETA, de Pablo Sebastián en Estrella Digital

Jornada histórica en el palacio de la Moncloa, donde el presidente del Gobierno, José Luis Rodríguez Zapatero, y el líder de la oposición, Mariano Rajoy, han llegado a un acuerdo para que los primeros representantes de las dos grandes formaciones políticas españolas colaboren estrechamente en favor de la negociación que permitirá el fin de la banda terrorista ETA, una vez que ambos dirigentes parecen convencidos de que el alto el fuego permanente anunciado por los terroristas tiene esta vez visos de convertirse en realidad final, o al menos y por el momento en oportunidad que merece la pena explorar.

En la base del acuerdo hallado en la Moncloa entre Zapatero y Rajoy existen dos elementos esenciales: la afirmación del presidente del Gobierno de que no hay ningún compromiso político con ETA como condición previa al alto el fuego anunciado y la confirmación por Zapatero de que tiene el convencimiento de que esta vez ETA está decidida a dejar las armas. Convencimiento que también parece compartir Rajoy, una vez oídas las explicaciones y las informaciones que confidencialmente le ha trasladado el jefe del Gobierno y que parecen ser suficientes para que ambos políticos estén seguros de que estamos ante una importante e histórica oportunidad.

No era fácil llegar a esta situación, entre otras cosas porque nadie pensaba, y todavía muchos lo dudan, que ETA iba a estar decidida a dejar las armas y a adaptarse a la vida democrática española, reconduciendo por caminos de la legalidad las que serán sin duda importantes reivindicaciones políticas. Asimismo, en España estábamos asistiendo a una ruptura permanente del consenso constitucional y del diálogo político entre los dos grandes partidos nacionales, PSOE y PP, por causas de la reforma del Estatuto catalán (problema que sigue vivo y latente) y de otras reformas políticas y sociales que afectaban al entendimiento entre los líderes del Gobierno y de la oposición. De ahí la insistencia del presidente Zapatero a la hora de decir que la recuperación de la confianza entre el PSOE y el PP será todavía un proceso largo en el que se acaba de dar un primer paso. Pero todas estas dificultades parecen por el momento superables una vez que ETA ha hecho público el comunicado, y una vez que Zapatero y Rajoy han decidido que el fin de la violencia es una cuestión de Estado y de interés general, que debe estar por encima del debate ideológico, político y territorial entre los partidos democráticos.

Para llegar a todo esto hay que reconocer que el Gobierno, y más concretamente el presidente Zapatero, ha sabido explorar, en conversaciones secretas, la voluntad de ETA de dejar las armas para reintegrarse en la vida democrática española. Y da la impresión de que se ha llegado a un acuerdo previo separando la cuestión de la violencia de las inaceptables justificaciones políticas que esgrimía la banda, y que, a partir de ahora, este sector radical del nacionalismo vasco las tendrá que presentar ante la sociedad española y vasca por vías democráticas, sin terror y sin ningún tipo de chantajes. Si esta separación entre la violencia y la política está en los pilares del acuerdo previo establecido entre el Gobierno y ETA, entonces se darán las condiciones para que se inicie una negociación oficial entre el Ejecutivo y la banda terrorista para articular el fin de la violencia, la entrega de las armas y también la situación de los presos y comandos de ETA. Y todo ello con el apoyo del Partido Popular, que visto lo ocurrido en la Moncloa estará permanentemente informado de los pasos a dar y participará con su opinión en el proceso.

Hasta aquí los datos esenciales que tenemos del importante acuerdo de Zapatero y de Rajoy para explorar el fin de ETA. Desconocemos los detalles de la conversación en la que Zapatero le ha explicado a Rajoy cuáles son los elementos que le hacen creer que la tregua anunciada por ETA es la tregua final, a la vez que le ha asegurado a Rajoy que no ha ofrecido ninguna contrapartida política (volvemos aquí a la separación de los temas de la violencia y de la política), lo que es una condición imprescindible para que el PP apoye al Gobierno en todo el procedimiento que se pondrá en marcha.

Así lo ha reconocido Rajoy en sus declaraciones, asegurando que el PP no aceptará ninguna contrapartida política para los etarras o para el País Vasco a cambio del fin de la violencia, ni tampoco sobre Navarra ni sobre la reforma del Estatuto de Guernica. Ninguno de los dos políticos ha mencionado en estas horas el debate de los presos de ETA, cuya reinserción social sí será una contrapartida política, aunque esta cuestión quedará para más adelante porque, como le ha dicho Rajoy a Zapatero, en cierta manera criticándole su estado de ansiedad, ahora todos los esfuerzos tienen que estar dedicados a verificar que la tregua de ETA es cierta y definitiva.

Asimismo, Rajoy le ha solicitado a Zapatero una reunión de la comisión de seguimiento del Pacto Antiterrorista como prueba de la recuperación de la confianza entre ambos partidos y dirigentes en la lucha contra el terrorismo, que había quedado rota en los últimos dos años. Zapatero le ha dicho que sí, que esa reunión se celebrará, pero puntualizó que quienes tienen que liderar a partir de ahora el seguimiento del proceso de fin de la violencia son el propio presidente del Gobierno y el líder de la oposición, personalmente, para poder así compartir la máxima información confidencial.

Otro de los aspectos importantes que han surgido en el encuentro de la Moncloa se refiere a la pretensión de Ibarretxe y de otros partidos vascos, incluidos los que están próximos a ETA, de abrir una negociación política paralela a la negociación sobre la violencia de ETA (las dos mesas) con el fin de reformar el Estatuto vasco y avanzar hacia un proyecto soberanista superior al del nuevo Estatuto catalán y con la pretensión del ejercicio de autodeterminación. A propósito de esto, Rajoy ha dicho que el PP no aceptará ni participará en semejante negociación paralela, y Zapatero ha dado a entender que el PSOE tampoco, aunque luego matizó que cualquier reunión que se haga dentro de la legalidad es legítima, aunque sus conclusiones y sus decisiones tienen que caber dentro del ordenamiento jurídico y constitucional.

En realidad, Rajoy le ha ofrecido a Zapatero el decidido apoyo del PP, pero le ha marcado una serie de condiciones que el presidente del Gobierno dice poder aceptar sin ningún tipo de problema, porque, como declara, no tiene compromisos previos ni políticos con ETA y con su entorno, y por tanto no hay precio político a pagar. Otra cosa es el efecto social y político de todo este proceso que ya está teniendo en el País Vasco y el ansia de protagonismo que los dirigentes del PNV y EA pretenden tener en todo este proceso, como lo ha dejado claro el lehendakari Ibarretxe, el que ordenó a la policía autónoma detener a dos etarras, suponemos que para recordarle a Zapatero que él tiene mucho que decir y que hacer en toda esta situación. Aunque Ibarretxe puede estar muy equivocado, porque seguramente antes de que se abra cualquier reforma política en el País Vasco se deberán celebrar elecciones anticipadas una vez que Batasuna recupere la legalidad. Porque es lógico que, una vez que ETA decida entregar las armas, pueda presentarse a las elecciones y participar en las instituciones democráticas como cualquier otra formación política. Y eso le interesa a ETA y a Batasuna más que la famosa mesa de Ibarretxe, porque esperan sacar del fin de la violencia contrapartidas políticas y democráticas que les permita mejorar los que hasta ahora habían sido sus resultados en las urnas del País Vasco.

No cabe duda que después del encuentro de la Moncloa Zapatero y Rajoy han iniciado juntos un camino que está preñado de riesgos y de esperanzas. Y en lo que al PP se refiere, un camino bastante difícil, porque dentro de este partido, que se considera marginado y agredido por el propio Zapatero en otros debates nacionales, permanece un ala dura, extrema e intransigente contraria a cualquier negociación con ETA. De la misma manera que en otros sectores sociales interesados en esta cuestión, como las asociaciones de víctimas o la Iglesia, también permanecen activas posiciones inmovilistas que tienen influencia sobre un sector importante del electorado del PP. De ahí la importancia del paso que ha dado Rajoy, porque aparte de ser un paso relacionado con el interés general de los españoles, es un paso valiente y decidido que lo ha de presentar ante el conjunto de los ciudadanos como un político más centrado, en un tiempo en el que el PP vivía muchas tensiones internas en las que los más radicales fomentaban la crispación. Ojalá que el acuerdo de la Moncloa sobre ETA se pudiera extrapolar a otras cuestiones del debate nacional, como la territorial. En lo que se refiere a Cataluña parece que ya es tarde, aunque queda el trámite del Senado, pero tampoco hay que desesperar. El encuentro de la Moncloa ha sido una cita muy importante para el conjunto de los españoles. Esperemos que Zapatero y Rajoy estén a la altura de las circunstancias y sobre todo que ETA no nos haya vuelto a engañar.

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